
El fin del mundo
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La aurora boreal surge en los cielos por el choque de partículas del campo magnético solar con el campo magnético de la Tierra. El color verde que se ve aquí se genera cuando esas partículas colisionan con los átomos de oxígeno de la atmósfera terrestre, a 200 kilómetros de altura. En un mundo rebosante de este gas, la tonalidad verdosa en este fenómeno es la más frecuente. Paradójicamente en este caso, el oxígeno, crucial para la vida terrestre, es lo que provoca este paisaje teñido de una inquietante luz fantasmagórica, impresión reforzada por las cruces visibles en primer plano, pertenecientes a un cementerio. Como una fantasía sobre el fin del mundo, salvo que se trata de una triste realidad: es un pueblo de Groenlandia casi totalmente aislado, solo accesible tras dos horas en barco o por helicóptero, para cuyos habitantes la atención médica es poco más que una quimera.
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