
Ariel Ardit, la voz de esos viejos tangos
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H. M. G.
La orquesta atacó los primeros compases, después se sumó la voz y al promediar ese primer tango posiblemente fuimos muchos, en un ND/Ateneo colmado, los que intuimos que aquélla sería una gran noche. La voz era la de Ariel Ardit, que ha cantado con El Arranque, Vale Tango, Rodolfo Mederos y muchos otros. En un momento alto de su carrera de solista, el cantor presentaba, el último viernes de abril, junto a una "típica" de jóvenes músicos, un homenaje a las grandes voces de la época de oro del tango, con un repertorio de verdaderas joyas de la década del 40.
Ardit canta con el corazón en la mano pero también con un claro dominio de su voz, y sobre todo con la pureza de quien sigue ligado a las cosas que nombra: las viejas calles del suburbio, los patios con glicinas, la inocente muchachita de barrio que acaba en el cabaret, el amor no dicho a tiempo y perdido para siempre. Por momentos, arrastra las palabras y las suelta con morosidad. Se diría que las quiere tanto que le cuesta dejarlas ir. Con cada imagen, en cada inflexión, va el sentimiento. Tiene un caudal envidiable y un amplio registro, pero también una textura aterciopelada que le imprime ternura y melancolía a su apasionada forma de interpretar el tango.
Acompañado por una orquesta de lujo de nueve músicos (entre ellos, el violinista Ramiro Gallo) dirigida por Andrés Linetzky (piano y arreglos), Ardit recorrió tangos como "Marionetas", "Nido gaucho", "Barrio de tango" y "Mariposita" con una unción y una entrega conmovedoras. "Cada introducción de orquestas como las de Troilo, Di Sarli, Calo, De Mare, Tanturi, me han llevado infinidad de veces a cerrar los ojos e imaginarme cantando en el lugar de Fiorentino, Floreal Ruiz, Marino, Podestá, Berón, Enrique Campos", ha dicho el joven cantor. Esta vez la noche era suya. Para la felicidad de un público que lo aplaudió de pie.
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