
Artista maldito
PAUL GAUGUIN Por David Sweetman (Paidós)-839 páginas-($ 62)
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DAVID SWEETMAN ocupa casi 800 páginas para contar la vida de Paul Gauguin, cuyo mejor resumen se halla a la altura de la 628. Refiriéndose a la mayor y postrera de sus pinturas, ¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿Adónde vamos? , escribe: "Más adelante le pondría un título que hiciese evidente incluso al más negado de los críticos, que no se trataba sino del testamento de un hombre que había vagado por continentes y culturas diferentes, cuyo pensamiento había abarcado numerosas filosofías y religiones, que había experimentado las contradicciones de un período revolucionario, que había sido unas veces rico y otras pobre, vivido en mansiones y en chozas, y que había conocido el éxtasis sexual y el fracaso más humillante".
Tal fue, en síntesis, la trayectoria terrenal del prototipo del artista maldito, desterrado de la sociedad burguesa de la era industrial, autoexiliado en un Paraíso imaginario -las islas de los mares del Sur, ya infestadas cuando él llegó, por las enfermedades del alma occidental-. Un lugar donde, sin embargo, Gauguin encontró el cauce expresivo necesario para volcar en el arte su desasosiego fundamental, el del hombre que vislumbra vidas, posibilidades, formas y colores accesibles sólo a través del ensueño y de lo que Rimbaud -su hermano del alma- definiría como "el desarreglo sistemático de los sentidos".
La tarea de Sweetman (historiador de arte, poeta y autor de una biografía de Van Gogh) ha sido exhaustiva y colosal, con la característica minuciosidad de los biógrafos de habla inglesa, que eventualmente puede fatigar al lector con la acumulación de detalles menudos. Pero se trata, sin duda, de una obra imprescindible para quien se interese por la pintura moderna y contemporánea, y a partir de la cual habrá que revisar los criterios -y los prejuicios- aplicados al solitario de Tahití, sobre todo por el afán divulgador de W. Somerset Maughan en su novela La luna y seis peniques .
Biografía de un salvaje es el subtítulo, pero bien podría también consignarse como biografía de un homosexual larvado, de un precursor de Picasso (una de las tesis del autor) y de un hombre que se labró el infortunio del que brotaría la fama que él no alcanzó a conocer. Para el lector argentino hay un dato curioso: Gauguin era biznieto del general español Pío Tristán, contra quien combatió Belgrano en su campaña del Norte. Su abuela fue Flora Tristán, célebre anarquista de la era romántica, y el pintor pasó su primera infancia en Lima. Entre los de origen europeo y los de origen tahitiano, sus descendientes suman en la actualidad más de un centenar: ninguno de ellos se llama Paul.
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