Bajo tierra, en un clic: un viaje por las galerías de arte del subte
A través de un libro digital de Sbase se pueden contemplar, sin moverse del asiento, las 450 obras que se exponen en 7 líneas
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Como arterias que discurren bajo la piel de las ciudades, las redes de subterráneos hablan de la idiosincrasia de su gente. El subte de Buenos Aires, el más antiguo de América latina, es una auténtica galería de arte bajo tierra, que reúne más de 450 intervenciones artísticas creadas en los últimos 80 años por más de 200 autores.
El conjunto abarca grandes murales, mosaicos, esculturas, pinturas e ilustraciones, originales y reproducciones, de diversas épocas y estilos, que rompen con la oscuridad de andenes y pasillos de este transporte que cada día da servicio a un millón de pasajeros.
Benito Quinquela Martín, Marta Minujín, Roberto Fontanarrosa, Francisco Solano López, Marino Santa María, Gustavo Godoy, Milo Lockett, Jacques Bedel y Carlos Páez Vilaró son solo algunos de los grandes nombres que están presentes en estos espacios. Algunos autores dejaron su impronta con creaciones realizadas antes de su muerte, mientras que otros, contemporáneos, recrean piezas emblemáticas de sus antecesores o plasman las propias.
Recorrer las 86 estaciones de la red y apreciar este legado patrimonial es posible ahora a la velocidad de un clic. De eso se trata el libro virtual Arte en el Subte de Buenos Aires, que incluye imágenes e información de las obras y una biografía de los artistas.
La publicación, promovida en el Plan de Gestión Cultural y Patrimonial de Subterráneos de Buenos Aires (Sbase), se presentará hoy, a las 19, en el hotel Hilton, donde se celebrará una exposición y los artistas firmarán dos ejemplares del libro. Disponible para descargar online (www.buenosaires.gob.ar/subte/galeria), permite al viajero desplazarse en la distancia y en el tiempo, ya que las piezas hacen referencia a distintos personajes históricos de la Argentina y a la vida de los barrios donde se emplazan las estaciones.
La línea A, la más antigua de la red, tiene obras de 40 artistas. Por ejemplo, Marta Minujín colocó imágenes de sus instalaciones en la estación Sáenz Peña, cerca de su taller, y Eugenio Cuttica plasmó en San Pedrito retratos de vecinos ilustres de Flores, como Alfonsina Storni, Baldomero Fernández Moreno y Hugo del Carril, a quien también le dedicó allí un busto el escultor Antonio Pujía. En San José de Flores, Guillermo Roux ornamentó la estación con varias obras; y, en Puan, creadores de arte urbano relizaron un homenaje al poeta, periodista y académico Paco Urondo. La estación Río de Janeiro recoge recreaciones de la obra Quinquela; Acoyte, una serie sobre educación; Castro Barros, piezas de Julio Lavallén que homenajean al boxeo (porque la estación se ubica a metros de la Federación de este deporte); Congreso, otras que rememoran el nacimiento de la patria; y Lima, obras de Godoy y una gran tira del historietista Horacio Altuna. En Piedras, hay alusiones a los cafés porteños y, en Perú, otras sobre antiguos carteles publicitarios.
La línea B, con 17 estaciones, despliega intervenciones de 91 artistas. Predominan el arte urbano y los murales cerámicos sobre los pueblos originarios y la cultura precolombina, la pampa húmeda, la jungla sudamericana, la vida en la ciudad, el tango y Carlos Gardel. Además, a través de historietas, ilustraciones y murales de reconocidos artistas, los usuarios encuentran en la estación Pasteur-Amia una invitación especial a la memoria y a la reflexión.
La C fue bautizada como La línea de los españoles, por sus obras que evocan paisajes de las ciudades más importantes de la península. Son piezas de estilo neocolonial fusionado con elementos decorativos indígenas. Esta línea, de 9 estaciones y que fue construida con capitales españoles, tiene escenas históricas sobre los primeros españoles en suelo argentino y la hermandad de los pueblos de España y Argentina. Fue la primera en incluir el muralismo, forma de expresión que luego caracterizaría a toda la red porteña. En Avenida de Mayo, se reproduce una obra de Fernando Álvarez de Sotomayor; en Independencia, hay alusiones al papel que el puerto fluvial de Buenos Aires tuvo en la conexión del imperio español con América, y, en Constitución, se reproducen en gran formato creaciones de Florencio Molina Campos, con sus características evocaciones al paisaje de la pampa.
En la Línea D, hay obras de artistas contemporáneos con referencias a los barrios y murales de la década del 30 sobre las costumbres del país. En Congreso de Tucumán, un gran mural cerámico reproduce la Cuesta de Chacabuco y la Reconquista de Buenos Aires, de Pedro Subercaseaux, recreados por Raúl de Francisco y Daniel de Francisco; y se exhiben bustos de personalidades de la historia argentina y la Alegoría a la libertad, de Juan Danna. En Juramento, un acrílico de 7 x 3,5 metros recrea el homenaje a la tripulación del Belgrano en Malvinas, de Jorge F. Schwarz; y una gigantesca obra rememora la obra del asalto de la cuarta columna argentina a Curupaity en 1866, de Cándido López. En José Hernández, el protagonismo es para Raúl Soldi, con reproducciones de bocetos de las obras que éste realizó en la cúpula del Teatro Colón y en la decoración de la Galería Santa Fe. En esta misma estación, Teodolina García Cabo y su equipo dan vida a obras de Rogelio Polesello con un enorme díptico, y una obra colectiva llena vestíbulos y andenes con gigantografías de Lionel Messi. En Ministro Carranza, el ilustrador Nik ubicó Gaturrópolis, obra con personajes del cómic, mientras que en Palermo, Milo Lockett desarrolló una intervención en columnas y en el andén central. En Plaza Italia, Marino Santa María intervino el techo, columnas y capiteles del vestíbulo con pinturas inspiradas en el jardín zoológico y el Botánico, cercanos a la estación; y Constantino Yuste recreó en un mural cerámico las obras Trabajo en el puerto de Buenos Aires y La descarga de los convoyes, de Quinquela. En Bulnes, se ven recreaciones de las obras de Alfredo Guido sobre la arqueología diaguita, los valles, Tucumán o la zafra de la caña; en Agüero, se despliega un mural en techo y paredes de Diego Gómez Pola; en Pueyrredón, destaca un retrato de Gustavo Reinoso sobre la ciudad, y, en Tribunales, se ubica la pieza Alegoría Ópera Bomarzo de Ginastera, de Juan Danna. En Catedral, Martin Ron cubrió los muros y el techo con un cielo con nubes en técnicas tridimensionales.

En las 15 estaciones de la línea E hay murales, acrílicos, stencils, cerámicos y hasta pintura con vino tinto. A sus históricos murales, que representan algunos de los principales hitos de la historia argentina y paisajes típicos del país, artistas contemporáneos le sumaron una impronta moderna, con técnicas innovadoras y referencias a la vida cotidiana, imágenes de la naturaleza y el dinamismo del subte bajo la ciudad.
En la más nueva de todas, la H, el recuerdo de inolvidables cantantes, músicos y compositores que revolucionaron para siempre el 2x4 hizo que este espacio fuese declarado "paseo turístico-cultural subterráneo del tango". Están Discépolo, Piazzolla y una Tita Merello que el muralista Martín Ron estampó en la boca de un túnel. Él firma también una obra en la estación central del Premetro, creada en conjunto con Jaquelina Abraham y Juan Danna.
Sbase es la promotora de la recuperación de los antiguos murales del subte porteño y de la incorporación de nuevas obras en la red. Cada año, se encarga de la conservación y puesta en valor de los murales cerámicos de la red. En estos momentos, avanza en la restauración del mural El mundo de Mafalda, una tira de historieta entera, de Quino, que recorre varios metros en la combinación de las líneas A y D.
“Apostamos al arte como medio de construcción de la identidad ciudadana y, por eso, incorporamos intervenciones en todas las estaciones, que permiten a nuestros usuarios enriquecer su experiencia de viaje”, señala Juan Pablo Piccardo, presidente de Sbase.
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