Borges y Bioy, una amistad que cambió la literatura del país
La colección permite descubrir semejanzas y diferencias de dos grandes escritores
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La publicación de la Biblioteca Esencial Borges-Bioy Casares, que hoy se inicia, es un hecho cultural de primera importancia. Los veinte títulos de la serie representan lo mejor de la producción de los dos grandes escritores argentinos. y ponen de manifiesto cuáles son las semejanzas y las diferencias en las obras de ambos amigos.
En 1998, doce años después de la muerte de Borges, el Suplemento Cultura de LA NACION realizó una encuesta entre los autores del país para saber cuáles eran, según ellos, los cinco mejores libros del siglo XX. Entre los encuestados se encontraba Adolfo Bioy Casares. Su lista estaba integrada por "La conciencia de Zeno", de Italo Svevo; "En busca del tiempo perdido", de Marcel Proust; "El proceso", de Franz Kafka; "El corazón de las tinieblas", de Joseph Conrad, y "El gatopardo", del príncipe Giuseppe Tomasi di Lampedusa. De esa selección, Borges, probablemente, sólo habría aprobado los títulos de Kafka y de Conrad. Esas dos novelas ilustran muchos de los rasgos que compartían las estéticas de Borges y de Bioy. En cambio, Svevo, Proust y Tomasi di Lampedusa estaban muy lejos de la sensibilidad borgeana. Naturalmente esas preferencias no dejaron de tener consecuencias en los libros que Borges y Bioy escribieron.
Mientras que éste, como autor, podía internarse con un tacto clásico en los vericuetos psicológicos de un personaje, Borges no sentía ninguna inclinación por ese tipo de derivaciones y detestaba que sometieran sus obras a interpretaciones psicologistas (un rechazo que Bioy también compartía). El mundo cotidiano entraba más fácilmente en las novelas y en los cuentos de Bioy, que estuvo siempre atento a ciertos giros de la expresión coloquial, como puede apreciarse no sólo en sus cuentos sino en el "Diccionario de un argentino exquisito".
El hecho de que Bioy eligiera "El gatopardo" como una de sus lecturas favoritas suscita conjeturas. ¿Qué le habrá interesado en ese retrato de un gran señor siciliano de mediados del siglo XX? ¿Habrá encontrado alguna semejanza con su propia vida? Bioy, como el príncipe de Salina, el protagonista de "El gatopardo", asistió durante su vida a la decadencia social y política de la clase a la que pertenecía. La reflexión sobre el tiempo y la irrealidad aparece en Bioy más "contaminada" de elementos banales que en Borges. En éste, abundan las teorías filosóficas expuestas como si se tratara de aventuras; la metáfora es la columna vertebral de la expresión y, más aún, del pensamiento, pero lo que prima es el hallazgo verbal capaz de producir un cambio de sentido perturbador en las cosas más acostumbradas. Quien sigue con cuidado las clasificaciones de Borges, sus enumeraciones caóticas, descubre, como lo hizo Michel Foucault, un cuestionamiento profundo de todo lo aceptado. Ese hombre de gestos torpes, educados y corteses, que caminaba por Florida en los años 60, era algo así como una granada sin espoleta, el secreto más inquietante de la ciudad.
La amistad con Bioy lo ayudó a sobrellevar y a disimular la originalidad de su estilo. La prosa de Bioy no tiene el carácter definitivo, casi deliberadamente inmortal de Borges. Seduce sin ningún rebuscamiento, inadvertidamente. Borges llegó a decir que Bioy lo ayudó a despojarse de barroquismo y a adoptar la sencillez y la claridad clásicas.
Durante más de treinta años Borges fue a comer a casa de Bioy Casares y de la esposa de éste, Silvina Ocampo. Ese trío produjo la memorable "Antología de la literatura fantástica". Los tres estaban unidos por una serie de tensiones, de simpatías y de antipatías, que resultaron fecundas para cada uno de ellos. A pesar de esa frecuentación cotidiana, preservaron el carácter, por momentos opuesto, de sus obras personales: una verdadera hazaña si uno piensa en los epígonos que los asediaban. Con sus relatos, Borges y Bioy crearon mundos de una riqueza imaginativa inagotable y "cepillaron" el español. Los lectores que se internen por primera vez, o para releerlos, en los libros de la Biblioteca Esencial Borges-Bioy podrán seguir tras las narraciones de ambos una confidencia en clave: la historia secreta de una amistad que cambió la literatura del país, así como la sensibilidad y el idioma de los argentinos.





