
Ciencia de los signos
EL GIRO SEMIOTICO Por Paolo Fabbri (Gedisa)-159 páginas-($ 19)
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En El giro semiótico , Paolo Fabbri analiza la situación de una disciplina que tuvo un gran impulso en los años sesenta y setenta y que ahora, no obstante el éxito universitario de la "ciencia de la comunicación", aparece en crisis, privada de vigor teórico.
La semiótica se ha vuelto inactual a pesar de que aparece en plena evolución, como lo demuestran los trabajos de Eco, Fontanille, Coquet, Geninasca y Lotman. El problema, para Fabbri, no es el agotamiento de sus posibilidades, sino la ausencia de un debate que permita el asentamiento de un paradigma teórico. Entre las causas de esa incapacidad, que son múltiples, están los cambios de episteme (del estructuralismo al cognitivismo) y las nuevas corrientes filosóficas (de la filosofía analítica a la nueva fenomenología).
El libro, que recoge las clases impartidas en la Universidad de Palermo, en 1996, se inicia recordando que en los comienzos la disciplina era la semiología, representada por Roland Barthes. Para el autor de Elementos de semiología , la ciencia de los signos era una forma de crítica de las connotaciones ideológicas, sobre la base de una translingüística (una lingüística capaz de hablar no sólo de la lengua sino de otros sistemas de signos).
Quedaba sin discutir la idea humanística de la lengua como único sistema supremo de signos capaces de traducir todos los otros. De esa manera, la semiología barthesiana se disolvió por la misma razón por la que había tenido fortuna: no poner en discusión las propias bases filosóficas, resolviéndose en una estéril recuperación de la retórica antigua.
Mientras la semiología se disolvía en las artes liberales, se consolidaba un segundo paradigma semiótico, representado por Umberto Eco. Contra la herencia lingüística saussuriana y la translingüística barthesiana, Eco valorizó la tradición inaugurada por Charles Sanders Pierce. En esta línea, instauró varias estrategias fundamentales para la investigación semiótica: la clasificación de los signos sobre una base combinatoria, el estudio de los modos de reenvío de los signos y la historia de la semiótica desde su origen filosófico.
A partir de allí, la posibilidad de progreso en la disciplina presenta algunos límites. Entre ellos, el hecho de que la noción de signo haya quedado ligada a algo sustancialmente parecido al sistema del léxico (signo = palabra). Desde esa perspectiva, la semiótica vuelve a ser una semiología, en el sentido de una lexicografía. Para superar ese problema, Fabbri propone la idea del "giro semiótico": abandonar la obsesión por la descomposición del objeto en "unidades mínimas" y la idea del lenguaje modelado sobre la escritura.
Más que representación o conocimiento, para el semiótico, el lenguaje es narratividad, acción y pasión. A través de esa dinámica se instauran, se desarrollan y se transforman los sistemas de signos y los procesos del sentido.
La novedad de la semiótica actual, señala Fabbri, es la insistencia en el hecho de que los actos lingüísticos y de signos están siempre relacionados, como decía Descartes, "con sus efectos sobre el otro, es decir, con las pasiones". Sobre esta base, la semiótica se puede pensar, más allá de las "representaciones conceptuales", desde el punto de vista de los "actos de sentido" que se cometen no sólo con palabras sino con gestos, movimientos, sistemas de luz, procesos musicales, etcétera.
El "giro" de Fabbri reintroduce en el signo todo lo que se denegaba en la primera forma del concepto: el cuerpo, la afectividad, la acción, la pasión. En esa recuperación de la corporeidad es posible encontrar a Merleau-Ponty, un filósofo estimado por el semiótico.
Paolo Fabbri (¿Paolo de Rímini, abax agraphicus , en El nombre de la rosa , de Umberto Eco?) es catedrático de Semiótica del arte en el DAMS de Bolonia.




