
Claves para elegir un posgrado
No es aconsejable guiarse sólo por las demandas del mercado, sino pensar en el rumbo que se quiere dar a la profesión
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Muchas de las personas que se inscriben en un posgrado no se preguntan para qué lo están haciendo, ni reflexionan demasiado sobre la conveniencia de lo que están eligiendo. Es un primer error que puede costar caro, en dinero y en esfuerzo intelectual.
Movidos por la necesidad de conservar el empleo, mejorar las posibilidades de conseguir uno, o porque se acepta sin discutir que el título ya no alcanza, casi ningún universitario duda de la conveniencia de continuar estudiando después del diploma de grado.
Más aún, la crisis está empujando a muchos profesionales a usar con esfuerzo los pocos recursos disponibles –en la medida en que no estén afectados por el corralito– para redefinir su formación. Decidir a qué posgrado dedicar el tiempo y el dinero –a diferencia de las carreras de grado, en posgrado no hay opciones gratuitas– es una tarea complicada.
Implica, para empezar, enfrentarse a una oferta de cursos, especializaciones, maestrías y doctorados que se multiplica y alcanza a todas las áreas; que permite realizar cursadas convencionales, a distancia o combinadas; sobre temáticas generales o bien específicas; con duraciones que van desde algunos meses hasta varios años; con condiciones de aprobación que varían desde la sola asistencia o un trabajo final hasta una tesis con años de elaboración.
Desde mediados de la década del noventa, la cantidad de posgrados se triplicó en el país, sobre todo en las áreas de ciencias sociales y económicas, y su dictado se convirtió en una de las fuentes de recursos más rentables para las universidades, tanto estatales como privadas.
Según cifras oficiales, hoy hay casi 1600 ofertas de formación para los graduados universitarios, que cursan unas 32.000 personas. El 80% lo hace en instituciones públicas y el 20% en privadas.
¿Cómo guiarse, entonces, en un mercado superpoblado de ofertas?
La primera clave, dicen los especialistas, es estrategia. “La idea central es ver hacia dónde se quiere apuntar en la vida profesional, independientemente del lugar en el que uno esté trabajando, o en el área en que se haya formado. Hay que ver qué competencias se piden en el puesto en que a uno le gustaría tener dentro de dos años y tratar de adquirirlas”, dijo el vicerrector de Posgrado de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), Daniel Gómez. Allí hay unos 700 estudiantes de posgrado.
Lo que pide el mercado, entonces, debe ir después de lo que “le sirve a cada uno como persona”. “El posgrado debe servir para otorgar perspectiva sobre la actividad profesional, un espacio de crítica, cierta distancia con el trabajo cotidiano, que en general anula esta posibilidad de análisis crítico sobre lo que uno hace”, apuntó, por su parte, Ricardo Domínguez, coordinador general de posgrados de la Universidad de Belgrano (UB), que cuenta con unos 650 alumnos en 28 carreras de posgrado de diverso tipo.
“Hoy vemos una tendencia a la profesionalización del posgrado. En el grado hay que formar gente que sepa pensar y enfrentar problemas, mientras el posgrado es el lugar de la actualización permanente y profesional”, resumió Alberto Pochettino, que dirige la Escuela de Posgrado de la Universidad Nacional de General San Martín, donde cursan 900 estudiantes.
Una vez fijado el objetivo que se busca, hay que avanzar hacia lo más concreto: qué tipo de posgrado conviene encarar.
“Si se quiere actualización sobre el estado del arte en una disciplina conviene un curso de posgrado corto y específico –aconsejó Gómez–. Si se busca formación profesional en un grado más elevado al que se tiene, es recomendable elegir una maestría, y si se busca formación como investigador o académico, un doctorado.”
Con las posibilidades acotadas, entonces, una herramienta útil para orientarse la constituyen las evaluaciones realizadas por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau), que lleva analizados más de 1345 carreras de posgrado –cerca del 85% del total–, que se presentaron voluntariamente. De ellos, el 73% fue acreditado, es decir, alcanzó un certificado de calidad.
Mediante esos datos, es posible dibujar un panorama de los posgrados en el país. La mayor parte son especializaciones (46%), seguidas por las maestrías (38%) y los doctorados (16%). Las ciencias biomédicas concentran la mayor parte de esas carreras (33%), debido a las numerosas especializaciones médicas, seguidas por las ciencias sociales y humanas (20%) y la economía y administración (12%).
Seriedad y vínculos
La seriedad y experiencia de la institución que ofrece el posgrado son un criterio por tener en cuenta, seguido por la calidad de su plantel docente. “La relación que se establece en el posgrado entre docentes y alumnos es distinta a la del grado. Los *alumnos son adultos, profesionales con ideas propias; el posgrado debe incluir un seguimiento personalizado”, apuntó Domínguez.
La vinculación internacional de la carrera es otro punto al que hay que prestar atención. Ultimamente está creciendo la oferta y la demanda de dobles titulaciones, es decir, posgrados dictados juntamente con universidades extranjeras, con el atractivo de que se cursan en el país –en parte o en su totalidad–, pero dan un diploma válido en el exterior.
“Más allá de un doble título, una universidad con vínculos internacionales proporciona una mirada más global y acceso a un código de comunicación mundial que hoy es imprescindible”, dijo Domínguez.
Se recomienda, además, que el programa de estudios sea flexible; es decir, que permita la elección personal de cursos en la medida de lo posible, en una oferta que incluya hasta los de otros posgrados de la misma institución.
Por último, a ofertas de igual calidad, suele ganar la que brinda mejores posibilidades de financiación. “No debería ser el primer criterio por considerar, pero las universidades tratan de captar alumnos con mejores posibilidades de financiación”, dijo Pochettino.
Para tener idea de costos, en la UB un MBA en Dirección Estratégica cuesta 20 cuotas de $ 690; una especialización en Derecho Administrativo sale 12 cuotas de $ 360; el doctorado en Sociología cuesta 20 cuotas de $ 300 y una maestría en Agronegocios, 20 cuotas de $ 500.
En la Universidad Nacional de Quilmes los cursos de perfeccionamiento están entre $ 30 y $ 100; el costo del doctorado es de $ 4000 y dura cuatro años y la Maestría en Ciencia, Tecnología y Sociedad sale 20 cuotas de $ 150 en su modalidad presencial (un total de $ 3000) y $ 250 por mes en la modalidad a distancia (no tiene un monto fijo total, depende de cuánto se tarde en cursarla).
Las maestrías en la Universidad Nacional de General San Martín tienen un costo total de entre $ 3000 y $ 3600, por dos años de estudio, que se pagan en cuotas.
Mil razones
Las motivaciones que acercan a los profesionales a los posgrados suelen ser laborales en un mundo que pide conocimientos nuevos pero retacea las posibilidades de aplicarlos.
“Muchos vienen porque necesitan el máster para mantenerse o ascender en una empresa; son los que más abandonan. Otros son los recién recibidos, que son los mejores alumnos pero les cuesta relacionarse con sus compañeros con más experiencia”, describió Domínguez.
Están también los que buscan un posgrado para retomar intereses descartados a la hora de elegir la carrera por ser poco rentables –típico en las ciencias sociales–; o los que hacen el camino inverso y, desde una profesión que no resulta económicamente tan beneficiosa, buscan reconvertirse usando el posgrado como atajo. Como los psicólogos, que se vuelcan a la psicología organizacional o los ingenieros que estudian gestión de empresas.
“Pero también están los que buscan la formación por la formación misma y eso es auspicioso”, concluyó Gómez.
En cifras
En la UBA: según el último censo de estudiantes de la UBA, hay 8809 alumnos de posgrado en esa institución. El número más alto está en Medicina, con 3093, seguida por Derecho, con 900.
Más jóvenes: la mayor parte tiene entre 25 y 29 años, lo que marca un descenso con lo que ocurría hace una década, cuando el promedio de edad superaba claramente los 30 años.
Mayoría: las mujeres son mayoría en varias disciplinas, como Psicología (82%), Filosofía y Letras (79%) y Farmacia y Bioquímica (78%).
Por disciplina: las ciencias de la salud agrupan el 41,4% de los estudiantes de posgrado, seguidas por las ciencias sociales, con el 15,2%.
Un espacio crítico y personal
Estar convencido: no sirve embarcarse en el esfuerzo intelectual y material que supone un posgrado sólo para mantener un puesto de trabajo. El contenido de la carrera elegida debe satisfacer en lo personal.
Elegir con estrategia: pensar qué conocimientos será necesario tener para alcanzar los propios objetivos profesionales.
Analizar la oferta: tener claros los tipos de posgrados existentes, sus requerimientos y el perfil que buscan formar.
Seguridad: considerar la seriedad y experiencia de una institución, que garantice, además, su solidez financiera.
Profesores: asegurarse de que el plantel docente sea reconocido en su área y que se ofrezca una relación personalizada con los profesores.
Ruta propia: inclinarse por un plan de estudios actualizado y flexible, que permita la mayor personalización del programa según los propios intereses. No buscar contenidos que resulten conocidos es conveniente; abrirse a las novedades.
Recursos: buscar instituciones que ofrezcan acceso a bibliografía actualizada, a Internet y a bases de datos.
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