
Una mirada a Clorindo Testa en su propia casa
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Un lienzo en blanco invita al artista a aplicar sus trazos y colores, de la misma manera que un espacio vacío en algún rincón de la ciudad incita al arquitecto a colocar el primer ladrillo. Clorindo Testa siempre tuvo esta doble motivación. Sus dibujos, sus pinturas y sus edificios fueron concebidos paralelamente desde los años 50, cuando regresó de una beca en Europa tras recibirse de arquitecto en la Universidad de Buenos Aires. A 95 años de su nacimiento y cinco de su muerte, el Museo Nacional de Bellas Artes le rinde tributo con la muestra titulada "Esta es mi casa", que permanecerá abierta hasta el 17 de febrero.

Arquitecto con pincel en mano y artista del urbanismo, Testa establece puentes entre una y otra disciplina. Las 33 obras de esta exposición reflejan el diálogo apasionante y revolucionario de un creador obsesivo, nacido en Italia en 1923. Son pinturas, dibujos e instalaciones realizadas a partir de 1968.
Con crítica y humor, dos componentes que se suman y hacen síntesis en "Serie de la vida en la ciudad", Testa interpela a la humanidad atrapada en un departamento, desde el que imagina una vida mejor. Los ruidos, la luz escasa, el hacinamiento, la contaminación, la polución, son algunos de los tópicos que más lo inquietaban.
Andrés Duprat, director de MNBA, expresa: "Nada era ajeno a sus intereses: tenía la capacidad de conectar problemas aparentemente disímiles del mundo de la arquitectura, del urbanismo y de las artes plásticas, con una visión abarcativa y heterodoxa", y agrega: "Consiguió como pocos una voz propia y única en todos los campos que abordó".

Como referente de su generación, Testa deja una obra vasta. En paralelo al diseño de edificios emblemáticos porteños, como la sede central del ex Banco de Londres (actual Hipotecario) o la Biblioteca Nacional, construyó también en etapas su obra artística. Su primera exposición individual data de 1952, cuando presentó en la galería Van Riel obras ligadas a la figuración. Ya a mediados de los años 50, se inclinó por la abstracción libre y, entre 1960 y 1965, fue parte del informalismo y trabajó solo con blancos, negros y grises. En los años 70 recobró el color y una figuración que aparecen desde la arquitectura para indagar sobre la ecológica y la humanidad, con ironía y humor.
Hacedor incansable, Testa puso el foco en la vida en la ciudad, como buen arquitecto que fue, y ahondó en los desacuerdos de esa vida, en los problemas cotidianos que desde el arte buscó resolver. Las consecuencias de las pestes, los mitos de la historia americana y argentina que se cruzan con sus recuerdos y vivencias para dar forma a un legado plástico sin igual. Clorindo Testa: las puertas de su casa están abiertas invitándonos a pasar.
Hasta el 17 de febrero en Museo Nacional de Bellas Artes


