
Cómo afrontar el primer día del jardín
Un inicio de clases que genera ansiedad
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Ya dijo sus primeras palabras, ya camina, ya dejó de usar pañales... Tiene dos, tres, cuatro años. Llegó la hora de llevarlo al jardín de infantes. Dejarlo en el jardín de infantes. "Dejarlo solo."
Es, sin duda, una buena noticia, síntoma del sano crecimiento de nuestros hijos. Pero, al mismo tiempo, para muchos padres puede ser casi una pesadilla que se sueña en estos días de inicio de clases. Dejarlo en el jardín, por varias horas, tan chiquito, lejos de la mirada de la mamá y del papá suena difícil, pero no necesariamente tiene que ser traumático.
Por empezar, existe lo que se llama "período de adaptación", cuyas características suelen ser tan variadas como las de cada chico que inicia el jardín. Y además se puede echar mano a montones de consejos que ofrecen especialistas en el tema. Como por ejemplo:
- En primer término, los padres no deben demostrar a sus hijos la ansiedad o preocupación que les puede generar el dejarlos solos por primera vez. "No es conveniente que los hijos vean nerviosos a sus padres", explica Noemí Aizencang, psicopedagoga de la escuela Marc Chagall, a LA NACION.
- Elegir bien y a conciencia el jardín de infantes. El indicado es aquel que comulga con la filosofía e ideología del hogar.
"No es suficiente elegir una escuela limpia, confortable, que garantice que el chico estará bien cuidado -advierte Sandra Alegre, una de las directoras de la escuela Nuestro Lugar de Saavedra-. Los padres tienen que poder compartir con los docentes sus ideas y proyectos de vida, y que éstas de algún modo coincidan con el ideario del jardín. Si no, inevitablemente habrá tironeos entre la escuela y el hogar que perjudicarán al chico, que queda atrapado en el medio".
- Dialogar con confianza con los directivos sobre las inquietudes, dudas que puedan tener, por más que puedan parecer sonzas.
- Proporcionar a los docentes la mayor cantidad de información posible sobre sus hijos (cómo se los nombra de manera cariñosa, qué sienten ante determinadas situaciones).
- Evitar cambios bruscos durante los días previos al inicio de clases. Por ejemplo, las mudanzas, o quitarle los pañales, si el chico de dos años, por ejemplo, aún los usa.
Acompañar, no imponer
Con respecto al período de adaptación propiamente dicho, los especialistas indican que por lo general es conveniente que los padres acompañen a sus hijos durante los diez primeros días aproximadamente y se queden unas horas en clase. Poco a poco, los padres deben ir retirándose y dejando al chico solo. "Lo importante es que estén disponibles si su hijo está demasiado angustiado y puedan venir a la escuela", señaló Alegre.
Más recomendaciones:
- Intentar que sea un solo familiar el que esté presente durante el período de adaptación, sea la madre, el padre o la abuela. Esto facilita la tarea al docente.
- No interrumpir el período de adaptación porque presienten que su hijo sufre. "Es importante aguantar las partes difíciles del proceso. Los miedos suelen aparecer cuando hay que enfrentar situaciones nuevas y hay que enseñarles a atravesarlas y superarlas. Esto generará confianza en ellos mismos", aclara una de las directoras.
- Respetar las pautas que pone la maestra sobre el tiempo que deben quedarse los padres.
"Es importante que los papás deleguen su capacidad de ser referencia única para sus hijos", apunta Alegre.
"El período de adaptación lo conduce la maestra. Y los mayores deben colaborar con sus pedidos", agrega Noemí Aizencang, docente de la escuela Marc Chagall.
- Ser pacientes y entender que la adaptación es un proceso variado, corto o largo, según cada chico. Lleva su tiempo adaptarse a nuevos espacios, horarios y vínculos.
"Siempre es difícil para los niños dejar de ser centro de su hogar y pasar a ser uno más en un grupo de pares. Necesitan tiempo para acomodarse", dice Aizencang.
- Entender que habrá días buenos y otros malos. Saber esperar.
- Discriminar entre un capricho momentáneo o un rechazo y una incapacidad de adaptación del niño al grupo que le tocó en su jardín.
- Nunca mentirles ni escaparse sin que ellos se den cuenta. Esto les genera inseguridad. Es mejor explicarles que sus padres se irán y volverán a tal o cual hora.
"En este caso pueden ponerles ejemplos de la vida cotidiana, como: mamá va a buscarte para tomar el té juntos", agrega Daiana Oteiza, ex directora de jardín de infantes que actualmente colabora en un proyecto de investigación de la Universidad de San Andrés.
- Ayudar a que el chico de dos o tres años vaya adquiriendo autonomía.
"No es aconsejable que los padres lleven alzados a sus hijos o que carguen sus mochilas por ellos. Los chicos deben acostumbrarse a hacerlo solos", subraya Gabriela Real, vicedirectora del jardín de infantes N° 913 de Avellaneda.
También los días previos
Podría decirse, además, que la adaptación comienza durante los días previos al inicio de clase. En este caso, los consejos giran en torno de:
- Entusiasmarlos con la idea de ir al jardín, un lugar donde podrán jugar, donde se leerán cuentos. Anticiparles también la rutina de los horarios.
- Ayudarlos a crear un cierto orden en sus vidas. "Es conveniente acostarlos temprano una semana antes de comenzar las clases. Si el cambio es muy abrupto, lloran, van al jardín sin ganas y con sueño", comenta Oteiza.
- En algunos casos llevarlos a conocer el jardín y a las maestras antes de empezar las clases, para que les resulte familiar luego su nuevo ambiente y para que la maestra pueda identificarlos con su nombre. Esto reconforta a los chicos, porque se sienten reconocidos.
Pero, por sobre todos los consejos, los especialistas dicen que la clave de una buena adaptación se resume en dos palabras: tranquilidad y confianza, sabiendo que la enorme mayoría de los chicos finalmente se adapta.




