Con “The Bunnyman”, un guardián mitad humano y mitad conejo, Johnny Depp debuta como escultor en la Feria de Estambul
La estrella de Hollywood exhibe en el encuentro de arte contemporáneo su primer trabajo a gran escala: está inspirado en un dibujo que hizo su hijo Jack cuando era chico
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ESTAMBUL.- Lo primero que llama la atención al llegar a la feria Contemporary Istanbul (CI21), ubicada en el histórico distrito de Tersane, en la ciudad turca, es la escultura de dos metros en bronce blanco creada por el actor Johnny Depp. The Bunnyman, un guardián mitad humano y mitad conejo, se exhibe al aire libre durante el encuentro de arte contemporáneo de Estambul. Antes de hacer pie en la feria, se exhibió en el Museo de Arte Moderno de Shanghai (en Pudong New Area). Esta es la segunda vez que se muestra.
Un dibujo de Jack Depp (ahora de 24 años, nacido en Neuilly-sur-Seine, Francia), cuando tenía unos cinco años, fue la fuente de inspiración de la primera escultura que presenta su padre, que ya había exhibido hace unos años su faceta de artista visual con pinturas. La figura escultórica representa una criatura híbrida, entre hombre y conejo, concebida como una suerte de guardián que sostiene una espada. Para Depp, la figura está ligada a un imaginario personal: evoca un sueño recurrente de su infancia y, al mismo tiempo, recupera un personaje que ya había aparecido en sus dibujos, pinturas y grabados.

La imagen de The Bunnyman no es, por lo tanto, una aparición aislada en su producción artística. En su Instagram pueden encontrarse distintas versiones del personaje, entre ellas un grafiti (se ve al actor de espaldas realizándolo) donde reaparece aquel trazo esquemático que funciona como antecedente directo de la escultura.
Clásicos y emergentes
La 21ª edición de Contemporary Istanbul reúne bajo un mismo techo a galerías consolidadas e iniciativas emergentes, junto con artistas, coleccionistas y profesionales del arte de Turquía y de todo el mundo. A través de sus secciones Focus Asia, Newcomers y New Grounds, la feria pone de relieve hasta el domingo su alcance internacional y sus crecientes vínculos con nuevas geografías artísticas.
A orillas del Cuerno de Oro, un antiguo astillero otomano se convirtió en un punto de encuentro único del circuito artístico internacional. Este año, la feria convocó a 70 galerías de 16 países, 736 artistas y 1372 obras. El programa VIP recibe en Estambul a 1430 invitados de 37 países y representantes de 148 instituciones.
Ali Güreli, presidente y fundador de la feria, sostuvo en la conferencia de prensa, ante periodistas de todo el mundo, que “este año el foco estuvo puesto en Asia, un gran desafío”. Para el presidente de la fundación, “el futuro del mercado del arte no estará determinado únicamente por dónde se vendan más obras, sino por dónde confluyan artistas, galerías, coleccionistas e ideas: allí reside la fortaleza de Estambul”.
En el espacio de la galería Takato Kano, de Tokio, hay dos esculturas (con sus conocidas calabazas con lunares hechas con arcilla, papeles de diarios y telas) y una serie de pinturas de Yayoi Kusama, la artista reconocida internacionalmente, fallecida en agosto pasado. Una de las calabazas ya se vendió y la otra cuesta 770 mil dólares. La artista, que durante casi dos años vivió en la casa de un poeta de haikus, se sintió atraída por el “sólido equilibrio espiritual” de las calabazas y comenzó a pintarlas en cuadros realistas. Se internó en un psiquiátrico, donde vivió casi toda su vida para dedicarse exhaustivamente al arte. “Si en medio de esta sociedad inundada de mentiras y de locura has conseguido aproximarte un solo paso más al impresionante resplandor de tu propia vida, la huella que dejarás es la de alguien que ha vivido realmente como un ser humano”, escribió la artista a modo de consejo en su autobiografía.
Como un organismo vivo, una instalación impactante captura la mirada de los visitantes. El material se mueve, palpita suavemente. Estamos frente a Sail of Light (2026), de Chisato Matsumoto. Con la técnica tradicional japonesa de teñido shibori, usa además tela, hilo, cuerda, madera contrachapada, poleas de cuero, motores eléctricos, iluminación LED, herrajes de acero y un sistema de suspensión para crear esta pieza monumental (10 x 20 x 10 metros). Es una obra de gran escala que combina el shibori tradicional japonés con un sistema mecánico y luz, de modo que el textil se convierte también en una estructura espacial y dinámica. Al acercarse el espectador se encuentra con una extraña criatura.
En la galería Dirimart, con sedes en Estambul y Londres, se presentan piezas del artista suizo Ugo Rondinone, que combina piedra y pintura. Su estilo mezcla el land art y el arte pop de los años ochenta, con formas arcaicas y elementos coloridos. Se presentan también varias piezas magnéticas de Tony Cragg, una de 400 mil dólares y otra de más de un millón de dólares. La escultura en madera de Cragg está hecha con 20 capas de madera contrachapada, tallada y barnizada. Hay también una luminosa pieza de acero inoxidable. Desde distintos ángulos parece mostrar varios rostros y figuras en movimiento.
Hay obras del artista chileno Alfredo Jaar en el espacio de la galería portuguesa Francisco Fino. La obra Hiroshima, Nagasaki, Fukushima, de Alfredo Jaar, registra las fechas y horas exactas de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki y del desastre nuclear de Fukushima. La pieza reflexiona sobre el impacto de las catástrofes, la fragilidad de las infraestructuras y la vulnerabilidad humana.
La obra Tú, yo y los demás no tiene un lado específico, porque puede verse por ambas caras. La única palabra que permanece siempre en el mismo lugar es “yo” (está hecha con un espejo, mientras que las otras no reflejan la imagen del espectador). También se presenta la obra Culture Equals Capital (“La cultura equivale al capital”). La frase sugiere que la cultura también puede ser una forma de capital, especialmente en una sociedad centrada en las finanzas.
Entre el control y el azar
Ingresar a la instalación Symbiosis es una experiencia única. La obra de A.A. Murakami, que reúne elementos físicos transitorios con el enfoque de ingeniería de BMW, invita al espectador a tocar unas extrañas burbujas que parecen de cristal. Cuando uno las roza, se transforman en humo.
Las formas escultóricas y las formas creadas mediante ingeniería se combinan con elementos efímeros como la luz, la niebla y las burbujas. A medida que intervienen el flujo de aire, la temperatura y la gravedad, el proceso iniciado por la tecnología adquiere cada vez un carácter visual diferente. La instalación se presentó por primera vez en junio, en el marco de Art Basel en Basilea, en el BMW Lounge, como una experiencia inmersiva.
El recorrido de esculturas Contemporary Istanbul x Tersane Istanbul lleva el arte contemporáneo más allá de los stands de las galerías y lo despliega en distintos sitios de Tersane Istanbul. Integrado por 12 magníficas esculturas, el circuito presenta en el espacio público obras de artistas de diferentes generaciones. La monumental Juana, de Jaume Plensa, de aproximadamente siete metros de altura, también está situada a orillas del Cuerno de Oro.
La elección de Tersane para realizar esta gran feria incorpora otra dimensión al encuentro: en terrenos ligados a la historia naval del Imperio Otomano, las obras contemporáneas introducen nuevas formas de observar una ciudad marcada por sucesivas transformaciones. El recorrido por los stands tiene como telón de fondo el Cuerno de Oro y una arquitectura que conserva las huellas de su antigua función.
Esa superposición de épocas se extiende mucho más allá de la feria. En Estambul, la mayor ciudad de Turquía, el Bósforo separa las orillas europea y asiática sin interrumpir la continuidad de la vida urbana. Cruzar de un continente a otro forma parte de los desplazamientos cotidianos de una metrópolis de mayoría musulmana.
Conocida en la Antigüedad como Bizancio y luego como Constantinopla, fue capital del Imperio Romano de Oriente y del Imperio Otomano. En 1930 se oficializó internacionalmente su nombre actual. Sus áreas históricas, reconocidas como Patrimonio de la Humanidad, condensan un legado arquitectónico que convive con la expansión de los espacios dedicados al arte contemporáneo. En ese escenario, Contemporary Istanbul ofrece una entrada a la producción del presente y a las múltiples capas de la ciudad.
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