
Contra Lacan
UN PSICOANALISTA COMPROMETIDO Por André Green (Norma)-264 páginas-($ 21)
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Si este libro tiene un personaje excluyente -además del propio Green- es Jacques Lacan, precisamente de quien Green trata, por todos los medios, de diferenciarse, quedando poco claro, cuando se termina la lectura, si la fascinación y el desprecio que Green siente por Lacan no traducen una suerte de envidia encubierta. Green cree demostrar que el psicoanálisis después de Freud es algo más que Lacan, y sin embargo empieza por el mismo Lacan.
Un psicoanalista comprometido es un libro de conversaciones (entre Green y Manuel Macias) que datan de 1991 y 1992. El título parece indicar que no todos los psicoanalistas están "comprometidos". ¿De qué "compromiso" se trata? No es el compromiso del que hablaba Sartre, aunque Green se reconoce de izquierda (o mejor dicho: dice que siempre ha votado a la izquierda). Es, al parecer, un compromiso con el psicoanálisis, con los pacientes, con las instituciones y con el saber.
La parte más interesante del texto es, quizás, la que trata de los inicios de Green: su historia familiar, su acercamiento a la medicina y lentamente a la psiquiatría, sus fecundas relaciones con Henry Ey, con Ajuriaguerra y con Jean Delay, en distintos hospitales de París. Allí se va transformando -según su relato- en un psiquiatra informado y de alto vuelo que no descarta al psicoanálisis (son las primeras lecturas de Freud) y que le tiene una aprensión manifiesta a las seducciones de un golpe de efecto (los de Lacan, por ejemplo), a las rupturas institucionales (las que en su opinión promueve Lacan) y a las revisiones teóricas. Green se considera a sí mismo un hombre y un profesional anterior a la era de las comunicaciones masivas, mientras que Lacan sería, para él, el hombre de las comunicaciones masivas: un agitador y un formador de opinión.
Sostiene, además, que "el psicoanálisis lacaniano, al contrario de las demás tendencias, modifica profundamente las condiciones y las exigencias de la práctica, hasta el punto en el cual aquello que se entiende por psicoanálisis ya no resulta identificable. Tiene por lo tanto que asumir su diferencia y su posición cismática, para que el público no sea engañado y no se imagine que puede tener la misma experiencia o recurrir a la misma terapéutica, exceptuando algunas divergencias de opinión". Evidentemente la posición de Green es la de un redentor que llega para corregir los errores de Lacan y los de sus discípulos.
El Lacan de los 60 -que brilló junto a Althusser, Foucault, Barthes y Lévi-Strauss- sería, en su perspectiva, una especie de terrorista (según la definición de Lenin: un puño sin brazo). Ignora, de esa manera, el larguísimo trabajo teórico del autor de los Escritos , como ignora su teoría de las sesiones "breves", donde no se trataba de ganar plata -tal es la acusación de Green, que sus acólitos repiten- sino de hacer bascular al inconciente.
El, que encarnaría el ejercicio del psicoanálisis, dice: "Si algunas personas quieren ir a hacerse flagelar por analistas lacanianos, después de todo es un asunto suyo. Pero considero esencial que se establezca la distinción entre el psicoanálisis lacaniano y las otras formas de psicoanálisis y que se diga claramente que no ejercemos el mismo oficio". Claro como el agua.




