
Convivir con la contaminación
En Inflamable, un sociólogo y una "antropóloga nativa" realizan una original investigación sobre un asentamiento de alto riesgo para indagar qué piensa y siente la gente sobre el peligro tóxico
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Para LA NACION
Inflamable
Por Javier Auyero y Débora A Swistun
Paidós/234 páginas/$ 44
Cuando se habla de ambiente, la imaginación convoca áreas salvajes, osos panda, ballenas y mariposas. Pero las mayores víctimas de la degradación ambiental no son animales ni plantas, sino seres humanos. Pobreza y contaminación van juntas, en una combinación que potencia la vulnerabilidad social.
Esa realidad comienza a ser comprendida en la Argentina. Inflamable. Estudio del sufrimiento ambiental es un trabajo a dos voces que indaga "las modalidades en que la gente piensa y siente sobre el peligro tóxico". Sus autores son Javier Auyero, un sociólogo argentino, profesor de la State University of New York; y Débora A. Swistun, egresada de la Universidad de La Plata, que nacida y criada en Villa Inflamable (asentamiento ubicado sobre un basural de desechos tóxicos), actuó como "antropóloga nativa".
El epicentro es Dock Sud, polo industrial a pocos kilómetros del centro porteño. El interrogante es: ¿cómo se vive en un área que se encuentra contaminada? ¿De qué modo se negocia con el riesgo de enfermedad, las responsabilidades que se desdibujan, las promesas que no se materializan, las cámaras de televisión que instalan la alarma y desaparecen?
Y, más urgente, dada la gravedad de la situación: ¿por qué no termina de construirse una identidad colectiva, reclamante, que interpele enérgicamente a las empresas y a las autoridades, y las obligue a responder? ¿Por qué el área de Inflamable, con su contaminación rampante, no se convirtió en otro "caso papeleras"?
Auyero y Swistun encaran un trabajo a la vez obvio y original. Desde los años sesenta, se han estudiado casos de poblaciones que se oponen a determinadas instalaciones. Los trabajos se concentraron mayoritariamente en las protestas exitosas, donde los afectados se organizaron para elevar su reclamo. Las denuncias derivaron en relocalizaciones de plantas industriales, en costosas indemnizaciones, en traslados de barrios enteros.
Como directores de Hollywood, los académicos hicieron el retrato de la protesta exitosa. ¿Pero qué pasa cuando el reclamo no encuentra su voz y su cauce? Esa es, en gran medida, la indagación que desarrollan Auyero y Swistun, contribuyendo simultáneamente a responder un problema teórico y a instalar una preocupación social que demanda una respuesta: ¿quién debería intervenir y cómo?
Los autores realizan un trabajo etnográfico que recoge testimonios de los habitantes de Inflamable. Según estadísticas de 2000, son unas setecientas familias. El 75 por ciento lleva menos de 15 años viviendo en la zona. El crecimiento fue alimentado por la población de villas erradicadas de la Capital y por la inmigración de países limítrofes.
Se trata de una geografía humana distribuida en cuatro sectores. Los autores concentraron su trabajo en el barrio "Porst", habitado por vecinos de clase media baja, y el barrio "El Danubio", constituido por casas modestas justo debajo de una línea de alta tensión instalada a fines de los noventa. Los otros dos sectores son llamados por los vecinos "el Triángulo", y "el Bajo" o "la Villa", formados por casas precarias instaladas entre los bañados.
Esos cuatro espacios funcionan como "principios organizadores de la experiencia del lugar" entre los antiguos vecinos, quienes atribuyen el aumento de la inseguridad en la zona al "nuevo asentamiento". Así quedan marcadas diferencias y desconfianzas que dificultan las alianzas para responder a la amenaza ambiental.
Los relatos hablan de un pasado de granjas y quintas, cuando los chicos podían bañarse en el río, y de un presente de miedo y suciedad. Los autores describen un proceso "de lenta incubación de la contaminación". Retomando los testimonios, resumen: "Un día, ellos dejaron de ir a la playa; otro día se dieron cuenta de que los últimos quinteros se iban".
La rutina, la lucha por la vida tuvieron a los vecinos de Inflamable ocupados. La falta de sucesos que marcaran claramente el lento proceso de deterioro es otra razón que los propios vecinos esgrimen para comprender lo que les ha pasado. La corrupción de las empresas y del Estado, una tercera. Con una metáfora que acerca chimeneas y gobierno, dice un entrevistado: "la contaminación viene de arriba".
A las palabras se suman las imágenes. En un interesante giro metodológico, los autores dieron cámaras fotográficas a un grupo de chicos para que brindaran su mirada. Entre las "cosas buenas" del barrio, destacan la salita donde son atendidos. Y la escuela, aunque no tenga estufas. Pero son muchas más las "malas": las líneas de alta tensión, la basura, las empresas que contaminan. Las fotos cuentan cómo se vive el espacio, la relación con el ambiente degradado que sin embargo es el propio, cómo se piensan a sí mismos.
Con la cercanía y la confianza de quien conoce el lugar, los autores lograron evitar "el repertorio narrativo preparado que tienen los habitantes de Inflamable para quienes pasan por allí ocasionalmente". Porque se saben contaminados y saben que tienen derechos.
Uno de los aspectos más desconcertantes de la situación de los vecinos es, precisamente, que parecen a la vez desguarnecidos y conocedores: casi a diario, llegan a sus casas funcionarios, periodistas, representantes de las empresas, agencias internacionales que miden el plomo en el cuerpo de sus hijos. Interpelados como víctimas o como potenciales demandantes, van aprendiendo a lidiar con los poderes.
Mientras tanto, la nueva Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable se contactó con los autores y los invitó a sumarse a su trabajo. Hoy, Swistun es coordinadora de programas en ese área. Los autores no parecen muy convencidos de que esta colaboración derive en cambios radicales, pero de todas formas señalan que una "sinergia societal-estatal" será central a "la hora de iniciar un cambio positivo en Inflamable".
Se trata de un trabajo a la vez riguroso y sentido, que resulta oportuno en momentos en que comienza a discutirse seriamente sobre cuestiones ambientales en la Argentina. Debate que coincide con un nuevo impulso por industrializar el país: dos esfuerzos que no deberían avanzar por caminos divergentes.


