"Creo que a veces hay que bajar al infierno para poder contarlo"
Su libro recrea casos de chicos que matan
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Poeta silencioso y narrador de novela negra, Reynaldo Sietecase se aventura en Pendejos (Alfaguara) con diez historias crudas de ficción sobre la violencia que es noticia policial y sacude la rutina de los días. Son diez relatos sobre la muerte de la inocencia, porque los protagonistas son menores que malviven entre el desamparo y el abuso, y que matan.
Sietecase ha sabido poner poesía y belleza en la violencia que exudan estas historias inspiradas en casos reales. No en vano ha publicado seis libros de poesía, además de dos títulos de crónicas viajeras y una novela policial, y trabaja como periodista.
"La poesía vive conmigo desde siempre; empecé a escribir a los 14 años, pero la novela policial despertó en mí a los 22 o 23 años, cuando empecé con el periodismo", dice Sietecase en diálogo con LA NACION.
Los diez crímenes de Pendejos, nombre que al autor le costó no pocas críticas de amigos y conocidos,nacieron "de recortes periodísticos que leí y guardé, pero también de la inquietud que me produjo la charla con una especialista que me contó que en la Argentina hay menores condenados a cadena perpetua".
-¿Qué te produjo la lectura de esos recortes para que decidieras volcarlos en un libro?
-Yo les presto mucha atención a las noticias policiales. Cuando escuché a esta mujer empezó a rondarme la cabeza la imagen de un chico que mata. Un menor asesino te confronta con una situación muy especial. Los chicos matan pero son víctimas, las primeras víctimas, porque matar no está en la naturaleza de un chico. El nombre del libro tiene que ver metafóricamente con que esos pibes son lo que ocultamos de la sociedad. Cada vez son más los menores que matan en el conurbano. Como dice el poema de Torquato Neto, uno de los padres del tropicalismo brasileño, que incorporé al comienzo del libro: estos chicos "desafinan en el coro de los contentos", que es el coro de la opulencia. Pese a que cuatro de los casos son de clase media.
-¿No es muy compasiva con estos menores asesinos la mirada del narrador?
-No lo sé. Yo suelo decir, en broma, que Dios no permita que me cruce con ninguno de estos personajes. No veo una mirada compasiva. Creo que tiene que haber castigo para quienes cometen crímenes. Pero lo que tiene que existir es un régimen especial para los menores. La locura en la Argentina es que los menores entran en una zona gris desde el punto de vista legal. Hay 17 proyectos para crear un régimen penal para adolescentes en el país. Hoy los jueces de menores tienen libertad para dictar sentencia como quieran.
-¿Cuál es la intención recóndita del narrador?
-Lo primero que quiero es que los lectores se entreguen, aunque estos relatos hablan de crímenes duros. A mí me gusta que me cuenten historias y llegar hasta el final cuando leo. Y después, que los lectores vean estos crímenes. Cuando un chico mata muestra otra cosa. Los sicarios en Colombia, los menores asesinos en las favelas, las maras en América Central, los pibes tomados por el "paco" en el conurbano a los que se llama "muertos vivos"... en las huellas sangrientas de los crímenes que cometen esos pibes hay algo más que homicidios. Eso revela que hay una sociedad que funciona mal, que está en crisis, porque los chicos habitualmente no matan.
-¿Cómo recibieron tus hijos este libro, ya que la realidad que se describe alude a su generación?
-No sé si quiero que lo lean, pero está bien que la literatura no tenga restricciones. Espero que el libro sirva para darle visibilidad a un tema que existe en sociedades injustas. Esto no es un alegato social. Ojalá que los cuentos provoquen una discusión.
-Al conocer estos casos, ¿no te queda la impresión de que las sociedades van camino de institucionalizar la crueldad como una forma de relacionarse?
-Lo que veo a mi alrededor es cruel. Es verdad que la maldad está dando vueltas. Estos chicos que matan siguen siendo chicos. En sus vidas les pasó algo terrible.
-¿Cuáles son los casos que te impactaron más?
-Varios. Con algunos de ellos tuve pesadillas. Me impactó más la historia del chico que le disparó a toda la familia y que mató al padre y al hermano; aunque en el cuento mata a todos, porque me parece que en su intención estuvo hacerlo así. En toda América hay una narrativa muy conectada con la violencia. El propio director mexicano González Iñárritu [responsable de la película Babel] dice que el dolor es lo que nos iguala y nos permite tener una dimensión adecuada de lo que nos está pasando como sociedad. Creo que a veces hay que bajar al infierno para poder contarlo.



