
Crónicas, relatos, leyendas
VIAJES Y VIAJEROS EN LA LITERATURA DEL RIO DE LA PLATA Por José Luis Víttori (Vinciguerra)-2 tomos-285 y 254 páginas-($ 29)
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EL Río de la Plata fue la escapatoria que Gaboto encontró para desobedecer las órdenes que había recibido de la corona española: no iría hasta el sur ni cruzaría el Estrecho de Magallanes para cumplir con su misión de alcanzar las Molucas e iniciar el tráfico secreto de especias. El río que se adentraba en el continente fue su propia decisión, su riesgo. Algunos dicen que buscaba una salida más corta hacia el Pacífico; otros, que buscaba sólo metales preciosos. No encontró ninguna de las dos cosas, pero uno de los hombres de su expedición llegó de una caminata prolongada con los cuentos que dieron origen a la leyenda de la opulenta y misteriosa Ciudad de los Césares, donde los templos estaban cubiertos de plata y los habitantes se sentaban en bancos de oro. Esa estadía de Gaboto en el Plata es una manifestación temprana de la tendencia del río sin orillas a aglutinar ambiciones, espejismos, y a impulsar esa espontánea forma humana de ensamblarlos, el relato.
Viajes y viajeros en la literatura del Río de la Plata, editado por Vinciguerra, recorre la obra de diversos autores de relatos de viajes, escritos entre los siglos XVI y XX. Ese recorte cronológico no impide la recuperación de una tradición más amplia: hay un retorno a Herodoto y a otros exponentes de los orígenes del género, a la extrañeza y el aprendizaje como marcas del viaje mítico que los viajes posteriores recobran de un modo propio. El autor conjetura con solidez y no le teme a los intentos de definir el relato de viaje, ese género indómito. Víttori ha decidido correr sus riesgos: incluye a Quiroga y Lugones como viajeros de la precariedad que conduce al suicidio; a Benito Lynch, como constructor de una narrativa en la que el viajero encuentra su imagen en espejo.
Los viajes que originaron esos relatos pueden haber respondido a necesidades de diversa índole: a una avanzada gubernamental, a una misión científica, a la necesidad de borrar un pasado, a la de inventarse un futuro. La lista de viajeros propuesta por Víttori es profusa, erudita, sorprendente. Están, por supuesto, Ulrich Schmidel, Charles Darwin y Alvar Núñez Cabeza de Vaca, pero también otros más recónditos: John Brabazon, un irlandés de vida trágica; Pierre Kalfon, un francés socarrón; Mencia Calderón, líder de la expedición de mujeres españolas que a mediados del siglo XVI llegó a la América meridional. El autor ubica a cada uno de los viajeros en su época -y por ende, en sus desvelos-, cita fragmentos de sus textos, aporta datos y referencias bibliográficas.
José Luis Víttori, que trabajó durante décadas en el diario El Litoral de Santa Fe y escribió tres novelas y diez ensayos, revela en este libro años de lectura, de acopio de informaciones que, finalmente, pugnan por abandonar las fichas privadas, la pasión solitaria. Su obra en dos tomos registra una lista de obsesionados por escribir acerca de un lugar localizable en el mapa, y acallar así las ansias de encontrar la ciudad de los césares privada. Viajes y viajeros... se parece menos a una antología que a un diccionario. La ambición, el privilegio de delimitar un mundo están ahí.
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