
"Cuando fui mortal"Por Javier Marías
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Cuando fui mortal reúne doce relatos, la mayor parte de los cuales -dice el propio autor en el prólogo- tuvieron origen en algún encargo, aunque por cierto las limitaciones o condiciones impuestas por los solicitantes no les han impedido realizarse narrativamente en plenitud.
Si otro libro de Marías -la novela Mañana en la batalla piensa en mí- lo hacía comparable a un Proust, pero posmoderno, este volumen exhibe las especiales calidades que acompañaron también muchos cuentos memorables de un narrador inglés: William Somerset Maugham.
Impecable tensión narrativa, penetración psicológica, ironía, y una cuota bien dosificada de horror y de piedad ante los hechos del ser más sorprendente y misterioso de la creación, que reverbera en la palabra de Marías con una densidad inefable, a la manera de esas notas que el pedal de un piano suspende largamente en el silencio.
Entre los cuentos destaca, por su profunda y lacerante poesía, "Cuando fui mortal", que imagina la vida después de la muerte como el acceso a un terrible conocimiento, no ya de lo divino, sino de lo humano: la otra cara de las personas que amamos y que odiamos, lo que nos ocultaron mientras fuimos mortales, y que se va develando al espíritu en la absoluta soledad.
Otro "cuento de fantasmas", pero más amable, es "No más amores", donde se narra el lento envejecer de una dama de compañía inglesa, cuyo mayor don es su hermosa voz.
Hechizada por el fantasma de un muchacho que se presenta invariablemente a escucharla leer para su patrona, no se da cuenta de que los años pasan; cuando él la abandona porque su voz se ha vuelto cascada, Molly Morgan sabe reclamarle lealtad y el joven inmortal sigue acudiendo a la cita que renueva, semana tras semana, la pasada juventud de la lectora.
No pocos de los cuentos, narrados en una prosa de sereno encantamiento, tienen, por contraste, temas de soterrada violencia. Así, el asesinato conyugal se insinúa tras de "La herencia italiana" y "El médico nocturno".
Un crimen sangriento y una oculta pasión homosexual son el asunto de un relato con bien lograda intriga policíaca, pero donde lo que importa y asombra no es tanto quién ha cometido el crimen, sino los motivos que han llevado a encubrirlo.
Otros privilegian los juegos de la mirada que va desde arriba hacia abajo -un balcón o unas gradas que proporcionan un insólito ángulo de visión de la realidad-: "En el viaje de novios" (miradas con un objetivo erróneo, que cambian inesperadamente el destino del ser contemplado); "Prismáticos rotos" (mirada expectante y ambivalente que aguarda a la víctima señalada, pero a la que no se desea matar); "Figuras inacabadas" (miradas que reconsideran y evalúan una situación compleja hasta cambiar decisiones pensadas); "Domingo de carne" (mirada curiosa que presencia, desde una involuntaria posición de privilegio, el disparo de un francotirador que acaba con la vida de un veraneante en la playa).
"Todo mal vuelve" aborda el análisis de un atormentado tipo de artista, el que decide probar sobre sí mismo los límites del mal y el sufrimiento para llegar a la conclusión de su obra.
"No más escrúpulos" se ocupa de otro "arte": el pornográfico, ejercido por hombres y mujeres que carecen de otra ocupación y especulan sobre los varios trabajos que puede llegar a emprender un ser humano. "En el tiempo indeciso" concluye con la abrupta venganza del débil: la mujer tímida que asesina a su apuesto marido, ex futbolista que colecciona aventuras amorosas y que ha exhibido ya, en la pirueta de un gol demorado, su pasión por el juego más peligroso: el de los sentimientos humanos.
"Cuando fui mortal" proporciona, en fin, una lectura de gozo perturbador e intensidad perfecta.
Editorial Alfaguara
(241 páginas.)




