
Cuentos desde un tren
EN LA VIA Comp.: Christian Kupchik-(Norma)-278 páginas-($ 27)
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En 1926, Horacio Quiroga escribió uno de sus relatos más logrados, en el que alcanzaba a combinar la temática de la alienación urbana con una estructura narrativa que guiaba al lector, paso a paso, por el oscuro proceso de volverse loco. Ese relato se llamó "El conductor del rápido" y quienes aún hoy se ven capturados por la tortuosa, renga y, a la vez, contundente genialidad literaria de Quiroga difícilmente olvidan las frases que gritaba el desquiciado maquinista: "¡Oh! Nada es estar alienado. ¡Lo horrible es sentirse incapaz de contener, no un tren, sino una miserable razón humana que huye con sus válvulas sobrecargadas a todo vapor!"
Con el amparo de esta insuperable partida de nacimiento del tren y su mundo en la literatura rioplatense, Christian Kupchik ha compilado y prologado, bajo el título En la vía. Cuentos desde un tren, diez relatos de escritores argentinos que "intentan indagar, por diferentes caminos, el mismo enigma que perseguía Quiroga". Para Kupchik, sin embargo, los textos reunidos "no necesariamente se definen ante la figura del tren, sino frente a lo que el tren dispara o sugiere. La intensidad de los particulares puntos de vista, las claves ocultas dentro de cada relato, terminan por echar nueva luz sobre este tren que invita, con generosidad, a diez destinos diversos". Esta decena de destinos continúa, entonces, aquella voluntad quirogueana, aunque con las perspectivas y estilos diferenciados que surgen desde los años cuarenta hasta la actualidad.
Manuel Mujica Lainez es el encargado de abrir la antología, con un compendio casi impresionista de las imágenes que se perciben desde un tren. En un estilo que recuerda el de las aguafuertes, su texto póstumo "Retiro-Tigre" transita por los hábitos, tipos y espacios que configuran el escenario ferroviario. Le siguen el ya célebre "Final de juego" (1956) de Julio Cortázar y "El cielo entre los durmientes" (1967) de Humberto Costantini. Mientras que en el primer relato, el tren, o particularmente uno de sus pasajeros, es el espectador de un esperpéntico (aunque no menos inocente) juego de niñas, en el segundo la vigorosa máquina es desafiada por dos niños de doce años que ponen a prueba su valentía y que consolidan así sus códigos de amistad.
Otro es el mundo al que nos llevan los --sin dudas-- tres mejores relatos de la antología, dada su imbricada complejidad formal y el extrañamiento con el que recubren su universo narrado. Con una prosa admirable, "Un viaje en tren" (1978), del jujeño Héctor Tizón, entrecruza la densidad y lejanía de una villa rodeada por "cerros altos ocres o plomizos o de un color verde tenebroso", con un imaginario cargado de gualichos y cristianismo, y también, con el secreto de una mujer que sube al tren para buscar su redención dolorosa en la ciudad. Por su parte, "Triste Le Ville", de Abelardo Castillo (1976), crea un mundo que comienza siendo onírico, pero que finalmente se devela como el viaje definitivo de un sujeto en un tren sin retorno, que lo traslada a la muerte y la condena eterna ideadas por otro. Por último, el maravilloso "Los frutos del árbol de la vida", de Angélica Gorodischer, construye una opresiva alegoría política sobre un tren, con un lenguaje que, desde las primeras líneas, golpea al lector con una belleza violenta: "El sol se levantó sobre la llanura amarilla y un hombre asomado a la puerta calculó que ese sol era la boca abierta de un animal y que cuando los hombres, todos los hombres, no solamente él, que cuando los hombres parpadean, la boca pega una dentellada y es entonces cuando nacen los idiotas y cuando se secan los ríos y se queman las últimas plantas, seguro".
Completan la antología relatos de escritura dispar, como "Ferrocarriles argentinos" de E. Gandolfo, "Excepto los trenes" de J. Consiglio, "Las fotos" de G. Nielsen y "Las trenes de la muerte" de S. Olguín. Este último, inédito hasta esta publicación, se destaca por el logrado perfil de su protagonista, un maquinista perseguido por las muertes a las que asiste.
Precedida por un breve estudio de Kupchik sobre el impacto que el nacimiento del tren produjo en el siglo XIX y sobre su consiguiente incorporación en la literatura, la antología ofrece diez claves para pensar el enigma de esa máquina que reúne, a un tiempo, auras fantasmales y tentaciones suicidas, forzosa suspensión del tiempo y tedio urbano, contundente vigor mecánico y marcos de abandono en el descanso de sus estaciones. A fin de cuentas, un resto de significación que excede su mera función utilitaria y que, como acertaba Borges en "El sur", es una línea que parte asimétricamente el espacio y que puede hacernos viajar también hacia otra dimensión del tiempo.

