Del prólogo al epílogo
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¿Querés ver Saturno? La invitación, que diariamente acerca apenas oscurece Daniela Pérez -una de las guías del Observatorio Astronómico de La Plata- a los visitantes de la Feria del Libro, sorprende a todos por lo insólito del convite y porque, además, el "premio" no decepciona. Un gran telescopio reflector que le apunta al gran astro de los anillos, devuelve su imagen nítida, en un blanco refulgente, cuando los curiosos posan su mirada en el visor. A su lado, Constantino Baikouzis, munido de una gran carta celeste, explica cómo decodificar ese mapa celestial junto a lo que es posible observar en el firmamento. Para disfrutar de esa experiencia gratuita, que forma parte del programa de extensión del observatorio platense hay que ubicar a los guías que se hallan a escasos metros del stand de LA NACION, en el corredor al aire libre que conecta con el pabellón verde.
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Salvo por el gran sillón de lectura que perteneció a Leopoldo Lugones, entronizado en medio del stand -reliquia que cedió la Biblioteca Nacional, que el escritor dirigió entre 1916 y 1938-, el espacio del ministerio de Educación apuesta de lleno al estudio de la ciencia. Con varios juegos interactivos, los estudiantes pueden, por ejemplo, observar -y escuchar- el funcionamiento del ritmo cardíaco en el cuerpo humano. Con sólo pulsar un botón en una maqueta electrónica, se ve cómo bombea sangre el corazón con taquicardia, arritmia o ritmo cardíaco normal. A su vez, presionando otro botón, se mide la presión arterial. Otra maqueta detalla el funcionamiento de la energía nuclear. Interesante y didáctico para los más chicos.
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A la hora de las ofertas, la feria ofrece infinidad de opciones. En la Librería de las Luces, por ejemplo, hay libros por seis pesos o tres por quince pesos. Dentro del variado menú se pueden elegir títulos como Las ratas, de José Bianco, Análisis funcional de la cultura, de Ezequiel Martínez Estrada o 20 poemas para leer en el tranvía, de Oliverio Girondo.
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Unos cuantos metros más allá, en el stand de Tierra Editora los saldos están a quince pesos, o tres libros por cuarenta pesos: desde el Martín Fierro, de José Hernández, Cinco semanas en Globo, de Julio Verne, Páginas escogidas, de José Martí, El rey Lear, de Shakespeare o Elogio de la locura, de Erasmo de Rótterdam. Hay muchos más títulos para elegir.
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Otra mesa de saldos, más económicos aún en el mismo stand, tienta a los lectores con volúmenes a diez pesos o a tres por veinticinco. El catálogo incluye: Permiso para vivir y Permiso para sentir, del peruano Alfredo Bryce Echenique; La lengua del malón, de Guillermo Saccomanno; ¿Arde New York?, de Dominique Lapiere y Larry Collins, 100 sonetos de amor, de Pablo Neruda, y Cosmópolis, de Don DeLillo.
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La recomendación de libros no es sólo tarea de críticos, al menos entre las opciones de la Feria del Libro. Telefé, por caso, instaló en su stand "un confesionario" para que, en 30 segundos, el público recomiende el título de su preferencia a la audiencia por medio de un video. Los testimonios seleccionados se pasarán los domingos a la medianoche, en el programa del escritor Juan Sasturian, Ver para leer. Y los que no lleguen a la TV abierta se los reconforta con su selección proyectada en los plasmas dispuestos en el stand.



