Diálogo de las máscaras en la historia
Ocultar el rostro tras una forma paradójicamente reveladora es una práctica antiquísima. Una exhibición permite comparar la tradición precolombina y las obras de artistas contemporáneos.
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"ROSTROS de la máscara en la Argentina" es una exposición que rescata y encarece la persistencia histórica de la máscara en la cultura argentina, desde el pasado precolombino hasta la actualidad.
Esta atractiva idea articula para el espectador varios planos de información, de conocimiento y de goce estético. No sólo es factible apreciar la presencia mágica y utilitaria de la máscara en los ritos y mitos indígenas, sino también sus valores simbólicos, formales y conceptuales para un importante conjunto de artistas contemporáneos. El despliegue estimulante de docenas de máscaras, realizadas en los materiales más diversos y dentro de tradiciones visuales disímiles, promueve un diálogo provocativo entre el arte precolombino y el arte de fines del siglo XX, entre obras del llamado "arte popular" y obras del llamado "arte culto".
El Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco presenta una muestra atractiva en su propuesta curatorial integral. Un montaje cuidadoso combina vitrinas, piezas en el espacio y obras colgadas en pared. Todas las piezas cuentan con su correspondiente iluminación puntual, que resalta el valor visual de cada una de ellas y la riqueza de sus materiales: piedras talladas, metal batido, fundido y repujado, lana, plumas y maderas trabajadas con policromía, además de técnicas mixtas más actuales.
La exposición presenta un sencillo pero riguroso soporte didáctico: textos explicativos, un mapa sobre la ubicación actual de las poblaciones indígenas en el territorio argentino y un panel con un texto ampliado de Silvia de Ambrosini, curadora de la muestra. La fotografía tomada por Enrique Palavecino sobre un carnaval chané en la década del treinta aporta una nota interesante.
Entre las diversas culturas indígenas representadas (toba, mapuche, chiriguanotapí, mataca, wichi, ona), se destaca sobre todo la cultura chané, que se despliega en varias de las vitrinas de la exposición. Menciones aparte merecen tanto el conjunto de máscaras de piedra procedentes de la cultura Aguada y de otras culturas catamarqueñas, como los trabajos en plata, cobre, lana, madera y piedra de la cultura patagónica de los mapuches y, muy especialmente, las seis máscaras hechas por aborígenes fueguinos con corteza de lenga.
La selección de estas obras de arte indígena muestra también la existencia de importantes coleccionistas privados locales que se han especializado en este tipo de producciones culturales, frecuentemente olvidadas o cuestionadas por el prejuicio en contra de "lo artesanal". Son para destacar la calidad y la cantidad de trabajos prestados, por ejemplo, por Nicolás García Uriburu y Eduardo Pereda.
El aporte del Museo Etnográfico Juan Bautista Ambrosetti confirma, una vez más, la importancia del patrimonio de este museo que depende de la Universidad de Buenos Aires. Entre los artistas contemporáneos la selección es variada. Hay obras realizadas especialmente para la exposición y otras que corresponden a años anteriores. Entre los trabajos más interesantes sobresalen los de Clorindo Testa, Marcia Schvartz, Maria Causa, Alfredo Prior, Luis Wells, Aldo Sessa, Rogelio Polesello, Carlos Bissolino, Norah Correas,Felipe Pino, Jorge Pirozzi y García Uriburu.
Dos obras parecen no integrarse al conjunto: el óleo de Quirós y la obra sobre papel de Guillermo Roux. Estas imágenes remiten con demasiada claridad a la careta como elemento teatral y como parte del disfraz de los comediantes. En ese sentido, se separan visualmente de la propuesta general de las demás piezas, que permiten apreciar la persistencia del concepto formal y simbólico de la máscara en sus múltiples variantes (antropomórficas, zoomórficas y de principios más abstractos, en algunos de los ejemplos más actuales).
El catálogo de la muestra proporciona un completo material de reproducciones color de algunos de los trabajos expuestos. Los textos de Mario Corcuera Ibáñez, director del Museo, y de Silvia de Ambrosini explican el sentido general de la exposición y despliegan diferentes conceptos sobre estos rostros de la máscara y su tradición local.
Un dato adicional. La muestra inaugurada en abril estará abierta hasta el mes de junio. El criterio de exposiciones que duran tres meses y que permiten una fluidez mayor de público no es una decisión menor cuando, en los últimos años, algunos museos y salas de exposiciones porteñas parecen haber entrado en la variante del consumo rápido e instantáneo, inaugurando y clausurando exposiciones cada tres semanas.




