Dilemas de un espía sentimental

Los últimos días de nuestros padres, de Joël Dicker, propone en un elaborado thriller con trasfondo bélico una disyuntiva moral: ¿es más importante ser un buen patriota o un buen hijo?
Armando Capalbo
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29 de mayo de 2015  

El escritor suizo francófono Joël Dicker (Ginebra, 1985) regresa en español a las librerías con una novela previa al éxito de La verdad sobre el caso Harry Quebert, la obra que lo dio a conocer internacionalmente. Los últimos días de nuestros padres, con la que ganó el Prix des Écrivains Genevois, es un relato que recupera rasgos y temas de la novela de espías, dosificando minuciosa documentación histórica sobre la inteligencia británica en el último tramo de la Segunda Guerra Mundial. También, paulatinamente, se interna en un conflicto de identidad y valores que revisa el vínculo entre padres e hijos y cuestiona la lealtad patriótica en el contexto de la brutalidad bélica.

A principios de los años 40 en la Francia ocupada por los nazis, un joven estudiante parisiense, Paul-Emile, se fascina con las acciones de la Resistencia y decide incorporarse a una división de los servicios secretos británicos creada por Winston Churchill para la infiltración y el sabotaje en los territorios tomados por el enemigo, así como para crear células y enlaces entre las fuerzas clandestinas. Abandona por esto a su padre, con quien tiene una estrechísima relación desde la muerte de la madre, y se enfrenta a una agotadora formación en distintos puntos de Inglaterra, cuyo propósito es prepararlo en el espionaje y en la guerra de guerrillas, que llevará a cabo en peligrosas misiones tras las líneas enemigas, saltando en paracaídas. El romance con una joven también reclutada y las breves pero riesgosas operaciones hacen mella en el espíritu de Paul-Emile, apodado Palo por sus compañeros y entrenadores. Cuando la suerte de la guerra se revierte y los nazis deben empezar a retirarse, el contraespionaje alemán en Francia, la temible Abwehr, designa al agente Kunszer para eliminar la acción británica en territorio francés. El padre de Paul-Emile, sin siquiera imaginarlo, corre un mayúsculo riesgo y, enterado, el joven espía deberá enfrentarse al enemigo y a sí mismo para discernir cuál lealtad es la que respetará.

La incertidumbre aqueja al espía, ¿qué es hacer lo correcto en el contexto de una guerra? La toma de conciencia y el desencanto ganan terreno en un relato que, sin embargo, no desdeña la gran trama de espionaje con sus consabidos condimentos de suspenso y peligro. Como en las memorables historias de Graham Greene o de Eric Ambler, una maraña de fidelidades y traiciones dentro de cada bando enmarca la verdadera pregunta acerca de cuáles son las lealtades ineludibles. Paul-Emile, en su complejo estatuto de personaje, consigue contrarrestar el estereotipo del espía y se acerca al del antihéroe: a cada paso de sus acciones de sabotaje o de averiguación sobre los pormenores de las líneas enemigas crece en su ánimo la angustia del hijo que ha perdido un vínculo fundamental.

Cuando el protagonista regresa clandestinamente a Francia para llevar a cabo sus enlaces con los maquis, el texto elabora un notable contraste entre la Inglaterra que significaba la última esperanza de revertir el avance de las fuerzas del Eje y una Francia sumida en contradicciones internas, denuncias de colaboracionistas y conspiraciones cruzadas. No es la ilusión de liberar la patria lo que hace que el espía siga adelante, sino más bien su afán de respuestas ante la ausencia de sentido que su misma labor le deja entrever. Cuando los nazis se repliegan, el texto cambia la perspectiva al profundizar su costado más conmovedor y explorar los raptos de aparente insensatez del protagonista de volver a entrar en contacto con su progenitor. Con la inminente liberación de París, la locura crece, arrecian las traiciones y surgen las peores bajezas.

En Los últimos días de nuestros padres, el cuestionamiento de los valores que supuestamente justifican una guerra sustenta que la novela fluctúe con inteligencia entre dos relatos, el de la ficción de espionaje, que recuerda a John le Carré, y la de aprendizaje, que se pregunta qué es a fin de cuentas más importante, si ser patriota o si ser hijo.C

Los últimos días de nuestros padres

Joël Dicker

Alfaguara

Trad.: J. C. Durán Romero

404 páginas

$ 249

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