
"Disfruto de escribir libros; no podría hacerlo por encargo"
El sacerdote jesuita describió cómo es su proceso creativo
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"Cuando más disfruto de la vida es cuando escribo un libro; es un acto creativo", dice Carlos González Vallés, escritor prolífico, un jesuita español que vivió varias décadas en la India y cuyos libros tienen muchos lectores en nuestro país.
Entre otros, Elogio de la vida diaria, Estad siempre alegres, Hablando con mi ángel, Orar los Salmos, Vales más de lo que piensas, Alegrías recobradas: del complejo de culpa al gozo de la gloria, El secreto de Oriente: respirar...
"Habiendo escrito tantos libros, se me siguen ocurriendo cosas; no puedo escribir un libro por encargo", dice en una charla con LA NACION, en una estada de apenas un día y medio en la Argentina, país que pisa por quinta vez.
"La vida comienza a los 80. Me encuentro más a gusto, con todos los achaques, que se notan en mil cosas. Pero también hay un caer en la cuenta de dónde estoy, un sentido del humor, claridad en ver las cosas y capacidad de aceptarlas. No me siento obligado a protestar, a vivir reaccionando si algo no me gusta."
"Tengo la gran suerte de haber pasado por los extremos. Me siento español, de nacimiento; indio, y ahora, latinoamericano. Soy matemático de profesión y religioso; soy escritor, cosas tan distintas", dice, omitiendo que también es concertista de piano.
Escribe en español, en gujerati (un idioma indio que era el de Mahatma Gandhi) y en inglés, y se traduce a sí mismo; conoce el hindi, el latín y el griego, y lee alemán y francés.
Está convencido de la influencia del lenguaje en el pensar y en el ser, que ejemplifica diciendo: "Yo soy una persona cuando pienso en gujerati y otra cuando pienso en castellano".
En castellano dice: "Yo quiero a mi amigo" (usa el nominativo, yo; el sujeto rige la sentencia, es responsable). En gujarati diría: "Mi amigo es querido para mí" (dativo). En castellano dice: "Yo me acuerdo"; en gujarati, "No hay memoria para mí" (yo no tengo la culpa). Es como decir: la memoria tiene que venir a mí y no ha venido, las cosas me suceden, soy testigo de lo que está pasando.
El "yo" lleva la responsabilidad de la acción y el "para mí" indica la disponibilidad. Piensa que la Virgen María era oriental y en la Anunciación le contestó al ángel: "He aquí la esclava del Señor: hágase en mí [en griego es para mí, aclara] según tu palabra".
Lógica pura
Recuerda cuando se encaró la traducción de la Biblia al gujerati. Un brahmán, traductor eminente, que había traducido a Rabindranath Tagore, debía traducir del latín al gujerati la frase del rey David: "Yo he pecado", donde está toda la carga de culpa por haber mandado al frente, para que muriera, al esposo de la mujer que deseaba. "¿Cómo creen ustedes que lo expresó?: «A través de mí, una equivocación ha sucedido». Lingüísticamente, la traducción era perfecta, aunque luego hubiera que corregirla: la mentalidad es distinta", comenta.
Docente de matemáticas, participa en congresos mundiales. ¿En qué sentido contribuye esa disciplina a la formación personal? Para él, tiene un valor fabuloso. Cuando empezó a escribir en gujerati, algunos críticos literarios decían: "Se ve que este señor es matemático por la lógica con que procede".
Parece que no, dice, pero la imaginación juega un papel enorme en las matemáticas. Es talento y es memoria, pero es imaginación.
"Tiene un valor casi poético. Desarrolla la imaginación y la memoria. Repites las fórmulas, que responden a una realidad. Puede aplicarse a todo." Recuerda haber visto en una revista de matemática una fórmula para el tiempo de cicatrización de un cierto tipo de herida.
Y se pregunta: ¿por qué no podemos predecir el tiempo? Si se reduce a ecuaciones, velocidad de vientos... Porque hay tal cantidad de ecuaciones que todavía no podemos resolver. "Un meteorólogo profesional me dijo: «A seis horas vista podemos predecir el tiempo con exactitud absoluta; fuera de seis horas, no sabemos nada»."
En la India, un profesor no lee nada al dar una clase, y los alumnos, es una diferencia, trabajan mucho más la memoria que en Occidente. "Son fabulosos para eso. Y nosotros teníamos la crema y nata de la juventud."
Al mismo tiempo, con permiso de sus superiores, González Vallés vivió diez años en sencillas casas de familia, compartiendo la vida diaria con sus miembros y vecinos. Vivía en una región costera, de donde partió mucha emigración a Kenya, a Tanzania, a Estados Unidos.
Está preparando un libro sobre la inmigración. "Todos somos inmigrantes", dice, pensando en su caso personal. Partió de España a la India, donde en gujerati no se dice "estamos llegando a Bombay", sino "Bombay está llegando a nosotros".

