Dolor por la muerte de Silvia Bleichmar
Supo interpretar las realidades sociales
1 minuto de lectura'
Con una obra intelectual reconocida en nuestro país y en el extranjero, la psicoanalista y ensayista Silvia Bleichmar -fallecida a los 62 años, en esta ciudad- deja innumerables aportes que ayudan a la reflexión de los procesos traumáticos que se registran en la sociedad.
Su pensamiento tuvo una fuerte gravitación en los campos de la sociología y la psicología y las últimas crisis que vivió el país necesitaron siempre de su palabra y orientación.
Colaboradora de LA NACION, fue autora de importantes trabajos, entre los que se destacan Dolor país (2002), La subjetividad en riesgo (2005) y No me hubiera gustado morir en los 90 , que presentó a comienzos de este año.
Ganadora del premio Konex de Platino en Psicología, en 2006, el año pasado sostuvo en una entrevista con LA NACION que los argentinos somos "como Diego Maradona, una extraña mezcla de talento, brillantez y derrota",
Había nacido en Bahía Blanca, en 1944, donde creció y se formó en la Escuela Normal Mixta y la Biblioteca Rivadavia, de esa ciudad. Radicada en Buenos Aires, estudió psicología y luego sociología en la Universidad de Buenos Aires y participó activamente en los movimientos estudiantiles de los años sesenta.
Mirada profunda
Sus pasiones fueron el psicoanálisis y la Argentina, país que debió abandonar en 1976 para exiliarse primero en México y luego en París. Allí obtuvo el doctorado en Psicoanálisis en la Universidad de París VII, bajo la dirección de Jean Laplanche, autor del Diccionario de Psicoanálisis . Tras su regreso, en 1986, profundizó sus estudios y sus colaboraciones con instituciones y organismos dedicados a la infancia, como la Unicef.
Su profunda mirada sobre las situaciones sociales traumáticas se respaldaba en una sólida formación académica y, también, en la experiencia de campo. Bleichmar dirigió el programa creado por la Unicef para la asistencia psicológica a los niños afectados por el terremoto de México en 1985, y luego, en 1994, el de las víctimas del atentado a la AMIA.
En sus libros realiza una revisión de los paradigmas existentes alrededor de la constitución del psiquismo infantil y de su funcionamiento. Desarrolló una prestigiosa carrera como docente universitaria de posgrado y su obra, traducida al portugués y al francés, constituye un material de referencia en varias universidades e instituciones de enseñanza.
En reconocimiento a su trayectoria, a fines de mayo último fue distinguida con el título de ciudadana ilustre por la Legislatura porteña.
En 2002, pocos meses después de la profunda crisis social y política que vivió la Argentina, trazó una mirada comprometida sobre la realidad social, en su ensayo Dolor país . Entre las cosas más graves, le preocupaba la naturalidad con que se acepta la muerte de niños y adolescentes en la Argentina, como un efecto más de la vida contemporánea.
Marcó, además, el contraste entre la clase media que en 2001 salió a la calle para protestar por la confiscación de sus ahorros y que ahora produce un consumo masivo en los comercios y shoppings.
Entre sus trabajos científicos más reconocidos se encuentran los libros Los orígenes del sujeto psíquico , La fundación de lo inconsciente , y Clínica psicoanalítica y neogénesis . Otras obras, de alcance más general, fueron Paradojas de la sexualidad masculina y Lecturas de Freud , además de otras obras en colaboración.
Asesoró al Ministerio de Educación de la Nación y al gobierno porteño en distintos programas de prevención de violencia escolar y la elaboración de secuelas de padecimientos como el producido por el incendio de Cromagnon.
Sus restos fueron inhumados ayer en el cementerio Jardín de Paz.



