
Dos países en pugna
DIEZ AÑOS DE CONFLICTO ENTRE LA CASA ROSADA Y LA CASA BLANCA (1936-1946) Por Enrique M. Peltzer-(Ethos)-Dos tomos-824 páginas-($ 30 c/u)
1 minuto de lectura'
Más allá de la devoción que no pocos de los hombres de la Organización Nacional manifestaron por el sistema político y los progresos materiales y educativos de los Estados Unidos, las relaciones entre nuestro país y la Unión a menudo distaron de ser óptimas. Desde los lejanos tiempos de la independencia, y sobre todo a partir de la célebre Doctrina Monroe, los argentinos sintieron la necesidad de diferenciarse del país que hacía del expansionismo un instrumento para convertirse en potencia dominante. No hay más que recordar, entre tantos episodios que subrayan esa postura, el caudaloso apoyo brindado a España en 1898 –más allá de que ésta sostenía con pertinacia digna de mejor causa su dominio colonial sobre Filipinas, Puerto Rico y Cuba– frente a la guerra que impulsó Washington para obtener por las armas lo que no había logrado a través de sus intentos de compraventa. En aquella ocasión, el después presidente Roque Sáenz Peña denunció durante una manifestación en el Teatro Victoria, con palabras ahora altisonantes, que aun en estas márgenes se oía "el grosero y codicioso chillido de Monroe".
El doctor Enrique M. Peltzer, sin eludir la mención de algunos remotos y cercanos antecedentes (como la inasistencia de la Argentina a la conferencia de Washington de 1929 y el papel protagónico que adoptó nuestra diplomacia en las negociaciones de paz entre Bolivia y Paraguay tras la Guerra del Chaco), analiza la política que adoptaron al respecto los gobiernos conservadores argentinos entre 1936 y 1943. Con rigor crítico y excelente estilo literario, el autor despliega esa historia de desencuentros en la que se analizan cuidadosamente las posturas de cada parte y se hace un ponderado juicio de los episodios que fueron contribuyendo a fomentar mutuas asperezas.
Recuerda Peltzer que el tema de la política argentina durante la Segunda Guerra Mundial suele ser considerado como una cuestión derivada de la "inexplicable" decisión de la Casa Rosada de mantenerse neutral a pesar de la agresión a los Estados Unidos por parte de las potencias del Eje. "Sin embargo, ese conflicto ha sido algo mucho más amplio que una disidencia pasajera producida a partir del bombardeo de Pearl Harbor y terminada cuando el gobierno argentino del general Farell declaró la guerra al Japón y a Alemania. Lo que hubo en realidad fue un enfrentamiento político, un choque de voluntades entre los factores determinantes de la política del Estado argentino y el proyecto de la Casa Blanca de constituir una alianza solidaria continental."
El autor advierte que no ha sido su propósito defender ni atacar la política exterior de los gobiernos argentinos frente a los Estados Unidos, sino exponer opiniones vinculadas con el acierto o desacierto de actitudes concretas en circunstancias precisas. A lo largo del período que examina señala una cadena de decisiones adoptadas por la Casa Rosada en definida contraposición con los deseos y proyectos de la Casa Blanca. Ese encadenamiento, subraya, muestra una notable coherencia durante diez años. Durante ese período se sucedieron en el gobierno seis presidentes: dos civiles y cuatro militares; tres liberales, un conservador y dos nacionalistas, que tenían ideas bastantes diferentes en sus enfoques de la situación internacional.
Desde 1936, los sucesivos ocupantes de la Casa Rosada se opusieron resueltamente al presidente Franklin Delano Roosevelt en su propósito de instituir un sistema panamericano. Dice Peltzer que nuestro país no quiso o no supo insertarse en un nuevo ordenamiento del mundo occidental conducido por los Estados Unidos. Posiblemente, pesaba demasiado el antecedente de sus antiguas y comprometidas relaciones con Gran Bretaña, sin descartar las diferentes influencias doctrinarias entonces en boga ni la firme orientación pro europea, surgida en nuestros comienzos como nación y alimentada por la gran presencia de inmigrantes del Viejo Mundo y sus descendientes, que lo contemplaban y contemplan, sin demasiadas matizaciones, como un modelo soñado.
Destaca Peltzer que durante mucho tiempo la Casa Rosada trató de impedir que la zona de influencia norteamericana se extendiera hasta el extremo sur del continente. "En lugar de cooperar, como pudo hacerlo desde una posición destacada, con el gobierno de Roosevelt en la creación de una alianza de alcance continental intentó mantenerse fuera de todo compromiso que pudiera perjudicar su libertad de acción para tratar con las potencias europeas en la forma y en los tiempos que a los dirigentes argentinos les pareciera más conveniente."
Independientemente de la oportunidad o no de las actitudes asumidas por los gobiernos nacionales, se advierte la competencia y dignidad con que los representantes del país se condujeron en los foros internacionales y en la conducción de la política exterior argentina. El autor retrata con penetración y oportunos trazos a los principales protagonistas, y subraya sus respectivos rasgos psicológicos y orientaciones intelectuales.
Por todo lo expresado, este libro debe ser bienvenido en su intento de poner las cosas en su lugar. La no demasiado abundante bibliografía sobre la política exterior argentina se enriquece con esta obra que proporciona, además, un vasto aparato erudito en el que se sustentan las conclusiones y afirmaciones que Peltzer formula.




