Dúctil lirismo dramático
ESA CHICA Por Lilia Lardone-(Rubén Libros)-124 páginas-($ 22)
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Al escuchar por azar el diálogo que su suegra -mientras vela a su propio marido- mantiene con su abogado de confianza, la protagonista de Esa chica , de Lilia Lardone, cobra conciencia del lugar que ocupa en el seno de esa nueva y pretenciosa familia postiza a la que se incorporó por vía conyugal. Es que la suegra le ha dicho a su abogado: A esa chica nada, Moyanito. Esto es: la excluye no sólo de la herencia sino de la pertenencia misma a todo el clan familiar de los Olmos Dupré. Nilda Martini será siempre, para ellos, Esa chica
Esta novela de la autora cordobesa desarrolla con precisión, lirismo dramático y conmovedora sobriedad, la evocación que una Nilda gravemente enferma y con cincuenta años hace de su propia vida, desde su formación pueblerina -con los padres hundidos en la rutina y los magros proyectos personales siempre inalcanzables- hasta lograr el ansiado viaje a la capital, a esa Córdoba donde aprenderá inglés con la teacher Ruth. Y donde conocerá al abogado Martín Olmos Dupré e, insólitamente, se convertirá en su esposa.
Construída al modo de un diario íntimo que se despliega en dieciocho jornadas, la novela de Lardone conjuga hábilmente dos planos narrativos paralelos: el del recuerdo y el del conflictivo presente. Y lo hace con la maestría de una narradora avezada y sutil. No en vano la autora es, además, poeta y autora de relatos para niños. La tensión narrativa de Lardone se despliega aquí dentro de una estructura ligada, de algún modo al ámbito de la poesía, ya sea por su disposición en el espacio con cortes y líneas que suelen quedar en suspenso al modo de estrofas poéticas, como por llevar a un grado elevado el recurso de la elipsis: así el efecto de ambigüedad e incluso de misterio, o de secreto, que de a poco se desnuda va in crescendo . Todo ello refuerza el clima dramático de esta novela inquietante y permite develar, junto a la línea anecdótica central, el mundo íntimo de los dolores, la enfermedad, las hijas y las esperanzas cada día menos válidas, pero siempre obstinadas.
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