Dúctil para la intriga
LA MAGIA DEL GUERRERO Y OTROS RELATOS Por Olga Fernández Latour de Botas-(Corregidor)-110 páginas-($ 10)
1 minuto de lectura'
Pese a que el acápite del volumen especifica que se trata de un "Homenaje a Jorge Luis Borges", los buenos cuentos de este libro no tienen más influencias manifiestas del autor de "Jardín de senderos que se bifurcan " que de otros narradores de estas y otras latitudes. En los relatos se advierte la calidad de una mano avezada en las lides de la narración, dúctil en la intriga, a veces sintética y en ocasiones analítica.
El humor campea con comodidad y la sonrisa se esboza como otro recurso atractivo. En el cuento "Facultades alteradas", por ejemplo, un ilustre disertante es sorprendido dormido sobre sus papeles, luego de haber entrado en un aula equivocada para dar su conferencia. "Café de Flores" no pinta al parisino café del Boulevard St. Germain sino a uno del barrio porteño de Flores, en la calle San Pedrito, cuyo dueño, jugador empedernido, confía en que un sueño puede revelarle la clave de su fortuna. Con esa convicción, el personaje arriesga todo su dinero apostando al 5 ("el gato") y logra ganar simultáneamente lotería, quiniela y carreras. Con su fortuna, se marcha a España donde se convierte en propietario de un cortijo en Andalucía, al que llama, por supuesto, "El Gato".
En "Autobiografía del leonero Eugenio Iturralde" el misterio se esboza en un final inesperado, que sugiere la posible identificación entre la fiera perseguida durante años y el cazador. La sonrisa surge al leer "Los maestros del sabio", con el conferencista incapaz de recordar de dónde proviene una de sus frases predilectas. "Cartas de horror", de tono algo distinto pero siempre acertado, trasunta quizás una metáfora de una conjura terrorífica en la que una muchacha, que lee por curiosidad unas líneas, entró sin darse cuenta. "Esther y Felisa" acaso sea uno de los cuentos más singulares del conjunto.
El libro concluye con "Dos variantes de un ejercicio de hermenéutica ficcional en homenaje a Jorge Luis Borges" -una dilatada y otra breve- tal vez muy del gusto de la autora y quizás menos del lector.
En la contratapa O. F. L. de Botas aclara: "No se culpe a nadie por lo que [el libro] contiene ni por lo que omite [...]. Soy la única responsable de estas páginas". La salvedad es innecesaria: no parece tan fácil escribir con esa capacidad.



