Eduardo Sacheri, con un gran relato de la eterna adolescencia masculina

Humor, tristeza, barrio y melancolía en el nuevo libro del autor de La pregunta de sus ojos
Alejandra Rey
(0)
9 de agosto de 2011  

Utilizando una voz entrañable, de esas que hablan de la sabiduría del barrio, los amigos de la vida, la niñez compartida y el sufrimiento por la camiseta, el escritor Eduardo Sacheri cuenta una historia memorable en su nueva novela, Papeles en el viento , de Alfaguara.

Sacheri, el mismo que escribió La pregunta de sus ojos y Esperándolo a Tito , entre otros relatos, parece no haberse acostumbrado a la popularidad que le dio Juan José Campanella con el Oscar a la mejor película por El secreto de sus ojos y hace buenos chistes, mientras come ñoquis con crema y detalla pormenores de Papeles... , de cómo le cambió la vida y de por qué un delantero siempre va a cobrar más que un defensor en el fútbol mundial.

Es que la nueva historia de este hombre del conurbano bonaerense, profesor de historia en escuelas ignotas y fanático del club Independiente, habla en su nuevo libro de la amistad de tres hombres totalmente diferentes entre sí, que emprenden una patriada para recuperar algo del dinero del "Mono" -otro de la barra, que acaba de morir de cáncer-, que invirtió una fortuna comprando al juvenil Mario Juan Bautista Pittilanga con una indemnización.

Sacheri sabe que su parecido con Fernando, uno de los protagonistas y hermano del "Mono", es obvio, mientras que los demás personajes, como Mauricio, el abogado, están sacados limpiamente de esos tribunales de la ciudad donde el escritor trabajó durante cinco años.

"El «Ruso», en cambio -dice Sacheri del personaje más adorable-, tiene lo que yo admiro pero no me bancaría. El tipo es un optimista a prueba de todo y se endeuda, fracasa en los negocios y se pone contento cuando ve que todos abren lavaderos de autos iguales al suyo porque, total, a la larga van a terminar cerrando y él se va a salvar." Y agrega, con una risita, que su mujer y madre de sus dos hijos tiene algo del "Ruso", mientras que su vida es más melancólica, al mejor estilo de Fernando y de Independiente.

En su relato, Sacheri transita de Roberto Fontanarrosa a Osvaldo Soriano, dos escritores que admira, aunque él se ve más cerca del autor de Triste, solitario y final que del rosarino. "Lo que me interesó cuando comencé a trabajar estos personajes era demostrar que podés alejarte de la muerte, la del «Mono» en este caso, y seguir adelante", afirma.

Pero cuando LA NACION le señala que los amigos del libro tienen mucho de adolescentes, a pesar de ser gente grande, responde: "Pará, che, que somos hombres. ¿Acaso hay algo más allá de la adolescencia?". Y agrega: "Casi no hay mujeres en el libro, todo es muy masculino, especialmente por esa lateralidad que utilizan los personajes para acercarse a los temas que más importan, como la vida, la muerte o Dios. Y el fútbol es una hermosa tangente para entrarle a un montón de datos".

Sacheri dice que a él le importa mucho retratar su mundo, "ese horizonte suburbano donde me crié y vivo", y apunta que comenzó varias veces la novela, pero sólo le pudo poner la voz necesaria en 2010. ¿Y por qué costó tanto darle en la tecla? "Porque todos eran demasiado buenos. De ahí que el personaje que más dificultad me dio haya sido el de Mauricio, el abogado." Uno de los pasajes más memorables del libro es cuando el "Ruso" intenta convencer a Pittilanga de que juegue de defensor y no de delantero, con una lógica implacable, impensable para la mente femenina. Ese es el mundo de Sacheri, el mismo mundo de Metegol , el nuevo proyecto animado junto con Campanella.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.