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No tengo ni la más mínima pretensión de que la dirigencia, sobre todo la dirigencia política, entienda la enormidad del desafío al que se enfrenta la Argentina. Es decir, no pretendo que vean que no se trata solamente de la gravísima crisis económica (el 7,7% de inflación mensual es palmario). Es la crisis más un contexto en el que la inteligencia artificial ya habla, el cambio climático va a seguir dándonos años malos e internet le permite a los totalitarismos erosionar con fake news la democracia, que es la única forma de organización social y política que no se basa en fórmulas previas a la imprenta de Gutenberg.
Lo sí que me gustaría que entienda la dirigencia, sobre todo la dirigencia política, es que una sociedad organizada funciona sobre la base del ejemplo. Esta crisis no tiene una solución simple e indolora. Ya sabemos que no. Al que no lo sepa, hay que decírselo con franqueza. Se viene una tormenta. Votamos mal demasiadas veces y ahora enfrentamos una tormenta. Necesitamos templanza, firmeza y humildad en el timón, no gritos desquiciados ni eufemismos suavizantes. Necesitamos madurez y verdad. Necesitamos una enorme dosis de verdad, luego de tanto verso. Porque si el ciudadano no empieza a confiar, no hay medida económica que valga. Y los argentinos hoy solo podemos confiar en el ejemplo.
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