Ejercicios de lectura
OFICIO DE LECTURA Por Santiago Sylvester-(Alción)-193 páginas-($ 24)
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Oficio de lector abre sus páginas con dos epígrafes que resumen la idiosincrasia y la voluntad del libro: "con pocos, pero doctos libros juntos" (Quevedo); "leerás más como un lento venir viniendo que como una llegada" (Macedonio Fernández). Leídos por separado, o en la continuidad de una misma frase, estos epígrafes justifican los ejercicios de lectura que el poeta salteño Santiago Sylvester realiza sobre una variada gama de obras literarias, que incluye desde clásicos como el Quijote, la Eneida y la Odisea, hasta obras de la literatura argentina de los siglos XIX y XX.
Santiago Sylvester (1942) ha publicado numerosos libros de poesía y antologías poéticas desde 1963. Alejado del tono de la crítica académica e instalado placenteramente en los antojos de la lectura personal, Oficio de lector es un muestrario de las reflexiones, emociones y búsquedas que despierta el contacto con la literatura, sobre todo cuando ese contacto se exime de la rigurosidad de la teoría para desplegarse en el cruce de los conocimientos adquiridos y el placer de construir sentidos como lector.
Este "oficio" que Sylvester plasma por escrito en los breves ensayos que componen el volumen no está, sin embargo, despojado de todo posicionamiento. Dado que es imposible leer "desde fuera de este mundo" o abstraído de las propias matrices culturales, se pueden encontrar en el libro motivaciones previas que guían la elección de las obras y la interpretación a la que se las somete. Por un lado, el acercamiento a los clásicos sigue el interés por rescatar pequeñas frases, imágenes secundarias o fragmentos que permitan extrapolar conclusiones sobre el arte, el conocimiento y la historia. Así, el hipo de Aristófanes en El Banquete de Platón, la huida de Eneas con su padre en hombros en la Eneida, o la mirada laica que habita en las obras de Shakespeare son analizados con agudeza dispar, riesgo que a veces implica la revisión de los grandes temas.
Por otro lado, las lecturas de Mallarmé, Baudelaire, Rilke, Eliot y Ponge no sólo siguen el evidente interés de Sylvester por la poesía, sino que a su vez indagan en conceptos que aporten armas para pensar el curso y la función de la poesía en la actualidad. En estos artículos se esbozan ya algunos temas que dominarán el último apartado, "La dificultad de la ruptura", donde Sylvester indaga en las posibilidades (o imposibilidades) de la poesía actual para innovar radicalmente en lo formal y producir quiebres. Alertando contra aquello que Octavio Paz llamó "tradición de la ruptura" y que Macedonio Fernández también catalogó como "la rutina de innovar", Sylvester sigue, no obstante, añorando la idea de "escándalo" y de "molestia" que producía el arte de vanguardia. Y en función de ese anhelo, sostiene: "Hoy el poeta (el artista) se enfrenta, por una parte, a la imposibilidad de volver a hacer lo ya hecho y, por otra, a la dificultad de proponer un cambio radical de la sensibilidad, una nueva formulación, sin que fracase por ingenuidad; y la ingenuidad en arte es, como se sabe, imperdonable". Su invocación de la ruptura no tiene, empero, la mira puesta en las generaciones más jóvenes de poetas, jamás atendidas en el volumen.
En el segundo apartado del libro, llamado "El lector y su tierra", el autor se concentra en la producción poética del noroeste (particularmente, la de Salta). Trabajando sobre el concepto de "región", que aúna no sólo constantes geográficas sino también prácticas, hábitos e imaginarios culturales comunes, Sylvester reseña diferentes momentos de la literatura salteña, con un interés múltiple: encontrar los rasgos específicos que distinguen esa poesía regional de otras, difundir el valor literario de poetas olvidados o aún escasamente estudiados, rescatar la influencia de las coplas y de la cultura oral en la producción escrita del lugar. Si bien el análisis no avanza más allá de las generaciones de poetas del 40 y del 50 (grupos La Carpa y Tarja) y no informa sobre el surgimiento de nuevas voces actuales, Sylvester sostiene, en la mayoría de los artículos, que "los mejores momentos culturales que ha tenido Salta han venido de la apertura", esto es, de la mixtura entre lo regional y lo cosmopolita. Categorías, acaso, demasiado apegadas al momento histórico que se revisa y de las que el autor, al igual que con el concepto de "ruptura", no toma suficiente distancia.




