
El amor, la rabia y la verdad
En la biografía Elsa Morante. Una romana (Circe), de la que ofrecemos un fragmento, la autora cuenta las peripecias dramáticas de la vida de la gran escritora italiana, analiza sus obras y las relaciones que mantuvo con los principales intelectuales de la época
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Elsa Morante y Alberto Moravia se conocieron en 1937, el mismo año -como señaló el propio Moravia- que Hitler conoció a Mussolini. De hecho, no mucho tiempo después, un día de junio de 1938, Elsa Morante recordó que Mussolini y Hitler habían desfilado juntos en una limusina descapotable que pasó justo por debajo de la ventana de su piso y que ella había conseguido atisbar "las dos horribles cabezas, ambas brillantes bajo el sol, una redonda, blanca y grasienta como un queso y la otra, no tan rubia como yo esperaba, reluciente por la brillantina". Ella había preparado un jarro de aceite hirviendo en su calentador y estaba lista para arrojarlo sobre las dos cabezas, pero en el último momento Moravia la disuadió y la convenció de la "absoluta tontería que era eso". Cuando se conocieron, ella vivía en la via del Corso con un hombre mayor, y ya había tenido varios amantes. En realidad, Elsa se inventó una historia increíble para contar a Moravia, sin duda para intrigarlo, pero él se la creyó. Le dijo que había estado enamorada de un joven lord inglés que era homosexual y que había sido asesinado delante de ella por su amante.
En su autobiografía, Moravia menciona repetidas veces lo pobre que era Elsa cuando él la conoció. Tan pobre era que él le dio uno de sus trajes, uno "marrón con rayas blancas", que ella convirtió en un tailleur para sí. [...] Pero casi al mismo tiempo, Moravia recordaba lo elegante que Elsa lucía cuando se ponía un ajustado vestido negro con una hermosa piel de zorro azul. No obstante, estas disparatadas descripciones de la ropa de Morante sirven para confirmar que ella tiene que haber vivido al día durante esos años.
Pronto Moravia y Morante fueron reconocidos como pareja. Todas las noches cenaban en algunas de las diversas y baratas trattorie con sus amigos -los pintores Giuseppe Capogrossi, Toti Scialoja y Renato Guttuso, y los escritores Mario Pannunzio, Vitaliano Brancati y Sandro De Feo-. Como todos ellos eran ardientes antisfascistas, pasaban la mayor parte de las cenas condenando a voz en cuello el régimen y las leyes antisemíticas que Italia había adoptado en 1938. Éstas, que constituyeron el paso más sorprendente de la radicalización del fascismo, afectaron a muchos intelectuales: uno de cada doce profesores universitarios hubo de abandonar su cátedra. Pero el citado grupo de antisfascistas no hizo nada, como si padecieran de parálisis. Moravia recordó cómo él y sus amigos esperaban que sucediera algo terrible, pero ninguno fue capaz de prever los horrores concretos que habían de producirse con la ocupación de Europa llevada a cabo por los alemanes. [...]
También por esa época, y pese al éxito de su primera novela, Los indiferentes , Moravia tenía muy poco dinero. Vivía aún con sus padres, lo cual en Italia no era inusual para un soltero de treinta años. Sin embargo, fue también la razón incidental y no particularmente halagadora que Moravia dio para casarse con Elsa, ya que Roma, según él, había sido inusualmente fría en el invierno de 1940-1941 y apenas podía ir andando todas las noches de la casa de Elsa a la de sus padres. Años después, en una serie de conversaciones que mantuvo con Alain Elkann, que constituyeron la base de su autobiografía, Alberto Moravia también alegó que nunca había estado enamorado de Elsa Morante. Lo que dijo fue: "La quería, sí, pero nunca perdí la cabeza por ella: en otras palabras, nunca me enamoré. Ella lo sabía y tal vez ésa fue la razón principal de las dificultades que tuvimos en nuestra vida en común. Yo no estaba enamorado, pero sí fascinado por su carácter extremo, entregado y apasionado. Era como si cada día de su vida fuera a ser el último, justo antes de morir". [...]
En lunes de Pascua, 14 de abril de 1941, día que en Italia se conoce como el Lunes del Ángel, Elsa Morante y Alberto Moravia se casaron en la Chiesa del Gesù. [...]
Ese mismo año, Elsa Morante tradujo al italiano una selección póstuma de historias cortas de Katherine Mansfield titulada Scrapbook [El cuaderno de apuntes]. No cabe duda de que hizo ese trabajo movida por una necesidad financiera y también por una compartida sensibilidad estética. Tanto Morante como Mansfiel creían que la fuerza principal de un cuento radicaba más en el humor y el ambiente que en la trama o la acción, que idealmente debe acabar en "un momento fulgurante" (en palabras de Mansfield) o en una epifanía. Además, ambas escritoras admiraban a Chéjov y se habían sentido influenciadas por él, a lo que hay que añadir que, en un momento en que estaba de moda la escritura experimental, ninguna de las dos trascendió las barreras del estilo de prosa clásico, aunque experimentaron con técnicas de narrativa. [...]
Al año siguiente, 1942, apareció el libro de cuentos infantiles de Elsa Morante, Las extraordinarias aventuras de Caterina ( Le bellissime avventure di Cateri dalla trecciolina e altre storie ), publicado exactamente como ella lo había escrito e ilustrado años antes en la escuela. [...]
En Roma, Alberto y Elsa vivían en un ático de dos habitaciones en la via Sgambati desde el que tenían una vista maravillosa de los jardines Borghese, pero que era demasiado pequeño para permitirles trabajar a cada uno por su cuenta. En consecuencia, durante los primeros años de casados, pasaban mucho tiempo en Capri, que gracias a la hermosura de su tierra y de su mar, y a ser barata, les proporcionaba una suerte de consuelo, sobre todo en tiempos de guerra. [...]
Como tenían muy poco dinero, iban andando a todas partes -subiendo por la empinada y sinuosa carretera que une Capri con Anacapri- y a menudo peleando todo el tiempo. Moravia trabajaba en su novela Agostino y Elsa había empezao a escribir su primera novela, Menzogna e sortilegio, de ochocientas páginas. [...]
Elsa Morante siempre adujo que, en esencia, había tres categorías de personas: los Aquiles, hombres que viven sin pasión alguna; los Don Quijotes, que viven sus sueños; y, por último, los Hamlet, que todo lo cuestionan. Moravia, según Elsa Morante, era en parte Hamlet y en parte Aquiles, mientras que ella misma era Don Quijote. Además, se quejaba del "desentendimiento incurable" de Moravia.
Aunque Moravia se había declarado antifascista ya en 1935 y había manifestado su simpatía por el Partido Comunista, no participó de forma activa en la guerra. No cabe duda de que su pronunciada cojera -había tenido una tuberculosis ósea cuando niño y le había quedado una pierna varios centímetros más corta que la otra- le sirvió para que lo considerasen no apto para el servicio activo, y que otra razón fue su carácter desentendido. [...]
Luchino Visconti
Elsa Morante tenía un tremendo sentido del humor y la diversión. [...] Otro conocido personaje a quien también le gustaba jugar era el carismático y aristocrático director de cine Luchino Visconti. ...ste tenía una hermosa casa en Ischia llamada La Colombaia, cuyo jardín rebosante de hortensias azules llegaba hasta la orilla del mar, y una villa en Roma, en la via Salaria, que estaba llena de mastines y una ecléctica variedad de antigüedades espléndidas (era un ávido coleccionista y tenía un gusto maravilloso). [...] Entre los invitados regulares de Visconti, que llegaron a conocerse como su "grupo" figuraban Walter Chiari, Paolo Stoppa, Rina Morelli y Massimo Girotti, además de Suso Cecchi d´Amico (su guionista), Franco Zeffirelli (su asistente que, con posterioridad, también fue director de cine), Antonioni y, durante un tiempo, Elsa Morante, que se enamoró de su apuesto anfitrión. [...]
Según Moravia, durante los años que estuvo enamorada de Visconti, Elsa pasaba todo el día en la casa de él, en la via Salaria, tomando parte en su vida. Regresaba a la suya avanzada la noche y como Moravia por lo general estaba despierto, ella solía sentarse a los pies de la cama para contarle con todo lujo de detalles lo que había acontecido ese día entre ella y Visconti. Y Moravia la escuchaba, según dijo, "como un amable amigo". Elsa le contaba, por ejemplo, que cuando Visconti la miraba, se conmovía al punto de que le temblaban las piernas. Aunque Moravia reconoció que esas confesiones íntimas lo perturbaban, también aclaró que hacía años que él y Elsa no tenían relaciones íntimas, lo que para él era equivalente a que entre ellos todo se había acabado. Pero aun así él insistía en que entre ambos perduraba lo que llamaba una "simbiosis existencial", que hacía comprensible absolutamente todo, incluso la infidelidad. Al cabo de dos años, Elsa dijo a Moravia que lo dejaba para ir a vivir con Visconti. El día señalado para encontrarse Elsa y Visconti y marcharse juntos, él no se presentó y Elsa se quedó con Moravia. [...]
Hacia mediados de los años cincuenta, Moravia era ya una conocida figura pública en Italia y poco a poco se fue distanciando cada vez más de Elsa por las múltiples tareas que tenía como crítico de cine, escritor de libros de viajes y fundador, en 1953, junto con Alberto Carocci, de Nuovi Argomenti , una revista de izquierdas, financiada por Adriano Olivetti y basada en Les Temps Modernes , de Sartre, cuyo objetivo era publicar obras que representasen la nueva cultura italiana en los campos de la pintura y la antropología, así como también en el de la literatura. Pero Moravia también se quejaba de aburrimiento. Admitió que sus sentimientos por Elsa se enfriaban, atribuyéndolo a la preferencia que Elsa tenía por "lo excepcional" y por los "momentos apasionados" de la vida. Según dijo, cuando habían estado ocultos durante la guerra "en Sant´Agata. Elsa se había encontrado en su elemento: peligro, devoción, sacrificio y desprecio por la vida. Pero en Roma la vida cotidiana le hacía perder la paciencia y se ponía difícil, intolerante y hasta cruel". A modo de ejemplo de la crueldad de Elsa, Moravia contó que una vez, cuando estaban en el hotel Pont-Royal de París, ella empezó a lamentarse y después simuló desvanecerse, por lo que quedó tendida en el suelo de la habitación, al parecer inconsciente -tal vez para castigar a Moravia por algo malo que hubiera hecho- mientras él intentaba que recuperase el conocimiento. Moravia llegó incluso a llamar a varios médicos, pero era domingo y justo cuando empezaba a desesperarse y a no saber qué hacer, Elsa abrió los ojos y empezó a reírse..., y no de manera jocosa, sino malvada. Y Moravia añadió que también en sus ojos podía verse la maldad.
Pier Paolo Pasolini
Durante muchos años, Pier Paolo Pasolini fue el mejor amigo de Elsa Morante. También fue el hombre más insultado, discutido y comentado de toda Italia y, con toda probabilidad, el más incomprendido. [...]
Pier Paolo Pasolini era cariñoso en extremo. Quería a Elsa y se veía con ella casi todos los días. Cuando se veían, se comunicaban por versos. Pasolini le envió una vez una poesía con forma de rosa y ella le contestó con un madrigal con forma de gato. Además, se contaban los sueños y trataban de interpretarlos. Pasolini puso de manifiesto el profundo afecto que tenía por Elsa cuando escribió: "¡Qué placer!" Nos vemos casi todos los días y encontrarme con ella siempre me da una sensación de fiesta, como si regresásemos de largos viajes. Aunque no pensemos en ello, en el fondo es siempre un milagro encontrarse". [...]
Elsa Morante y Pasolini compartían su obsesión por decir la verdad y el amor por los juegos, pero lo más importante era que les interesaban por igual las religiones y las filosofías orientales y que ambos tenían una teoría similar de la realidad, sobre la que les gustaba intercambiar opiniones. Para Morante y para Pasolini, la oposición entre lo real y lo irreal era más significativa que la oposición entre la vida y la muerte. Creían que sólo importaba lo auténtico, lo concreto, por doloroso o desgraciado que fuera.
© LA NACION
[Traducción: Beatriz López-Buisán]
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