
El arte de crear efectos sonoros en vivo
Casi por casualidad, Joaquín Segade descubrió un oficio inexplorado en la escena teatral independiente: realizar efectos sonoros en vivo, al estilo de los viejos radioteatros. Todo comenzó el año pasado cuando María Merlino y Diego Lerman lo convocaron para el espectáculo Qué me has hecho, vida mía, extraordinario retrato del ascenso y la caída de la actriz Fanny Navarro. "Tenía más preguntas que respuestas", recuerda el músico. Un año después del estreno, la obra continúa en cartel los sábados, a las 20, en La Carpintería. El trabajo de Segade, preciso como un mecanismo de relojería, cosecha tantos aplausos y reconocimiento como la actuación impecable de Merlino.
El proceso creativo de los efectos fue simultáneo al desarrollo de la puesta en escena. Entre febrero y julio de 2012, Segade ensayó junto con el director y la protagonista. "A medida que avanzaba el texto, Lerman me pedía un sonido específico: una tormenta o una manifestación. Para cada uno me exigía ocho variantes. El verdadero trabajo lo hacía en mi casa y en el taller de mi papá, que fue jefe de Escenografía del Teatro San Martín durante cuarenta años. Ahí encontraba toda clase de materiales. Con un envase de cartón de dulce de leche pastelero, por ejemplo, imité el latido de un corazón."
Inspirado en unas grabaciones de Ernesto Catalán, "el dios de los efectos del radioteatro", Segade inventó varios ruidos y ruiditos. Cada uno tiene su historia: "Para hacer el sonido de un tren, el que más le costaba a Catalán según contó en una entrevista, experimenté con dos lijas gruesas. Para probarlo, llamé a mi mamá (la actriz Marta Lubos) y mi papá (Néstor Segade) y les pregunté qué era eso que escuchaban. ?Un tren", me dijeron. Todo fue así; búsqueda, prueba, errores y aciertos. Para imitar la bocina de un coche antiguo no quería usar una de bicicleta, que era una opción; quería crear el efecto. Así que hice un instrumento con un tubo de PVC, un globo y una botella".
Las intervenciones de Segade en Qué me has hecho, vida mía incluyen breves apariciones en escena. Aunque su laboratorio está a un costado, por momentos su presencia cobra protagonismo y el público lo festeja. Los pasos de una mujer que camina con tacos altos son el hit del espectáculo. "Son zapatos rojos, número 43, de travesti. Me llevó bastante tiempo aprender a caminar ahí arriba, con elegancia. Me acostumbré, pero al principio me daba tendinitis", revela.
Este año, acompaña a Merlino y a tres músicos en Quedémonos aquí, un recital de canciones antiguas, donde recrea sonidos ambiente. Quien quiera verlo en acción tendrá la oportunidad el domingo 18, a las 22.30, en La Carpintería, pequeña sala del Abasto, ubicada en Jean Jaurès 858.





