El arte social, en la mirada de Juan Rulfo
Se inauguró una muestra en el museo Fernández Blanco
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El legado artístico de Juan Rulfo va más allá del derrotero de ese personaje trágico llamado Pedro Páramo y de un puñado de cuentos contenidos en "El llano en llamas".
Al igual que en su literatura, Rulfo fue un fotógrafo profundo y medido en su producción. Pero sobre todo fue un intérprete sensible de ese México agreste y rural, rico en testimonios de culturas milenarias y poblado de mestizos e indios laboriosos, de personas social y económicamente marginadas, pero llenas de dignidad y orgullo por su condición.
Esa misma estética social de un México de grandes contrastes, pero vital, es lo que rescató Rulfo en los años 40 a través de la lente de su cámara Rollei. Y es la que puede apreciarse en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, que ayer inauguró una muestra sobre su obra fotográfica.
Son 80 imágenes en blanco y negro, exquisitamente colgadas sobre textos del escritor y artista mexicano, que recorren las tradiciones y quehaceres rurales de los herederos de los mayas, aztecas y otomíes.
Fueron cinco años -de 1947 a 1952- de intenso peregrinaje por los recodos del México posrevolucionario, en los que un Rulfo vendedor de llantas de automóvil se tomaba tres, cuatro días, para disparar una toma. Una exigencia y cautela similares a las de su prosa.
El impacto de la imagen
Rulfo refleja también en sus fotografías el impacto negativo que les atribuía a los caciques de su tierra, a los que consideraba herederos deshonrosos del español vividor.
Por contraposición, el autor rescata en las imágenes la identidad de los pueblos originarios, sus monumentales obras arquitectónicas, los férreos lazos familiares, las costumbres y celebraciones rurales, la vida de un México también desértico, erguido en adobe, piedra, tierra y empedrado. La pobreza material junto a la alegría y riqueza de un espíritu que se regocija con la música.
Autodidacto, Rulfo fue un fotógrafo atento al detalle. Sin embargo, las composiciones de sus imágenes parecen más bien registros azarosos, por su espontaneidad.
Así, por ejemplo, aparecen los arrieros en calles polvorientas; el volcán Paricutín en erupción, junto al campanario de una iglesia; los paisajes y vistas de Oaxaca. Imágenes que los seguidores del mexicano no deberían dejar de apreciar.
La muestra, realizada con el apoyo de la Fundación Rulfo, la embajada de México y la Secretaría de Cultura porteña, puede ser visitada hasta el 30 de noviembre, en Suipacha 1422.



