
El dibujo conquista su lugar
Exquisita muestra de la colección de la Fundación Mapfre en el Museo Nacional de Bellas Artes con obras de Dalí, Picasso, Regoyos, Delaunay y Julio González
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El español Pablo Jiménez Burillo tiene pasión por el dibujo. Llegó a Buenos Aires acompañando la coleccion Dibujos españoles de la Fundacion Cultural Mapfre Vida, que se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes. Resulta curiosa la referencia del título de la muestra porque los dibujos no son todos españoles, si bien la intención del curador Jiménez era reunir obras de la primera mitad del siglo XX, que no estaban comprendidas ni en las colecciones del Museo del Prado ni en el Centro de Arte Reina Sofia que es, en esencia, el Museo de Arte Moderno de España.
La tentación fue demasiado grande para Pablo Jiménez cuando pasaron por sus manos obras de Sonia Delaunay y de los orientales Barradas y Torres García, pero dejó la calificación como una marca de fábrica. Considerado por años como un arte menor, Jímenez ha tenido la delicadeza de poner en valor estas obras exquisitas cuidando al mismo tiempo su presentación. En cada caso, los marcos fueron elegidos por él mismo y mantiene una relación de formato que gana valor en el conjunto. En 1997, la Fundación Mapfre inició la colección con el asesoramiento de Leandro Navarro, galerista de respeto, y de Paco Calvo Serraller, crítico de El País, de Madrid. No se trata de un proyecto cerrado sino que, como admitió Jiménez, está abierto al encuentro de diversas visiones de la modernidad.
En sintonía con lo que sucede con casi todas las empresas españolas, basta nombrar los casos de Telefónica o de la Caixa de Madrid -que encargó a los suizos Herzog & DeMeuron el reciclaje de una usina en el barrio de lavapiés para colgar sus muestras-, la Fundacion Mapfre ha sellado un compromiso con el arte. La colección de dibujos que se exhibe en el Bellas Artes, acompañada de un excelente libro catálogo, reúne expresiones de las vanguardias, del constructivismo y del dibujo académico, clásico. El mejor ejemplo es el dibujo que ilustra este comentario: Retrato de Manolito Pendás. El muchacho está apoyado en la balaustrada de un barco y la mirada vaga por el horizonte lejano; sólo la calidad magistral del trazo de Darío de Reboyos puede expresar con tanta soltura esa pose de abandono con una pierna cruzada sobre la otra. Integrante del grupo de los XX (Bruselas fines del siglo XIX), Reboyos es un moderno de ley. La colección suma a las cumbres de Juan Gris, Picasso y Dalí obras de Ortiz, Sandalinas y Joaquín Peinado, buenísimos dibujantes todos. Un caso aparte: Julio González, un maestro capaz de "esculpir" con tinta china.

