El difícil arte de la trama policial
La autora de la exitosa serie "El alfabeto del crimen", Sue Grafton, reflexiona sobre el género thriller y las múltiples investigaciones que exige cada una de sus novelas
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Es una de las escritoras de novelas policiales más exitosas y reconocidas del mundo. Nació en 1940 en Louisville, Kentucky, la misma ciudad que daría al máximo campeón de boxeo de todos los tiempos, Muhammad Ali (la escritora es apenas dos años mayor que él). Se casó muy joven y padeció, años después, un divorcio muy complicado. Tanto que, para quitarse el odio de encima -la custodia de los hijos estaba en juego-, hizo algo que aconseja a todo aquél que tenga ganas de asesinar a alguien: escribir una novela donde pueda hacer realidad sus más oscuros deseos. "Así me ahorré un engorroso problema con la justicia", bromea.
Esa novela fue A de adulterio (1982), la primera de una exitosa serie llamada "El alfabeto del crimen". Lo que siguió está a la vista en las librerías de 26 países: B de Bestias , G de Guardaespaldas , P de peligro ... Sue Grafton tenía poco más de 40 años cuando publicó aquel primer libro, aunque en realidad escribía desde los 18, sobre todo guiones para Hollywood. De esa época aprendió algo que le quedó algo muy claro: jamás vendió ni venderá los derechos de sus novelas. No permitirá que la industria -a la que conoce bien y desde adentro- fagocite y pase por la licuadora a un personaje del carisma de su detective privada de California, Kinsey Millhone.
Con la irónica, firme y elegante Grafton no hay medias tintas. Se ve, en su porte y su vivacidad, que desde siempre practica una estricta disciplina diaria. Y no sólo como escritora. Cada mañana sale a correr por la playa -vive en Santa Bárbara- y, atención con ella, no es broma, se ha entrenado con pistolas y en técnicas de lucha para estar a la altura de su personaje.
-¿Cuál es el secreto de Kinsey? ¿Por qué cuenta con legiones de admiradores por todo el mundo?
-No hay ningún secreto. Creo que lo mejor de ella es que es una muchacha con los pies en la tierra. No es pretenciosa, no es una superheroína, sufre los mismos problemas que los demás, no es egocéntrica, ni mucho menos una belleza de larga cabellera. Es honesta y tiene una mirada honesta sobre los demás. Jamás me propuse hacer de ella un personaje modelo. Y la verdad es que no pocos hombres y mujeres se sienten identificados con su persistencia, su coraje y su determinación.
-Cuando usted dio vida a esta muchacha, corrían los años 80 y ella tenía 32 años. El mundo ha cambiado mucho desde entonces, y sus libros registran esas transformaciones. ¿Considera que sus novelas combinan la lógica del thriller con la investigación histórica?
-Sí, son novelas que me exigen muchísima investigación. Puede parecernos que 1998 fue ayer, pero el mundo ha cambiado de manera brutal. En 1998 había algunas computadoras, pero Internet no se conocía ni se utilizaba como hoy. Había teléfonos celulares, pero eran grandes, pesados y de cobertura muy limitada. Las máquinas de fax funcionaban lentamente? Todo esto hace que Kinsey sea una investigadora de la vieja escuela: mucho trabajo previo, mucha planificación, análisis y también ingenuidad.
-Pero también hay otros temas que han cambiado: la moda, los automóviles, las relaciones entre hombres y mujeres. En S de silencio, usted hace un doble trabajo. Se remonta a los años 80, y también a los años 50, en un asfixiante pueblo donde todos los hombres están detrás de lo que, en ese entonces, era una mujer fatal. Todo aparece magníficamente recreado.
-Una gran parte de mi trabajo de documentación lo hago a través de Internet. También, si tengo dudas sobre cómo funcionaban las computadoras en esa época, llamo a mi experto en computación. Consulto muchos textos sobre moda, arquitectura y avances tecnológicos. En mi biblioteca tengo libros sobre muchísimos temas: huellas dactilares, balística, investigación de la escena del crimen. Y cada libro refleja el conocimiento que había de esos temas en esos años.
-En su última novela traducida al español, T de Trampa, usted aborda un tema muy doloroso y muy delicado: el maltrato a las personas mayores.
-Escribir esa novela fue muy difícil. Tenía en mente seis argumentos diferentes y tuve que investigar para cada uno de ellos. Intentaba buscar una forma narrativa que los uniera, pero nada me parecía bien. Llegué a tirarme de los pelos y a retorcerme las manos. Hasta que un día me dije: "¡Basta de quejarte y elige sólo uno!". Y bien, el abuso que sufre la gente de edad es un tema difícil, oscuro. Escribí sobre él con cierta aprensión, pero me propuse seguir adelante, más allá de mis dudas y recelos. Finalmente, parece que la historia acierta en el tono y sintoniza con muchos lectores que tienen o han tenido este problema respecto a la gente de edad avanzada.
-Kinsey, que tiene grandes amigos octogenarios, se siente muy mal cuando advierte que su anciano vecino está sufriendo abusos por parte de una enfermera. Pero usted tiene una forma muy especial de tratar la violencia en todos sus libros. Como si en principio no fuera a pasar nada malo. Todo transcurre de manera muy apacible, casi inofensiva.
-Entiendo su punto de vista. Yo veo la violencia dentro de un contexto. Claro que es un componente dramático, pero no significa nada en sí misma si no se han buscado las razones para la lucha, el enfrentamiento, y si no se han investigado los caracteres. Trato de trabajar lentamente, llevando el conflicto al punto en que la violencia es inevitable.
-¿Cómo pudo concebir a alguien tan horrible como la enfermera Solana?
-Nunca he conocido a una mujer como ella, pero sé que existen. Estoy muy interesada en las personalidades sociopáticas: personas que carecen de empatía, de conciencia y consideración por los demás. Las Solanas de este mundo miran a los demás como un medio para beneficiarse, para vivir a expensas de ellos. Solana, en este libro, se aprovecha de la indefensión y de la soledad de un hombre anciano.
-Tengo entendido que usted lee manuscritos de jóvenes autores. ¿Qué le parecen? ¿Cuál es el error más importante que puede cometer un aspirante a autor de novela negra?
-Uno de los más grandes errores que comenten los autores noveles es dejar a un lado la investigación. Muchos de los manuscritos que llegan a mis manos están escritos por autores que se han limitado a mirar la tele basura. Y por eso salen libros burdos, cosas de amateurs que, sin embargo, esperan obtener fama, gloria y riqueza. Mi postura es advertirles, recordarles que están ante un trabajo muy duro. Nada es fácil en este mundo, y escribir novela negra y policial está en el primer puesto de la lista de los trabajos más duros. Considero que los autores de novelas de detectives son los neurocirujanos de la literatura. El trabajo es delicado, intrincado, requiere pulso firme. Se trata de formularse la historia desde cada ángulo y de estar seguro de cada movimiento.
-¿A qué escritores admira?
-Leo con atención a todos los autores que tienen series protagonizadas por un mismo policía o detective. Soy fan de P. D. James, de Ruth Rendell, de Michael Connelly, John Harvey y Lawrence Block. Mi escritor favorito es Elmore Leonard, por su capacidad para el diálogo y su comprensión de los bajos fondos. Y, fuera del género, soy una gran admiradora de Stephen King, uno de los mejores escritores actuales de Estados Unidos.
-¿Alguna vez Kinsey sucumbirá al matrimonio?
-No tengo idea de qué le aguarda en su vida sentimental. Voy siguiéndola paso a paso en su camino. No soy yo la que decide, es ella. Me gusta su independencia y su forma de manejarse como mujer soltera. Ya veremos.
-Usted tenía 40 años cuando creó a Kinsey. Hoy está felizmente casada -desde hace un buen tiempo-, recibe a sus hijos y nietos en casa. ¿En qué más ha cambiado usted desde aquel primer libro?
Sue Grafton me mira y sonríe, sarcástica. Luego de una pausa, en la que espero una reflexión personal y profunda sobre el fluir de la vida, concluye, con voz de villana de bajos fondos:
-Ahora tengo más dinero.
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