El espíritu de la poesía

DESNUDA Y AGUDA DULZURA DE LA VIDA Por Sophia de Mello Breyner Andresen-(Adriana Hidalgo Editora)-Sel. y trad.: D. Bellessi-272 páginas-($ 24)
(0)
25 de mayo de 2003  

Sophia de Mello Breyner Andresen es una de las grandes poetas portuguesas. Nació en Porto en 1919, en el seno de una familia aristocrática. Su afición por el mar griego y la luz azul del Mediterráneo, poblada de antiguos dioses, comenzó con la temprana lectura de Homero, en una traducción de Leconte de Lisle. Acaso ese interés la animó a seguir estudios de Filología Clásica, pero los abandonó, reservando toda su atención a la poesía, donde aquel mundo cultural reaparece de un modo menos erudito que material. De formación católica, reservó para el poema una tensión pagana que en ciertos momentos es tributaria de la breve obra de Ricardo Reis, heterónimo de Fernando Pessoa.

Su breve carrera política estuvo vinculada, antes que a una orientación partidaria, a una concreta acción cívica. Luchó por la llegada de la democracia a Portugal, fue diputada por el partido socialista para la Asamblea Constituyente de 1975 y ese mismo año fundó la Comisión Nacional de Apoyo a los Presos Políticos. Fue un ejercicio de libertad, que para Sophia nunca estuvo demasiado alejado de un acto estrictamente poético y, a la vez, espiritual. "La poesía -declaró- es una de las raras actividades humanas que, en el tiempo actual, intentan salvar cierta espiritualidad. La poesía no es una religión, pero no hay poeta, sea o no creyente, que no escriba para la salvación de su alma -comoquiera que dicha alma se llame: amor, libertad, dignidad, o belleza." Hace ya mucho tiempo es la poeta más reconocida de su país, ganadora, entre otras distinciones, del premio Cam›es en 1999 (el más importante de la literatura en lengua portuguesa) y una gran candidata al premio Nobel de literatura. Por fortuna para los lectores de lengua española, la poeta Diana Bellessi seleccionó y tradujo esta rica antología bilingüe de la poesía de Sophia de Mello Breyner Andresen, que recorre buena parte de su Obra Poética (la que fue reunida en tres volúmenes hacia 1991 por la Editorial Caminho, de Lisboa).

En esta poesía la exterioridad del mundo es el sendero propicio para hallar la más plena manifestación del ser. En las cosas, en la luminosidad que se abre en todos los contornos, en las mareas y los follajes y las sombras de las piedras, en aquello brindado a la atención, el poeta alcanza una aspiración máxima: la participación en lo real. La poesía es un arte del ser, dice Sophia de Mello. No habla de una vida ideal, sino de una vida concreta. Su realidad radica no sólo en la manifestación de lo bello, sino también de lo monstruoso, y en ese equilibrio el mundo se sostiene: "Mas por más bella que sea cada cosa/ tiene en sí un monstruo suspendido." En ese orden participa lo divino. O acaso la divinidad misma se manifiesta como un orden, y no como un caos indiscernible, dado que la realidad obedece a esa proyección genesíaca del ser alentando en las cosas: "Como en un caracol el rumor del mar/ Lo divino susurra en el universo/ Algo emerge: primordial proyecto." Por ello la presencia de los dioses griegos, como nostalgia de una materialidad penetrada por lo sagrado, es un rasgo esencial de esta poesía. Sin embargo, el universo cultural de Sophia de Mello es voluntariamente cristiano, aunque obliterando el sentido intrínseco de la culpa y del sacrificio. "No soy pagana aunque he aprendido mucho del paganismo griego -declaró-. Por ejemplo, a amar la tierra y a considerarla sagrada. Soy una católica que no cree que la tierra es un valle de lágrimas. En el mundo hay cosas horribles, pero también está, en primer lugar, la alegría de la existencia."

Así, la concepción del poema es afirmativa y celebratoria. Anima en el lenguaje ese mundo de plenitud. De hecho, cuando el poema se ajusta al sentido implícito del mundo, que es trascendente, las palabras son únicas, necesarias, indispensables: "se alzan las cosas nombradas/ por la desnudez de las palabras deslumbradas." En la medida en que coincide con el mundo, el yo del poema coincide consigo mismo y cumple su unión verdadera con lo real. La libertad humana consistiría en esta búsqueda: mantenerse alerta en esta permanencia, sin desvíos, sin que los crímenes de la historia, las desmesuras de los imperios, las traiciones y los fraudes, la enajenación de la guerra y sus desastres, Treblinka o Hiroshima, disloquen definitivamente la coincidencia en el ser. Una poesía como ética humanista, que no acepta la fatalidad del mal: "Si frente al esplendor del mundo nos alegramos con pasión, también frente al sufrimiento del mundo nos rebelamos con pasión", escribió. La frase no es ingenua: ocurre que la época se volvió demasiado cínica y brutal.

Además de escribir narrativa, ensayo y cuentos para niños, Sophia de Mello Breyner Andresen publicó los siguientes libros de poemas: Poesia (1944), Dia do Mar (1947), Coral (1950), Tempo Dividido (1954), Mar Novo (1958), Cristo Cigano (1961), Livro Sexto (1962), Geografia (1967), Grades - Antologia de Poemas de Resistência (1970), 11 Poemas (1971), Dual (1972), O Nome das Coisas (1977), Navegaçoes , (1983); No Tempo e Mar Novo (1985), Ilhas (1989), Obra Poética (1991), Musa (1994) y O Búzio de Cós e Outros Poemas (1997).

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.