
El fantasma de Hitler
La pieza del gran escritor austríaco, de inquietante vigencia, evoca la dramática actualización de un pasado sombrío
1 minuto de lectura'
Hay dos imágenes de inusual fuerza dramática en Heldenplatz ( Plaza de los héroes ), el excelente espectáculo que dirige Emilio García Wehbi en el Teatro San Martín. La primera proviene de una pantalla en la que se proyecta un discurso de Hitler y donde el rostro del dictador aparece cortado por líneas que se superponen sobre su boca. La segunda es una imagen auditiva y se prolonga a lo largo de toda la representación. Son las voces que vienen de lejos, los vítores enardecidos de una muchedumbre que no deja de pronunciar el nombre de Hitler y que evocan la dramática actualización del pasado. Entre estas dos imágenes transcurre una puesta en escena que refleja la potencia dramática y la actualidad de un dramaturgo, ensayista y novelista extraordinario: Thomas Bernhard.
La obra de Bernhard, considerado el Beckett austríaco, representa una de las aproximaciones hacia lo real más lúcidas en la historia de la literatura. Lo real en términos de aquello a lo que la palabra apenas roza y que sólo la obra de arte puede reflejar. En Buenos Aires se representó Antes del retiro , con dirección de Laura Yusem, y Minetti y Almuerzo en casa de Ludwig W. , ambas dirigidas por Roberto Villanueva. Pero quien aspira a conocer el teatro de Bernhard no debería dejar de sumergirse en algunas de sus novelas capitales, como Trastorno , Corrección y El malogrado , o en sus textos autobiográficos, como El aliento , El frío y Un niño . Es a través de la lectura de distintas obras de Bernhard como se comprenden algunos de los parlamentos que pronuncia en el escenario ese actor notable que es Pompeyo Audivert, que cruza de vereda varias noches para hacer Final de partida , de Beckett, en el Centro de la Cooperación, y Heldenplatz , de Bernhard, en el San Martín, metáfora misteriosa que reúne a dos de los mayores dramaturgos del siglo XX.
"Las personas casadas se matan siempre", sostiene Robert Schuster, profesor universitario, hermano del difunto profesor que se quitó la vida porque al regresar a su país de origen, Austria, encontró que nada había cambiado desde aquella tarde en la que Hitler invadió su país. "Los habitantes de este país estamos poseídos por la desgracia. El odio al judío es la naturaleza más auténtica del austríaco", agrega. Y concluye: "No es posible relacionarse toda la vida sólo con los libros y la música". Y es cierto. La cultura no es suficiente para vivir.
Bernhard tuvo siempre frío, como señala la estudiosa Cristina Sánchez Andrade en un ensayo en el que se ocupa del escritor. Títulos como Helada , El sótano , El frío , El aliento y En las alturas remiten a esa sensación. Es el frío que surge de los personajes de Plaza de los héroes : la psicosis de la señora Schuster, que sigue escuchando el mismo griterío de los nazis cincuenta años después de ocurrido, o el de la señora Zittel, ama de llaves de la familia Schuster y probable amante del profesor que acaba de matarse. Es el mismo frío que llevó al profesor Schuster a quitarse la vida. ...l se suicidó porque no comprendía los signos de su tiempo. ¿Cómo iba a comprenderlos, si el mundo se había enrarecido tanto que ya no había lugar para lo humano?
La pregunta que se hace Bernhard, que estrenó esta obra poco antes de morir, es qué lugar para lo humano hay hoy en nuestras sociedades. Ese discurso que pronunció Hitler el 15 de marzo de 1938, en el que anunciaba la anexión de Austria por parte de Alemania en la célebre Heldenplatz vienesa y que fue aclamado por doscientas mil personas, a unos meses de la Noche de los Cristales Rotos y poco más de un año antes de que se desatara la Segunda Guerra Mundial, parece repetirse en sucesivas metamorfosis. La metáfora del frío o la del niño que descubre perplejo el mundo, que aparecen una y otra vez en las obras de Bernhard, plantean esas preguntas sin respuestas que alguna vez lo llevaron a decir: "Mis parientes deambulan como muertos y a veces tengo ganas de llamarlos y gritarles a la cara que dejen de estar muertos". Tanto en la narrativa como en el teatro de Bernhard lo que se dibuja en la ficción es un espacio habitado por muertos que deambulan en un mundo que no reconocen como propio. Ellos viven entre dos muertes: la real y la que les infligió la vida antes del fin.
1
2A 75 años de “La Colmena”: censurado por inmoral y pornográfico, se filtró “gota a gota” y consagró al polémico Nobel Camilo José Cela
3Helado Piedra Movediza: se inaugura una exposición sobre el exclusivo gusto tandilense y cucharitas gigantes
4Construir con telas, hablar con color: Olga de Amaral transforma el Malba en un laberinto universal



