El fulgor hueco del mundo
TEORIA DE LA VOZ Y EL SUEÑO Por Liliana Ponce-(tsé-tsé)-92 páginas-($ 12)
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Que una poeta argentina, nacida en Buenos Aires en 1950, publique su tercer libro de poemas veinte años después de haber editado el último y que ese libro corteje y solicite la perfección es un hecho excepcional. La incalculable reticencia del gesto de Liliana Ponce se asemeja a aquel que durante años mantuvo Hugo Padeletti hasta que, cuando pudo conocerse su obra, se reveló como uno de los grandes poetas argentinos. La afinidad no es casual ni un hecho exterior: forma parte de un arte poética, que reside en la buscada condensación y en un pensamiento complejo y sostenido. Dicho gesto reconoce en la abstención y en el recomienzo de la palabra una tensión en juego: "Quiero recomenzar -escribe Ponce-. Es un ejercicio de abstención -el desarrollo de la sensibilidad del aire".
Teoría de la voz y el sueño es un libro de engañosa brevedad y de aparente hermetismo, ya que cada lectura lo multiplica y dilata, para descubrir en él nuevas nociones a primera vista ocultas. Posee una armoniosa organicidad y el hecho de que el vocablo "teoría" aparezca en su título es, al mismo tiempo, una ironía y una fe. Por un lado, la teoría se halla en las antípodas de un sistema lírico que se dispara hacia la diferencia, la ambigüedad y la inestabilidad de los conceptos adquiridos acerca de la expresividad y el lenguaje. Por otro, la teoría es el gesto especulativo que recorre todo el volumen, al asumir con libertad la rica tradición de la poesía conceptual argentina. El ritmo del libro de Ponce no se apoya en los patrones rítmicos propios de la lírica en lengua española, ni en los ecos y las repeticiones que las palabras diseminan en la marea de los signos. Su ritmo es la de esa sintaxis del pensar encarnado en una luminosa aparición de imágenes, que a su vez se extrañan, se desdicen, se ensombrecen en la insuficiente palabra que profiere el yo mortal: "La palabra reemplaza a la mañana/ pero: no pensar la mañana/ -lo que llega a mí se deshace/ y no puede comenzar, se consuma en la deriva./ Todo lugar es extranjero".
De hecho, toda vez que el ritmo y la metáfora son percibidos como el núcleo constructivo de la analogía, la poesía de Ponce ejerce -no sin nostalgia, no sin una sorda desesperación por cuestionarlo- una crítica del pensamiento analógico. La creencia analógica supone una correspondencia entre las cosas, las palabras y el yo que las profiere, de tal modo que el mundo aparece, como en un juego de espejos, en la voz poética y en el ensueño continuo de la vida. La poesía de Ponce asume esa vasta tradición de raíz romántica como una imposibilidad, siempre que el yo es presa de la finitud y la caducidad, la palabra es impotente para toda epifanía y el sueño es un enigma imprevisible. Pero el mundo envía sus signos, la palabra repite sus espejismos, el sueño no cesa de retornar y el yo no quiere abandonar sus ilusiones de continuidad. Un pensamiento ascético, un pensamiento paradójico acerca de lo que en verdad no puede ser pensado se halla en el poema. Su sola declaración es la presencia viva del vacío: fulgor hueco del mundo. La palabra como avidez, aura, intensidad, nostalgia, inconcluso recomienzo, donde la analogía sea una figura, no una esencia del mundo ni una expresión del yo: "La escritura como analogía -y no como expresión: construir otra naturaleza sin moral, sin biomas. Entonces eso: una experiencia de abstención y de construcción poética que exhiba su desarrollo como su símbolo, a la vez vacío de referente, vacío de explicación, aislado de ideas".
Liliana Ponce publicó Trama continua (1976) y Composición (1982). Teoría de la voz y el sueño es su tercer libro de poemas, de extraordinaria intensidad y sabiduría: un libro que con cada relectura aumenta su rigor y su belleza.



