
El futuro del pasado
Según el escritor mexicano, su colega argentino fue el creador de un continente nuevo en la literatura. Rescató tradiciones, cultivó la duda e instó a los lectores a inventar el presente en cada lectura.
1 minuto de lectura'
LA literatura moderna de Hispanoamérica se ha hecho de memorias recobradas. Sólo un gran novelista latinoamericano -Machado de Assis- nos saca de la mediocridad de nuestro siglo XIX. ¿La razón? Machado recupera la tradición de La Mancha, la de Sterne y la de Diderot, la novela que sabe a novela. En la América Española, una modernidad huérfana -no mother ni dad - nos condena a imitar los modelos del "progreso" literario: románticos, realistas y naturalistas franceses.
En el siglo XX, Alejo Carpentier recupera las tradiciones afrocaribeñas; Miguel Angel Asturias, las indo-americanas y los novelistas de la Revolución Mexicana -Mariano Azuela, Rafael Muñoz y Martín Luis Guzmán- se atreven a hacer, escribiéndola, historia, épica mientras se combate a la tiranía, trágica cuando se combate a sí misma. Ilíada descalza.
Borges no es sólo el narrador de un mundo urbano prácticamente inexplorado con anterioridad -Machado es, de nuevo, la excepción-. Una ciudad como Buenos Aires, que en 1914 tenía ya millón y medio de habitantes, una tercera parte de los cuales había nacido en el extranjero, debía por fuerza generar una literatura urbana antes que México, Bogotá o La Habana (el Río de Machado, otra vez, es la excepción).Roberto Arlt y Macedonio Fernández son los avanzados de la novela urbana de este siglo, pero Borges va más allá de los temas citadinos que él mismo explora -"El hombre de la esquina rosada"- o hipostasia -"La muerte y la brújula", donde Adrogué se convierte en Triste-le-Roy-. Borges, como narrador urbano, abandona la descripción a favor del sueño. Se apropia, según Beatriz Sarlo, de "zonas de legitimación" -la pampa, Buenos Aires, las orillas de la capital norteña pero, al cabo, las orillas de la civilización latinoamericana, las herencias olvidadas-. ¿Cómo pagarle a Borges que haya sido él quien nos devolvió las tradiciones hebreas y musulmanas, parte esencial del perfil hispánico? Es como si, en un gran acto de la imaginación, Borges disolviese la herida mutilante de Isabel y Fernando para devolvernos lo que es nuestro, Islam e Israel pasados por los cedazos de Alfonso el Sabio, Averroes, Maimónides y Fernando de Rojas.
Toda discusión sobre la argentinidad, la latinoamericanidad o la europeidad de Borges cae por la propia fealdad de las palabras. El es el escritor que lo asume todo, lo hace evidente sólo para hacerlo tácito (no hay camellos en el Corán) y, enriquecidos pero desembarazados, nos permite ver con claridad los misterios y con misterio, las transparencias de nuestra vida intelectual y anímica. El cronotopos de Bajtin -tiempo y espacio- adquiere carácter protagónico en Borges. Es protagonista pero sólo para perder su protagonismo, vulnerado por el accidente afectivo, como el espacio total del Aleph sangra por la herida llamada Beatriz Viterbo.
No sé si éste es el secreto de Borges. Evoca el espacio y el tiempo absolutos sólo para demostrarnos su absurdo e invitarnos, por vía de la imaginación y el lenguaje, a vulnerar todos los absolutos. Funes el memorioso, que todo lo recuerda, debe reducir su absoluto a un relativo manejable -unas sesenta mil memorias-. El jardín de senderos que se bifurcan contiene todos los tiempos, pero sólo a condición de que sucedan ahora . La biblioteca de Babel es ilegible mientras un genial idiot savant , Pierre Menard, no se decida a reescribir tal cual el pasado a fin de seguir inventando el presente. La literatura -es la lección de Borges- no se dirige sólo a un misterioso porvenir, sino a un misterioso pasado. El pasado debe re-leerse constantemente. El futuro del pasado depende de ello.
El significado de un libro no está detrás de nosotros, sino que nos encara. Y tú, lector del Quijote , eres autor del Quijote porque cada lector crea su libro, traduciendo el acto finito de la escritura en acto infinito de la lectura. Por haberme enseñado esto, le doy las gracias a Georgie y le deseo feliz, muy feliz centenario.




