El maestro del policial griego
Guionista de Theo Angelopoulos, el autor ganó popularidad con sus novelas protagonizadas por el comisario Kostas Jaritos
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Si el lector tuvo la oportunidad de ver el film La eternidad y un día, de Theo Angelopoulos (Palma de Oro en el Festival de Cannes 1998), debe haber visto a un extra de sonrisa permanente, paseándose pipa en mano. El hombre anónimo aparece en un bar de una ciudad de Grecia cercana a la frontera con Albania, en la cubierta de un barco, dentro de un viaje de ensueño que regresa a la memoria del actor Bruno Ganz.
El "extra" Petros Márkaris, nacido en Estambul en 1937, de padre armenio y madre griega, lleva toda su vida dedicado al cine, al teatro y a la traducción. Hace muchos años que Grecia es su país, aunque su vida y su obra demuestran que para él las fronteras son difusas, y que es muy fácil caer a uno u otro lado, como les ocurre a los personajes de sus novelas.
Gracias a las historias protagonizadas por el comisario ateniense Kostas Jaritos, Márkaris se convirtió en un escritor muy popular. La serie comienza con Noticias de la noche y por ahora termina con El accionista mayoritario, donde el autor construye un mundo en el que terrorismo y publicidad son igualmente temibles. "Con Theo Angelopoulos trabajo desde hace treinta años –afirma–; somos amigos, nuestras familias son muy unidas. Pero, en realidad, llevamos treinta años discutiendo."
–¿Por qué?
–Porque el guión definitivo lo escribe él, pero antes de eso dedicamos mucho tiempo a la discusión. Y de repente, un día, él me dice: "No entiendes nada de lo que es escribir una historia". Entonces, yo le contesto: "Claro, porque hace treinta años que trabajo contigo, que no tienes ni idea de cómo contar una historia, ¿cómo quieres que aprenda?" Cuando llegamos a eso digo: "Bueno, me voy, y cuando tengas una idea clara me llamas y volvemos a hablar". Bien, al cabo de un tiempo suena el teléfono y es él: "No es que tengas razón en lo que dijiste, pero es que ahora tengo una idea…". Y volvemos al trabajo.
–Usted tradujo a Goethe, Thomas Bernhard, Arthur Schnitzler y Bertolt Brecht, que fue decisivo en su obra.
–Sí. Para mí Brecht fue muy importante, él era un gran admirador del género policial. Y yo, como autor, quería tomar esa clase de distancia al contar mis historias y al crear a mis personajes.
–¿Por qué cuesta tanto identificarse con el comisario Jaritos en Noticias de la noche ?
–Por sus contradicciones. Es un buen hombre, pero esa forma que tiene de tratar a su esposa… Eso me ha permitido tener cierta distancia respecto de él.
–Lamento decirle que, en El accionista mayoritario, estamos plenamente identificados con Jaritos.
–¡Es que en esa novela él vive una crisis muy importante en su vida! Porque allí su hija, que adoraba a su padre, se dice por primera vez a sí misma, después de haber vivido lo que ha vivido [el secuestro del barco en el que viajaba, por un grupo griego de extrema derecha junto con los paramilitares serbios], que la profesión de su padre es de una gran brutalidad. Ella nunca había asociado a su padre con "la policía", pero esta vez sí, y esto le lleva a preguntarse qué clase de hombre es él.
–Un interrogante que usted resuelve muy bien.
–Bueno, Jaritos se da cuenta de que, para que su hija sepa quién es su padre, y para que se reconcilie con él, tiene que conocer su historia pasada.
–Que su hija, en otras palabras, sepa qué clase de policía fue su padre en tiempos de dictadura.
–El problema para él es explicar lo que fue una dictadura. Yo crecí en dos dictaduras; en Turquía primero, y en Grecia después. Y conozco la diferencia entre vivir en una dictadura y vivir en una democracia. Éste es el gran problema en Grecia: explicar a las nuevas generaciones lo que fue aquello. Cuando cayó la última dictadura era el año 1975. La gente que nació en el 75 tiene ya treinta y tres años, y mucha suerte de no haber vivido una dictadura. Pero cuando veo a los estudiantes en Grecia, que hoy en día insultan y protestan diciendo: "¡Este gobierno es la Junta!", les digo: "No, no tienes ni la menor idea de lo que estás diciendo". La Junta era totalmente horrorosa, una persona no tenía identidad ni merecía respeto. Porque así son las dictaduras. Los padres ya no quieren hablar de eso con sus hijos. Y deberían hablarlo y dejar eso de "no, eso es el pasado", porque, por culpa de esto, no se puede elaborar la realidad.
–Jaritos no fue un policía del régimen.
–Esto es parte de algo que me contó una persona que estuvo encarcelada. Me habló de un policía joven que entraba en las celdas por la noche y repartía cigarrillos para todos los prisioneros. Como durante el día los metían en agua fría, en ese momento les permitían acercarse a una estufa para al menos secar sus ropas… Ese policía se arriesgaba más que nadie por ellos. No es una metáfora que la hija de Jaritos, para entender a su padre, hable con Zisis, quien en teoría es su enemigo. Para mí, lo que cuenta a la hora de narrar una historia son las excepciones. Y ésta es una relación excepcional e ilegal. Jaritos no le dice a nadie que es amigo de un comunista y Zisis no le dice a nadie que es amigo de un policía.
–Pero, en realidad, resulta que en sus novelas los comunistas son empresarios…
–Antes, el régimen perseguía a los izquierdistas. Y punto. Había líneas divisorias muy claras entre izquierda y derecha. Hoy ya no existen estas líneas divisorias.
–¿Cómo se siente usted, antiguo militante de izquierda?
–Todo es muy difícil ahora. Ya nada es lo que era, y no vemos una salida clara. La izquierda ya no es la de antes. Y en Europa se supone que impera la democracia. Mejor dicho, estamos tratando de convencernos a nosotros mismos de que vivimos en una democracia. Pero lo único que hoy manda es la economía. El Parlamento Europeo es como un florero. Vivimos una época de transición y no me gusta lo que veo.
–Usted ha dicho que los gobiernos y los países funcionan hoy con enormes fondos de dinero ilegal.
–La corrupción es parte del sistema actual, lo integra, y las sociedades contemporáneas no pueden sobrevivir sin esa corrupción. Una gran parte de los enormes capitales que mueven la criminalidad y la delincuencia son parte del sistema económico legal.
–En ese mundo, ¿los policías mediterráneos todavía se distinguen por su amor a la comida?
–Sí. Jaritos, como Salvo Montalbano, la creación del escritor italiano Andrea Camilleri, entiende que lo más importante, antes de poder pensar y trabajar, es comer. Los detectives mediterráneos son así. Cultivan el placer por el buen vino y la buena comida. En cambio, mire al pobre Wallander, del sueco Henning Mankell. Es nórdico y, véalo, comiendo sándwiches todo el día. ¡Da lástima!



