
El milagro de la creación
En el final de la entrevista a George Steiner, cuya primera parte publicamos el domingo último, el pensador reflexiona sobre la cultura europea y el misterio del arte
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-¿Podemos explicar la creación artística o hay que entenderla como un misterio, el fruto de una fe?
-Volvamos al concepto mismo de creación, que debería llenarnos de un asombro permanente e infinito. Hay trabajos de psicología y neuropsicología muy interesantes, pero que hasta ahora no explican nada. Picasso va andando por una calle. Otro niño montado en un triciclo lo atropella. Sonriendo, el pintor le da la vuelta a la escena del triciclo y pinta el Toro con cuernos grandes. Nadie puede explicarlo. Se habla de sinapsis, del arco eléctrico que, en Platón, es la metáfora. Tal vez. Pero para mí el creador, el gran creador, infunde precisamente la alegría del misterio. Esto puede ocurrir de un momento a otro, en cualquier parte. En el Bronx, entonces el barrio más pobre de Nueva York, una madre y sus dos hijos vivían en un apartamento sin agua corriente. La madre trabajaba todo el día en una lavandería. El padre había desaparecido. El niño gritaba y lloraba todo el día, y su hermana, que no podía aguantarlo más, le compró por unas monedas un juego de ajedrez. A los cinco años, en esa habitación miserable, Bobby Fischer era ya el mejor jugador de ajedrez del mundo. El niño no sabía que era un juego que podían jugar dos personas: el jugaba contra sí mismo. Treinta años más tarde, tuve el privilegio de escribir un largo artículo sobre la partida en que Fischer se enfrentó a Spassky. Spassky me dijo una noche: "Para él yo no existo". No hay nada que pueda explicar esta explosión en el cerebro, como la de un gran compositor, en un niño de esa edad. Rossini, a los nueve años, escribía cuartetos exquisitos.
Parece que este milagro se produce en estas tres disciplinas, las matemáticas, la música y el ajedrez, sin que sepamos por qué. ¿Pero por qué querer comprender lo maravilloso, en vez simplemente de reaccionar con sorpresa, con gozo, con atolondramiento, con envidia?
La creación siempre se da a imagen -en analogía con, diría Tomás de Aquino- de la primera Creación. La invención, en cambio, tiene una naturaleza totalmente distinta. Colectiva, anónima, surge de un automatismo muy hermoso y profundo. Inventada la palanca, la bomba atómica no anda lejos... La tecnología tiene, en efecto, una enorme inercia trascendente. Avanza siguiendo unas reglas científicas que conducen siempre al siguiente capítulo. Esto es algo inconcebible para la creación. Sin Beethoven no habría Novena sinfonía, sin Shakespeare no habría Hamlet y sin Proust no habría En busca del tiempo perdido. Cada creador es irreemplazable. Los más grandes inventores están siempre, en cambio, perfectamente tranquilos. Crick y Watson dicen que, dos semanas después que ellos, otros tres equipos habrían encontrado la solución. Existía entonces una carrera desenfrenada por el Nobel. Constantemente estamos topando con esta colectividad de un esfuerzo con frecuencia anónimo. Lo que lleva a la cuestión que ahora me planteo: en un momento cada vez más tecnológico, más tecnocrático, ¿no se está abandonando un poco en Europa el momento de la creación para entrar en el de la invención? Pregunta absurda ya que tal vez mañana mismo, en la calle de al lado, el milagro de la creación se producirá de nuevo. Pero no creo que en nuestra cultura surja un nuevo Shakespeare, un nuevo Beethoven, un nuevo Miguel Angel... No puedo explicar esto. Sin duda es una idiotez afirmar algo así, pues se trata de una inducción lógica sin fundamento. No puedo demostrar nada. No lo creemos, ya no lo creemos.
-¿No reaparece ahí el tema de la autoridad, que el creador no impone su autoridad porque todo el mundo puede tomarse por creador?
-O tal vez porque la invención se ha hecho más poderosa. O también por esa razón totalmente absurda y para mí profundamente convincente que avanza Heidegger: ¿cómo puede ser que los presocráticos, y tal vez Platón, Aristóteles, Píndaro, hayan dicho ya lo esencial, reduciéndonos a nosotros al estado de nota preliminar? Respuesta de Heidegger: se estaba todavía en un momento de la Historia del hombre en que el lenguaje guardaba relación con su origen misterioso, en que el ser era una luz a través del lenguaje. Los lingüistas, los historiadores gritan tachando a esta mística de "protonazi", sin una onza de pruebas. Reconozco que sin duda tienen razón, pero es como si ahí hubiese otro pecado original, una especie de ruptura con el logos, con los orígenes del lenguaje. Ya no podemos seguir diciendo: en el principio era el logos. El Evangelio de San Juan es tal vez el análisis más poderoso que hayamos tenido nunca de la imaginación, de la forma en que funciona... Cuando el filósofo norteamericano Richard Rorty declara: "Everything goes" (Todo pasa), no puedo dejar de estar de acuerdo. Sin embargo, no creo que todo pase, y si es así, entonces, en cierto sentido, hemos llegado al epílogo. Eso debe de ser maravilloso, ser un científico para quien el sol se levanta todas las mañanas con un resplandor cada vez más poderoso.
-¿Son tan diferentes las culturas en nuestro mundo europeo?
-La latinidad está muy lejos de la cultura inglesa. Estas dos culturas se entienden mal. Como de costumbre, el general De Gaulle no se equivocaba. Cuando le preguntaron cuáles eran los tres escritores europeos más importantes respondió sin dudarlo un instante: Dante, Goethe, Chateaubriand. Es una reflexión muy profunda, ya que Shakespeare es universal y no estrictamente europeo. La distancia entre las dos culturas se hace cada día más grande y más ambigua, pues el francés lucha por su lengua, muchas veces con medios un poco ramplones, un poco chovinistas, pero perfectamente comprensibles. Yo siempre creí que entre los dos países se construiría un puente, no un túnel; pero no ha sido así. En Europa, la esperanza tal vez venga del Este. Esperemos que ese mundo inmenso que se extiende de Viena a Kiev y Odessa contribuya a una Europa más tolerante, una Europa menos complicada incluso, pero para ello necesitaremos mucha suerte. Inglaterra no quiere esta Europa. Inglaterra, que ha sobrevivido gracias a Waterloo, gracias al Canal de La Mancha en 1914 y sobre todo en 1940, una Inglaterra que es como si estuviera engastada en un mar de plata...
Sin duda en este punto he perdido mi apuesta, a pesar de las muy hermosas traducciones de Shakespeare de Yves Bonnefoy, a pesar de los espectáculos de Peter Book en París. Hay cosas muy bellas en ambas partes. Pero la Historia tiene un humor negro muy singular. La suerte no parece ser su fuerte.
© ABC y LA NACION
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