
El movimiento y sus efectos
La crítica Elena Oliveras explora en Arte cinético y neocinetismo los orígenes de una importante tendencia estética del pasado que se prolonga hasta el presente
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<b><i> Arte cinético y neocinetismo </i></b>
¿Cuándo se agota la influencia de una vanguardia artística? ¿Cuando sus primeros exponentes la abandonan? ¿Cuando nuevos tiempos demandan otras estéticas y abren otras preocupaciones? ¿O, por el contrario, pueden rastrearse influencias de renovación que atraviesan la historia para reaparecer, transformadas, en el arte del presente?
A esta última idea adhiere Elena Oliveras, quien sostiene que el arte cinético -que se expande a partir de los años 50 del siglo XX- mantiene plena vigencia contemporánea, no sólo por el éxito que pueden tener obras de cinéticos "clásicos" como Julio Le Parc o J. R. Soto en el mercado internacional, sino también por su recuperación en un "neocinetismo" detectable en el interés de artistas actuales por el movimiento y la transformación en sus múltiples y posibles presentaciones estéticas.
Arte cinético y neocinetismo es la reedición ampliada, en este sentido, de un volumen de 1973, un texto que fue a la vez la tesis doctoral en Estética de la autora, investigadora y crítica de arte. Quizá por eso, aunque el atractivo planteo de Oliveras se hace en el prólogo del libro, el lector debe esperar a la última sección para adentrarse en esta reaparición estelar del cinetismo en el arte contemporáneo. Por cierto, el contenido no carece de atractivo, pero las clasificaciones de tipos de obras o las enumeraciones descriptivas de piezas cinéticas (a pesar de las bienvenidas fotografías), más esperables en una obra académica, pueden desviar la atención del lector de lo que se promete como la propuesta argumentativa central del texto.
Antes de llegar a la vigencia del arte cinético en la actualidad, la autora rodea el cinetismo desde distintos enfoques: la percepción del movimiento real y óptico, el desplazamiento del espectador y la manipulación de las obras, el espacio y el tiempo como materia artística. El análisis de las fuentes en las que abreva el arte cinético (sociológicas, plásticas, epistemológicas, técnicas) le permite a Oliveras establecer los orígenes del arte cinético en un agotamiento de la abstracción geométrica y analizar sus vinculaciones con la ciencia (y con la utopía cibernética en los años 60). También aborda la eliminación de la subjetividad del artista y del aura de la obra original, la cercanía con lo imprevisto, el humor y el juego, y las voces críticas que en su momento cuestionaron el arte cinético por su excesivo interés en el efectismo de los objetos y su supuesta carencia de densidad conceptual. "Más allá de la máquina que visualmente sorprende y seduce, es preciso llegar a ver en la obra una máquina de sentido", escribe Oliveras. La autora recorre minuciosamente las trayectorias de Vasarely, Soto, Le Parc, Tomasello y Schöffer entre los años 50 y principios de los 70, para poner estos conceptos en obras concretas.
La descripción de las trayectorias de estos artistas es un buen prólogo para la caracterización del cinetismo en su prolongación actual, que la autora ubica en los años 90 y los inicios de este siglo. El "neocinetismo" renacido -que encarnan, por ejemplo, Siquier, Lecuona, Jaar, Joglar, Hasper y Sardón- es híbrido, está atravesado por el conceptualismo que enfatiza el contenido y el proceso de producción, y se expande en el uso de la luz, la cibernética, el juego, el arte óptico y las obras transformables. Quizá sea "el espíritu de un momento histórico signado por la inestabilidad", como afirma Oliveras, el escenario propicio para un movimiento de renovación que perdió su carga utópica original pero ganó en crítica al presente.
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