
El nudo de la modernidad
EL LEVIATHAN Y LA BOMBA DE VACIO Por Steven Shapin y Simon Schaffer-(U.N. de Quilmes)-Trad.: Alfonso Buch-505 páginas-($ 40)
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"Por primera vez en los estudios sobre las ciencias, todas las ideas relativas a Dios, al rey, a la materia, a los milagros y a la moral son traducidas, transcriptas y forzadas a pasar por los detalles de funcionamiento de un instrumento. Antes de ellos -sostiene el antropólogo de las ciencias Bruno Latour en su notable Nunca hemos sido modernos-, otros historiadores de las ciencias habían estudiado la práctica científica; otros historiadores habían estudiado el contexto religioso, político y cultural de la ciencia; pero nadie hasta ahora había sido capaz de hacer ambas cosas a la vez." El instrumento en cuestión es la bomba de vacío y los historiadores que hicieron "ambas cosas a la vez" son Steven Shapin y Simon Schaffer.
El Leviathan y la bomba de vacío. Hobbes, Boyle y la vida experimental es, por estas y otras razones, un clásico de los estudios sociales de la ciencia de los últimos 30 años. Desde los años setenta, dichos estudios abrieron la brecha para que pasara un nuevo caudal de ideas e investigaciones entre las tradiciones de la epistemología (el estudio de la consistencia "interna" de la ciencia), la sociología de las ciencias (el estudio de las condiciones sociales "externas" respecto de la ciencia) y la historia de las ciencias (el estudio comparado de conceptos y sistemas de las ciencias). En cierto modo estos estudios sociales vienen a cumplir el mismo rol disruptivo de los estudios culturales en la sociología, la ciencia política y la de la comunicación: emergen nuevos objetos, se cruzan las tradiciones teóricas y se discuten las coherencias de investigaciones que ya no se apoyan en argumentos de autoridad indiscutibles.
El objetivo de Shapin y Schaffer es desmontar el dispositivo por el cual el experimento científico se transformó en la llave maestra de las ciencias naturales modernas. Para esto eligen una situación muy peculiar en la historia de la modernidad: la controversia entre Thomas Hobbes, uno de los padres de la ciencia política y autor del Leviathan, primera versión del famoso contrato social, y Robert Boyle, máximo impulsor del método experimental a través de la creación de la bomba de vacío.
Al debatir sobre si esta bomba medía lo que tenía que medir y si la hipótesis de la existencia del vacío era plausible, Hobbes y Boyle se trenzaron en una larga y feroz batalla retórica que incidió en la posterior división entre ciencias naturales y ciencias sociales y humanas. Para rastrear la base del conflicto, Shapin y Schaffer acuden a una lectura cruzada: "leer el Leviathan como un texto de filosofía natural y de epistemología" y analizar los experimentos de Boyle como un condensado de "prácticas sociales y lingüísticas".
El contexto de la disputa, llena de chicanas, censura de uno y otro lado, intervenciones de la respetable Royal Society para el avance de las ciencias y mediaciones del propio rey británico, es fundamental para comprender los alcances del episodio. En el terreno político, Inglaterra sufrió 50 años -entre 1640 y 1690- en los que fue ejecutado un rey, se estableció una breve república y se reinstauró la monarquía con reyes extranjeros: en todo ello se despliega nada menos que el combate entre el absolutismo y el liberalismo parlamentarista. En el terreno del conocimiento, Isaac Newton hacía sus primeras armas para completar el paradigma de la realidad física que gobernaría sin discusiones hasta principios del siglo XX. En este marco, Hobbes y Boyle retomaron la vieja querella existente desde la antigua Grecia entre lo inteligible y lo sensible, escenificaron el enfrentamiento de entonces (siglo XVII) entre racionalismo y empirismo y legaron a la posteridad lo que la epistemología dividirá como las dos vías principales de acceso al conocimiento: la deducción y la inducción.
Según la economía de lo "externo" y lo "interno", estos terrenos se vincularían de manera simple: la ciencia está afectada por procesos políticos inmediatos, por lo que su objetividad siempre está condicionada por la sociedad; y a la inversa, la ciencia objetiva no existe y no resulta apenas "afectada", sino que es el producto mismo de esos procesos. Pero Shapin y Schaffer intentan demostrar que tal división entre política, historia y ciencia es falsa, incluso cuando se busca que un polo absorba a los demás. Afirman que la ciencia tiene una organización política que regula su producción, que es a su vez central para la organización política del Estado, y ambas organizaciones se relacionan sin que una determine a la otra. En el caso de Hobbes y Boyle el experimento como modo de "solución al problema práctico a la producción y la justificación del conocimiento" es el resultado de una batalla política por la definición de orden, tanto el social como el natural. Así lo explica Bruno Latour: "Boyle crea un discurso político del cual la política debe ser excluida, mientras que Hobbes imagina una política científica de la que la ciencia experimental debe ser excluida. En otros términos, inventan nuestro mundo moderno".
La publicación del libro de Shapin y Schaffer es una excelente noticia. Y no lo es menos la de la existencia de la colección de Ciencia, Tecnología y Sociedad, de la editorial de la Universidad Nacional de Quilmes, que trae al castellano otros clásicos de dichos estudios y difunde las investigaciones que aquí, en Argentina y América latina, se hacen actualmente bajo este marco.
Quizás alguien se pregunte por los vericuetos de la historia de la misteriosa bomba de vacío, plena de consecuencias para la política y la ciencia actuales. Baste decir que la historia oficial dice que Boyle ganó, pero que para los autores de este libro el que tenía razón era Hobbes.
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