El patrimonio que perdió el país
Mañana comenzará en Londres el remate de obras que habían sido donadas para ser exhibidas
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En pocas horas, el martillo de Sotheby’s, en Londres, le pondrá precio a los cuadros de la colección Uriarte Piñeiro donada al Museo Nacional de Bellas Artes, hace 60 años, y retirada por no haberse cumplido con las condiciones de los donantes: durante 50 años nunca fue exhibida y permaneció en los depósitos.
“Arrastrando la barca”, del artista español José Mongrell, es el primer cuadro que será ofrecido mañana, a las 14 horas de Londres –las 10 de nuestro país–, con un precio estimado de 150.00 dólares.
La obra del pintor valenciano da la medida exacta de la calidad de las pinturas que el patrimonio nacional ha perdido por no respetar el cargo de exhibición, condición sine qua non del legado de los hermanos Arturo y Leopoldo Uriarte Piñeiro.
Para muchos observadores, el caso Uriarte Piñeiro es una señal de alarma que marca un destino posible para las obras que permanecen en los depósitos del museo sin ser exhibidas por falta de espacio. Así, la Justicia sentó una jurisprudencia que puede ser el pie para futuros reclamos.
Las obras españolas
La colección de pintura española, que incluye obras de Mongrell, Romero de Torres, Vila Puis, García Rodríguez y Alvarez de Sotomayor, fue iniciada por los hermanos Leopoldo y Arturo Uriarte Piñeiro, de origen vasco, descendientes de una familia de buena posición económica, que dedicaron su vida a la medicina y al arte. Médicos ambos, dividieron su tiempo y sus intereses entre Europa y Buenos Aires.
El mayor, Leopoldo, consagró su vida a la investigación de las causas y consecuencias de la peste bubónica. Fue profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA), creador de la revista del Instituto Bacteriológico y fundador y director del hospital Muñiz.
Al margen de su carrera científica, Leopoldo Uriarte Piñeiro formó una exquisita colección de muebles, pinturas y libros. Más de 2000 volúmenes formaban su colección personal, que luego fue donada por su viuda a la Biblioteca Nacional, según datos consignados en el catálogo de la casa rematadora Sotheby’s.
El menor de los Uriarte Piñeiro, Arturo, fue médico clínico, cirujano, fundador y director del hospital Fernández, entre 1888 y 1910. Su figura gozaba de un gran prestigio en los círculos culturales y mundanos de Buenos Aires. Durante sus viajes, Arturo Uriarte dedicaba buena parte de su tiempo libre a a comprar pintura del siglo XIX y de comienzos del XX.
Cuando murió Leopoldo, en 1941, su viuda, Carlota Bonorino, y Arturo, su hermano, decidieron donar la colección al Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), donde permanecieron “hasta 1991, cuando las obras fueron devueltas a sus descendientes”, señalan los catálogos de Sotheby’s.
Espacio limitado
“Entre marzo y noviembre de 1991, en que fui director del MNBA, no salió ningún cuadro del museo”, recordó, cuando el tema salió a la luz , Alberto Bellucci, arquitecto, profesor de la Universidad de San Andrés y director del Museo Nacional de Arte Decorativo. “No alcanzan las instalaciones del museo para colgar todas las obras que han sido donadas”, dijo Bellucci.
En el MNBA recordaron que “hubo una larga batalla judicial entre los descendientes, el museo y la Secretaría de Cultura de la Nación por estos cuadros”. Tras dos fallos desfavorables, los descendientes apelaron y la Corte Suprema falló en favor de ellos por no haberse cumplido con las condiciones de la donación, que exigía exhibir las obras al público y, además, no prestarlas.
En medio de un severo cuadro recesivo, los herederos de los hermanos Uriarte Piñeiro optaron por colocar sus obras en el exterior, donde la demanda mantiene las cotizaciones en un buen nivel, como lo demuestran las subastas de arte contemporáneo que finalizaron en Nueva York con catorce nuevos récords de precio.
En una situación similar a la de la colección Uriarte se encuentra el legado de la cineasta María Luisa Bemberg, que donó al MNBA su colección de arte rioplatense, formada por obras de Alicia Penalba, Pettoruti, Torres García y Figari, entre otros.
Con increíble entereza, poco antes de su muerte y en un acto íntimo, María Luisa Bemberg donó esas lindísimas pinturas que la habían acompañado durante su penosa enfermedad en el luminoso departamento de Ricardo Levene.
Coleccionistas, amigos, el entonces secretario de Cultura Mario “Pacho” O’Donnell y el actual director del museo, Jorge Glusberg, recibieron las obras, que se exhibieron temporariamente en el museo. Se editó un catálogo y, poco después, la falta de espacio confinó la colección a un depósito.
En las últimas semanas, el secretario de Cultura, Darío Lopérfido, mantuvo conversaciones con los hijos de María Luisa Bemberg, en procura de una solución definitiva, para evitar la pérdida de las piezas.




