
El premio que cambió la literatura italiana
En 1947, se entregó el primer Premio Strega al mejor libro de narrativa peninsular del año. La creadora del certamen fue la escritora Maria Bellonci, con el apoyo de la compañía de licores Strega. La calidad de los títulos vencedores hizo que éstos se convirtieran en best sellers. En sesenta años, hubo polémicas, intrigas y se premiaron obrma estras como El gatopardo de Lampedusa. Ahora, la Comunidad Europa le ha encargado al comité organizador de esta distinción el lanzamiento del Premio Strega Europa. Entre tanto, el 6 de julio próximo se votará por la mejor novela italiana de 2006
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En estos últimas semanas de junio, el mundo cultural italiano, en particular los escritores, críticos y editores, viven en estado de excitación, como si estuvieran asistiendo a los últimos minutos de un thriller que compromete sus vidas: el jueves 6 de julio en el Ninfeo de Villa Giulia se realizará la votación para determinar quién habrá ganado el Premio Strega al mejor libro narrativo (novela o cuentos) del año. El Strega es la distinción literaria más importante de la península y una de las más prestigiosas en toda Europa. En esta oportunidad, el acontecimiento tiene un carácter especial porque el célebre premio cumple seis décadas.
Franco Alberti, uno de los directivos de la firma de licores Strega, que auspicia el Premio, recuerda los orígenes del certamen. Sentado en un confortable sofá de la sala Europa del Palazzo Rondanini, donde funciona el Circolo degli Scacchi (uno de los dos clubes más aristocráticos de Roma; el otro es el de la Caccia), dice: "Cuando estaba por terminar la Segunda Guerra Mundial, en 1944, es decir, con Roma liberada, los intelectuales volvieron a reunirse en las casas para discutir la situación social y política de la época. Usted piense que durante más de veinte años, los escritores que no eran fascistas habían estado condenados al silencio, a hablar sinceramente sólo con personas de absoluta confianza; todos temían las delaciones y el confinamiento. En ese período, la casa de Maria y Goffredo Bellonci fue un puerto seguro. Maria era, a la vez, historiadora y novelista. Escribió una serie de narraciones sobre el Renacimiento, que tuvieron mucho éxito. A partir de 1944, los domingos, comenzó a recibir sistemáticamente en su departamento de la via Fratelli Ruspoli a sus amigos. Era, en cierto modo, un salón a la manera de los del siglo XIX. Esas tertulias se convirtieron en una cita obligada de los protagonistas culturales del período. En lo de Bellonci, uno podía encontrarse no sólo con escritores, sino también con directores de cine como Rossellini y, más tarde, Fellini, Pasolini. Y, naturalmente, estaban los grandes autores. A esas reuniones, concurría un pariente mío, Guido Alberti, que era miembro de la firma Strega y frecuentaba los ambientes artístico y literario. Maria Bellonci, un día, le propuso a Guido que organizaran un premio. La moral italiana -sobre todo, la de los intelectuales- estaba decaída. Era necesario crear un estímulo que los arrancara del abatimiento, un incentivo que concentrara las inquietudes creadoras de esos grupos de posguerra, animados por ideas nuevas que no terminaban de alcanzar la difusión necesaria. Entonces Guido comunicó al resto de sus parientes de la compañía Strega la intención de lanzar este Premio. Era una empresa novedosa. En 1947, las firmas italianas no estaban habituadas a trabajar como sponsors en proyectos culturales. Sin embargo, era tal el entusiasmo, tal el deseo de quitarnos de encima el peso de la tragedia pasada, que lo hicimos. El primer Strega lo ganó Ennio Flaviano, un hombre más vinculado al cine que a la literatura. Lo obtuvo con su espléndida novela Tempo di uccidere . El jurado, los votantes, eran los amigos de los Bellonci que frecuentaban sus reuniones. Habrán sido cincuenta o sesenta. Se los conocía como "los amigos del domingo" (Gli amici della domenica) porque los domingos eran los días de tertulia de los Bellonci".
Poco a poco, el Strega, como se lo conoció desde entonces, ganó prestigio. Lo favoreció el hecho de que la literatura italiana pasaba por un período dorado. A menudo, la selección de los finalistas y del ganador constituía un verdadero problema por la calidad de las obras presentadas. En 1950, por ejemplo, Cesare Pavese ganó con El bello verano ; al año siguiente, Corrado Alvaro con Quasi una vita . En 1952, se produjo una situación difícil. El gran candidato a la distinción era Alberto Moravia con I racconti , pero el autor, mágnanimo, preferió alejarse de la competición para favorecer a un joven autor al que admiraba, nada menos que Italo Calvino, entonces poco conocido. Pero precisamente en esos meses la Iglesia puso la obra de Moravia en el Index. Entonces el autor de El tedio , indignado, aceptó su candidatura al Strega, con gran disgusto de Carlo Emilio Gadda, el otro rival de importancia para el mismo premio. Gadda se sentía molesto, no porque iba a perder, sino porque aparecía en la contienda literaria como el adversario que la Iglesia le oponía a Moravia. Y Gadda, por supuesto, estaba en contra de la condena eclesiástica a la producción del autor de los Racconti . La lista de los libros premiados en sesenta años comprende algunos de los títulos sobresalientes de la literatura mundial como Historias de Ferrara , de Giorgio Bassani; Sesenta cuentos , de Dino Buzzati; El gatopardo , de Giuseppe Tomasi di Lampedusa; Léxico familiar , de Natalia Ginzburg; Las estrellas frías , de Guido Piovene; El nombre de la rosa , de Umberto Eco; Microcosmos , de Claudio Magris, entre otros.
"Hubo algunos momentos conmovedores en esas seis décadas, recuerda Alberti. En 1986, hace veinte años, se otorgó el Premio a su fundadora, Maria Bellonci, por su novela Renacimiento privado , en el que combinaba la historia con la autobiografía, una obra admirable. Ese año, Bellonci murió. Fue una gran conmoción y un homenaje muy merecido. Y en 1995, se repitió un episodio parecido. Maria Teresa Di Lascia ganó con Passaggio in ombra poco antes de morir."
En la actualidad, la firma Strega es una empresa familiar, dirigida por una serie de primos: además de Franco Alberti, están Antonio Savarese, Alberto Foschini y Giuseppe d Avino. Alberto Foschini continúa el relato de su primo Alberti: "Lo que había comenzado casi como un juego se convirtió en un hecho de suma importancia. Pronto algunos de los nombres más destacados de la cultura italiana, que no formaban parte del grupo inicial de los Bellonci, se acercaron a Maria para pedirle que los incluyera en el jurado del Strega. Así, los votantes empezaron a aumentar de año en año, hasta que se estableció un número cerrado. Hoy el jurado está compuesto por cuatrocientos jurados vitalicios. Sólo se da de baja a los jurados por muerte o por una ausencia reiterada en las votaciones. La lista de los candidatos que se proponen para reemplazar los puestos vacíos es interminable. El Strega tiene jurados muy prestigiosos pero, a la vez, ser jurado del Strega da mucho prestigio. La noche en que se realiza la votación final, en el ninfeo de Villa Giulia donde se celebra la fiesta, usted puede encontrar a las cuatrocientas personalidades más destacadas de la cultura italiana. Naturalmente eso atrae la atención de los medios. Por cierto, hay en esta reunión un lado mundano, frívolo, de mucho glamour . Y también mucho suspenso, porque la votación se hace en ese momento. Nadie sabe, de verdad, quién va a ganar. Puede haber favoritos, pero como la elección y el escrutinio se hacen a puertas abiertas, frente a las cámaras de televisión, es imposible determinar quién va a ser el vencedor".
La organizadora literaria del premio es la heredera de Maria Bellonci, la señora Anna Maria Rimoaldi, que ha sabido continuar la tradición de los amigos del domingo y convertir el Strega en una institución. Es una mujer de 82 años, que parece mucho más joven y que tiene una lucidez y una energía admirables. Acostumbrada a resistir las presiones de las editoriales, de los escritores, de las amistades y, por supuesto, de los enemigos, contempla el mundo literario con calma y, uno podría adivinar, detrás de sus anteojos, con un dejo de ironía y de humor. La "zarina" de la literatura italiana, como la han bautizado los integrantes de ese mundo cultural en que se mezclan los intelectuales, pero también las figuras sociales y políticas, recibe con serenidad y seguramente con escepticismo las adulaciones continuas de quienes dependen de ella para hacerse famosos o para hacer negocios con los títulos premiados. Ella continúa con sus proyectos. El prestigio del Strega ha trascendido las fronteras de Italia y también el ambiente literario.
En 2003, la Comunidad Europea le encargó a la señora Rimoaldi que organizara el Premio Strega Europa, que debía otorgarse ese mismo año. Con celeridad, Rimoaldi cumplió con la misión que le habían encomendado, pero cuando se le dijo que debía volver a hacerlo el año siguiente, prefirió establecer un paréntesis para darle a la distinción europea un marco correcto, que no respondiera a ningún apuro y que estuviera de acuerdo con la tradición del Strega italiano. En la actualidad, ella y sus ayudantes trabajan en el proyecto Strega Europa. Dice Rimoaldi: "El Strega Europa requiere varias etapas y presenta muchos problemas. Es muy complejo. Habrá que formar un jurado europeo, es decir, internacional. Tendrán que estar disponibles las traducciones a los distintos idiomas de las naciones que participen en el certamen. Probablemente la fiesta y la votación final se desarrollarán cada año en una ciudad de un país distinto. Pero el hecho de que nos hayan elegido a nosotros, entre los numerosos premios europeos famosísimos que ya existen, para realizar esta tarea significa algo así como un premio para nuestro premio. Además, no nos limitamos a entregar un lauro, también llevamos adelante un plan de difusión de la lectura y favorecemos las giras de escritores por todas las regiones italianas para que la actividad cultural no quede limitada a las grandes ciudades".
El 5 de julio, en el magnífico marco del Ninfeo de Villa Giulia, una construcción en la que colaboraron entre otros Miguel Angel, Vasari y Vignola, se celebrará el rito anual del Premio Strega. De los cinco finalistas, los dos favoritos son Rosanna Rossanda con La ragazza del secolo scorso (La muchacha del siglo pasado) y Sandro Verenesi con Caos calmo . La recompensa económica no es alta, pero el prestigio del Premio hace que las ventas de la obra premiada superen rápidamente los cien mil ejemplares y que las traducciones se multipliquen. Y, más allá de las ventajas económicas, está la ilusión irresistible para cualquier escritor de alcanzar la condición de un clásico, como lo son Alberto Moravia, Elsa Morante, Dino Buzzati, Giuseppe Tomasi di Lampedusa y aun los que no ganaron el Strega, pero fueron finalistas, como Italo Calvino y Pier Paolo Pasolini.




