
El principio del final
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Operación Valkiria
Por Jesús Hernández
Nowtilus/346 páginas/$89
El 20 de julio de 1944, el Führer y canciller de Alemania, Adolf Hitler, salió milagrosamente vivo de un atentado realizado con una bomba que procuraba su muerte y la destrucción del régimen nazi imperante. Ya para entonces la suerte del Tercer Reich estaba echada: los ejércitos angloamericanos y soviéticos no se darían tregua hasta lograr el objetivo de su rendición incondicional. Operación Valkiria se denominó la conjura militar contra la vida del dictador que apostaba a evitar la derrota inevitable. Y es también el título que ha elegido Jesús Hernández para el libro que trata de sacar a la luz sobre esos episodios memorables pero no del todo conocidos.
Hernández, periodista e historiador español, autor de una serie de obras de divulgación sobre la Segunda Guerra Mundial, encara en este libro la tarea de explicar los pormenores del complot militar, emprendiendo desde el comienzo un exhaustivo censo de las formas de resistencia, conspiraciones y atentados que intentaron dirigirse contra el poder del Führer y que fatalmente fracasaron por factores muy diversos. Que fuera el Ejército alemán, aun en esa fecha tan tardía, el que intentase la proeza de quitar de en medio al causante de la tragedia militar y humanitaria más devastadora de la historia es algo que, más allá de sus demoras y vacilaciones, quizá no deba sorprender. Un ejército que, por tratarse de una de las instituciones más tradicionales y conservadoras de Alemania, resistió mejor que otras la tenaz infiltración del nazismo y pudo convertirse en último bastión de una resistencia cuyas manifestaciones anteriores habían sido brutalmente abortadas por la eficacia represiva del régimen, pero que reaccionó tarde y mal, ante la derrota inminente y luego de haberse dejado deslumbrar por sus fáciles conquistas iniciales en toda Europa. Más que reunir los aspectos formales de una obra histórica académica, el libro asume los caracteres del relato y la intriga policial, con sus componentes de suspenso. La escasez de documentos, la falta de pruebas concretas sobre muchos de los pasos seguidos por los conspiradores y de los acontecimientos posteriores al atentado justifican en buena medida el cariz novelesco de la exposición.
Otros aspectos novelescos se destacan en el texto de Hernández, en particular la vida y la figura del hombre que se atrevió a poner la bomba a los pies de Hitler durante una conferencia con sus mandos en el cuartel general de Rastenburg: el conde y coronel del Ejército Claus Schenk von Stauffenberg, mutilado en combate y carismático exponente de la nobleza alemana. ...l y sus compañeros tramaron la acción, se piensa, no sólo por la conveniencia de borrar al dictador, sino escandalizados también por las matanzas genocidas ejecutadas por los nazis. Sin embargo, el hecho de que la conspiración recién comenzara a tomar forma en la primavera de 1943, a meses del desastre militar de Stalingrado, parecería poner en evidencia el mayor peso que las motivaciones estratégicas tuvieron sobre los planes de los conjurados.
Más allá de los heroísmos personales, que llegaron al último sacrifico -Stauffenberg y sus principales colaboradores fueron sumariamente ejecutados la noche del 20 de julio-, el fracaso de la Operación Valkiria signó el curso de la guerra: su clima se volvió aún más atroz y opresivo para los alemanes, no sólo por la certeza de que ya no habría una solución negociada, sino también porque las purgas del régimen contra los sospechosos se volvieron más crueles e irracionales. El fin de la Segunda Guerra Mundial, que se anunció desde entonces, advertía que Alemania debería ser reconstruida casi desde su cimientos, dado que ya no encontraba fuerzas en su interior para abatir por sí misma el régimen nazi.




