El retrato cotidiano de Einstein

El diario íntimo de su compañera, Johanna Fantova, refleja su costado humano
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25 de abril de 2004  

NUEVA YORK (The New York Times).- Ella le cortaba el pelo, aunque resulte raro imaginar a alguien tratando de ocuparse de esa fina aureola cósmica. Navegaban juntos hasta que los médicos le quitaron su barco. Iban a conciertos juntos. El le escribió poemas y cartas con bromas y besos y la llamaba varias veces a la semana.

Ahora se sabe que ella tomaba nota. En febrero último, los bibliotecarios encontraron un manuscrito en el que Johanna Fantova, ex curadora de mapas de la biblioteca Firestone de la Universidad de Princeton, 22 años más joven que Albert Einstein, registraba sus meditaciones, opiniones y quejas durante el último año y medio de su vida. Einstein murió en abril de 1955, a los 76 años; ella en 1981, a los 80.

"A menos que un descubrimiento similar se realice en el futuro, este nuevo manuscrito de la biblioteca Firestone es el único diario que existe, guardado por alguien cercano a Einstein, al menos de la última etapa de su vida", escribió Alice Calaprice en un artículo que será publicado el mes próximo en The Princeton University Library Journal.

El documento, escrito a máquina en alemán, fue encontrado en los archivos personales de Fantova por estudiantes que buscaban información para escribir un artículo periodístico sobre los poemas que Einstein le había escrito a ella. Ahora se halla en la biblioteca y está disponible para los estudiosos.

El diario es un retrato del genio como anciano, que muestra desde varios ángulos hasta qué punto Einstein era un hombre como cualquier otro. Así, él mismo se compara con un auto viejo que tiene cosas que funcionan mal por todos lados y se queja de su mala memoria y del constante desfile de visitantes, tantos, que a veces finge estar enfermo y en cama para no tener que posar para las fotografías.

Hombre entusiasta

Al desmentir la imagen de Einstein que lo pinta como distraído y desprolijo, girando en su mundo propio, Fantova lo describe como muy interesado y hasta ocasionalmente entusiasta seguidor de la actualidad.

Se refería a un visitante, el premio Nobel en Física, Werner Heisenberg, fundador de la mecánica cuántica y líder del proyecto de la bomba atómica alemana durante la Segunda Guerra Mundial, como a "un gran nazi". Se oponía abiertamente a la carrera de armamentos nucleares y a la cruzada anticomunista del senador Joseph McCarthy.

Einstein se convirtió en la principal atracción turística de Princeton en 1933, cuando llegó como refugiado desde la Alemania nazi, junto con su segunda esposa, Elsa; su hija, Margot, y su secretaria, Helen Dukas, y se hizo cargo de un puesto en el recientemente creado Instituto de Estudios Avanzados. Elsa murió en 1936. Pero tanto antes como después, hubo otras mujeres en su vida.

Fantova, cuyo nombre de soltera era Johanna Bobasch y había nacido en Checoslovaquia en 1901, conoció a Einstein en 1929 en Berlín, según el diario, cuando le dio la tarea de organizar su biblioteca personal. La relación entre ambos surgió a fines de los años 40, hasta su muerte.

Al final, cuenta el diario, Einstein sabía que sus colegas lo consideraban un anacronismo. Antes de 1953 ya hacía rato que las investigaciones habían pasado de la relatividad a la física nuclear. "Soy un hombre que está completamente aislado y a pesar de que todos me conocen, muy pocos saben quién soy realmente", dijo.

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