
El rock y el pop, en una escuela muy particular
Combina bachillerato con enseñanza musical contemporánea
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Decir "escuela de rock" es imaginar a Jack Black interpretando a un rockero fracasado que da clases en un colegio primario, como último recurso para hacer música.
Hay sin embargo, otro concepto que le cabe a la definición y se aplica al proyecto educativo de la escuela secundaria Palermo Sounder, que por la mañana es un bachillerato tradicional, orientado en artes, y por la tarde ofrece la carrera de música a sus estudiantes.
En esta última escuela se recibirá a fin de año la primera camada de estudiantes con el título de intérprete e instrumentista de música contemporánea, con orientación rock y pop.
Al explicar la génesis del proyecto, Pablo Cillo, director pedagógico de la institución, dijo de las autoridades del establecimiento: "Vieron en los adolescentes cambios en los que el colegio tradicional no lograba satisfacer sus necesidades de expresión. Es una generación que tiene un modo de digerir y metabolizar la información totalmente distinta de las generaciones anteriores".
La entidad, ubicada en Palermo y que en su sitio web se presenta como el primer secundario privado incorporado a la enseñanza oficial con esas características, funciona desde hace 25 años como una escuela constructivista y desde hace seis puso en marcha el proyecto de especialización en música, creado por Ariel Garbarz. El planteo pedagógico es específico para adolescentes que desean ser músicos o que no se sienten a gusto en escuelas más tradicionales. Y que pueden agregar así un conocimiento útil a la hora de buscar una salida laboral.
"Deben aprobar cinco niveles de instrumento y pueden elegir entre guitarra, bajo, piano, batería y canto. Además, tienen lenguaje musical, por lo que aprenden a leer y escribir música y ensamble, donde se dividen en grupos y ejercitan tocar en conjunto", explica Cillo.
Entre las materias figuran Improvisación y Audioperceptiva, con la cual (a diferencia del conservatorio, que enseña teoría y solfeo) se aprende a leer y escribir música a partir de la educación del oído.
Renée Carrelo, madre de Ignacio, de 16 años y uno de los alumnos de tercer año, afirmó que su hijo no manifestaba interés por el estudio y era el típico chico que en jornada completa se aburre. No le iba muy bien en ninguna materia y no demostraba pasión por ninguna, contó. "En la primaria, los maestros me habían dicho que tenía un talento especial y que había que hacer algo al respecto", añadió.
El propio Ignacio contó luego su experiencia: "Cuando empecé, elegí la guitarra, pero yo no había tocado nunca. Desde que entré, me gustó la escuela, porque me siento contenido y la música está presente todo el tiempo, te saca de los problemas que podés tener y compartís los momentos con gente que es parecida a vos".
Por la tarde, la música se escucha desde la calle e ingresar al edificio es como entrar a una gran sala de ensayos. Llama la atención rápidamente la escasa presencia de autoridades. "Por la tarde no son necesarios los preceptores. Ellos saben a qué hora deben ir a clase y simplemente lo hacen. A veces, tengo que llamarles la atención, pero porque estánzapando aquí abajo y pierden la noción del tiempo", afirmó Cillo.
Así, los horarios se dividen para que los alumnos tengan clases particulares de su instrumento; luego, las clases más teóricas de lenguaje musical y, más tarde, el ensamble.
Los jóvenes que asisten a la escuela Palermo Sounder son casi 70 y, en su mayoría, varones. La mitad de ellos elige la guitarra, el instrumento más popular, y son las mujeres las que por lo general cantan. "Es una edad complicada y a los chicos les da más vergüenza", admitió Cillo.
Según describió, además de quienes están convencidos de su vocación musical hay chicos que van para aprender a tocar un instrumento sin intenciones de tener una carrera profesional. Otros eligen la institución por el trato horizontal entre docentes y estudiantes.
"El colegio reúne, contiene y estimula relaciones sociales saludables que tienen como leitmotiv la música. Los chicos se sienten tan a gusto que se quedan horas aquí. Tanto que a veces soy yo quien dice: «Por favor, váyanse»", afirmó sonriente el director.




