
El saber empírico
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ESTE libro forma parte de una edición denominada "Capítulos de Psicomotricidad", e incluye tres ensayos sobre la disciplina que, adoptando una expresión acuñada por Maurice Merleau-Ponty, el autor encuadra dentro de las "formas empíricas del saber". La psicomotricidad, que se caracteriza por ser eminentemente una práctica, recibe sus cimientos de la teoría genética de la inteligencia, del psicoanálisis, y también de la neurofisiología.
El primer capítulo del libro, que da nombre al volumen, invita a reflexionar acerca del saber del cuerpo, un saber que sólo puede transmitirse en la experiencia, de persona a persona, y al que Calmels considera inseparable de la idea de "sabor": "El resultado de la experiencia del sabor es particular e intransferible a través de los conceptos. El gusto del sabor es el encuentro de nuestro cuerpo en las relaciones con los objetos, con las personas, con las experiencias". Desde ya, el cuerpo, desde la perspectiva de la psicomotricidad, no es el organismo del que se ocupan las ciencias médicas. La siguiente descripción que ofrece el autor puede aproximar una definición: "Cuerpo conformado por el saber de la mirada que sustenta el ojo, el saber de la escucha que se apoya en el oído, el saber del gesto que sostiene el movimiento, las posibilidades expresivas del rostro que permite la cara, el contacto a través del tacto, el sabor a través del gusto, el aroma a través del olfato, la actitud de la postura, la imagen del esquema corporal".
Los otros dos ensayos que conforman el libro se titulan "La contención del estímulo" y "Edipo en el árbol de la sabiduría". Este último, una singular lectura del mito de Edipo, muestra hasta qué punto las marcas en el cuerpo juegan un papel determinante en el destino -trágico, en este caso- del hombre: "Los pies de Edipo marcarán su identidad, desde ellos se sostiene su vida y desde ellos se encuentra la muerte", sostiene el autor, destacando la discapacidad que afecta tanto la marcha como el sostén del personaje a lo largo de su historia.
Aun cuando puedan llegar a discutirse algunas cuestiones de la interpretación, es innegable que el análisis que hace Calmels de la obra de Sófocles es digno de un observador perspicaz, que obliga constantemente al lector a pensar las cosas desde un punto de vista diferente.
Juan de Olaso
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La Nacion




