
El santuario de Luján está ahora en manos de sacerdotes diocesanos
Se retiró la congregación de los padres vicentinos, que lo tuvo a su cargo durante 130 años
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El santuario nacional de Luján está ahora a cargo de sacerdotes de las arquidiócesis de Buenos Aires y de Mercedes-Luján, tras 130 años de atención pastoral por los padres vicentinos de la Congregación de la Misión, que habían asumido esa función en 1872.
El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, cedió para el santuario a tres sacerdotes porteños volcados a la religiosidad popular, encabezados por el presbítero Jorge Torres Carbonell, nuevo rector y párroco de la basílica.
Ellos se suman a seis miembros del clero de la arquidiócesis local, Mercedes-Luján, cuyo arzobispo, monseñor Rubén Di Monte, puso en posesión al rector y su equipo, el domingo último, ante 1500 personas que colmaron el templo. Allí concelebró una misa con el cardenal Bergoglio, otros seis obispos y 140 sacerdotes.
Torres Carbonell, de 47 años, fue organizador de la peregrinación a Luján que cada año congrega a cientos de miles de jóvenes. Raúl Canali, otro de los sacerdotes porteños, organizó una peregrinación que durante cuatro años recorrió 22 países llevando a pie una imagen de la Virgen de Guadalupe, desde México hasta la Argentina.
En su momento hubo alguna protesta entre fieles por la ida de la congregación que tuvo a su cargo el santuario por casi 130 años. Un domingo de agosto, en una misa de adhesión a los padres vicentinos, hubo aplausos para que no se fueran. Pero también los hubo una semana después, cuando en el mismo templo explicó la situación el arzobispo Di Monte.
El párroco vicentino, padre Carlos Pucheta, aclaró: "No hemos sido echados de ninguna manera", y explicó por televisión los motivos del arzobispo, que quiso que sacerdotes diocesanos retomaran la atención de la basílica.
Es que durante 250 años la imagen de Nuestra Señora de Luján y su santuario estuvieron a cargo del clero diocesano, hasta que el entonces arzobispo de Buenos Aires, monseñor Federico Aneiros, encomendó esta atención a la Congregación de la Misión, en 1872. Era la época de la fiebre amarilla y a la arquidiócesis porteña le faltaban sacerdotes para esta tarea, mientras crecían las peregrinaciones.
Aneiros asumió la responsabilidad de levantar a su costo el gran santuario actual; en la construcción intervino el vicentino José María Salvaire.
El templo pasó a depender de la diócesis de La Plata en 1898 y de la diócesis de Mercedes en 1935. No hubo una concesión de iure (de derecho) del templo a la Congregación de la Misión, que recibió la atención pastoral por una indicación verbal.
En 1932, los vicentinos pidieron la concesión de derecho, pero el obispo de La Plata no lo juzgó apropiado por razones históricas, jurídicas y pastorales. Algo similar sostuvo una congregación vaticana, en 1952.
La situación se prolongó de hecho, permaneciendo los vicentinos hasta que en 1991, a pedido de la Santa Sede, firmaron un contrato con el Obispado de Mercedes-Luján, encabezado por monseñor Emilio Ogñenovich. Ese convenio les encomendaba la atención pastoral por diez años y venció el 17 de noviembre último.
"Decidí que no se renovara", dijo Di Monte a LA NACION. Pensó que ya no hay falta de sacerdotes diocesanos.
Consultas previas
Antes de decidir, Di Monte pidió un dictamen al Colegio de Consultores y al Consejo Presbiterial de su arquidiócesis. En junio último, informó su decisión al superior de la Misión, padre Robert Maloney, en Roma. Luego tuvo la conformidad del secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Angelo Sodano; del sustituto, monseñor Leonardo Sandri (argentino); de los prefectos de las congregaciones para los Obispos y para el Clero, cardenales Giovanni Re y Darío Castrillón.
Los vicentinos tienen 35 sacerdotes en el país, en seis sedes -además de Luján, donde había ocho sacerdotes, cinco de ellos mayores y enfermos-: dos en Buenos Aires y otras en San Miguel, San Juan, Escobar y Córdoba.
El hasta ahora párroco, padre Pucheta, irá a San Juan. En agosto último expresó: "El padre general recibe pedidos de los obispos y hasta tanto nos necesiten. Somos misioneros -no una orden estática-. Por eso, no es incoherente que ahora nosotros quedemos libres para ir a evangelizar a otros".
La cruz que cayó de la torre
- En un accidente que no causó víctimas, por la hora en que se produjo (hacia la medianoche), el 14 de junio de 2000 se cayó una de las dos cruces que remataban las torres de la basílica de Luján. Tenía seis metros de alto y 1500 kilos. La pieza cayó desde una altura de 106 metros. Un tiempo después, por seguridad, se removió la otra cruz.


