
El sueño del pintor músico
Dos artistas unieron sus pinceladas para dar vida a un monstruo de dos cabezas, capaz de hacernos vibrar con imágenes paganas. Como hicieron hace tres años, cuando se inauguró la galería Vasari, Alfredo Prior y Nahuel Vecino volvieron a crear mundos difusos, en los que se recorre la historia del arte al ritmo de Claude Debussy o Carlos Santana
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El mundo existe para acabar en una imagen. Las acciones y las ideas, los objetos y la música, todo se transforma en imagen. Pareciera que cada cosa, cada situación, cada sonido tiene su logo. Y también su música, como si nada pudiera suceder sin una cortina musical de fondo. Las artes están profundamente interconectadas; son diversas formas de imaginar eso que no podemos ver en directo: el mundo. Todo lo que sucede ocurre además en un continuum sonoro que nos rodea como el agua a los peces (¿quién no oye sonar en su cabeza un tema que lo obsesiona?). En esa música esencial, el universo está a la vez como sumergido y flotando: ¡es la ópera romántica que hace vibrar el mundo!
Muchos músicos se inspiraron en la obra de pintores, pero fue Modest Petróvich Mussorgski quien produjo una suite en la que la música parece transcribir imágenes al pentagrama: se trata de Cuadros de una exposición , basada en diez pinturas de su amigo Viktor Hartmann. La suite de Mussorgski es una obra para piano, pero es más conocida por la versión orquestada que realizó Maurice Ravel. Cuadros de una exposición nació signada por la transposición y su destino fue devenir material propicio para ser remixado. En 1971, el grupo Emerson, Lake and Palmer le dedicó su primer álbum grabado en vivo ( Pictures in Exhibition ) en el que recreaban, según los parámetros del rock sinfónico, la versión raveliana de la obra de Mussorgski, que recreaba a su vez la obra de Hartmann. Ahora, Alfredo Prior (1952) y Nahuel Vecino (1977), inspirados en la aventura mussorgskiana, producen cuadros que se inspiran en la música. Es decir, en el espíritu íntimo del arte.
En esta muestra conjunta, presentan cuadros de gran tamaño y también de dimensiones más reducidas, pero todos ellos tienen la particularidad de estar realizados en conjunto. No es una muestra en la que dos artistas exhiben cada uno sus propias producciones individuales, sino que es la muestra individual de un nuevo artista. Ese nuevo artista es un monstruo -que desafía aquello que en el siglo XIX se llamaba "la ley natural"-, y ese monstruo pinta a cuatro manos (aunque en la práctica utilice sólo dos). Ese artista que surge de la fusión Prior-Vecino recrea imágenes paganas, obsesiones rusas y catedrales monetianas vistas al trasluz del romanticismo y el simbolismo.
Es difícil saber qué pintó cada uno, cuál fue el aporte individual a ese ser de dos cabezas. Prior parece haber impuesto su concepto del espacio difuso y acuático. Abundan esos fondos en los que no hay arriba ni abajo ni atrás ni adelante, pero que simulan en forma verosímil un último avatar de la tradicional representación en perspectiva. En los músculos de la sirena, en los cuerpos de los personajes vestidos con los uniformes de los ejércitos napoleónicos, se adivina esa pulsión canyengue que late en el trazo arrebatado de Théodore Géricault, tan propia de Vecino. Pero todo esto es conjetural y poco importante. Lo significativo es que de la conjunción de un pintor poeta como Prior -que está siempre a un paso de diluir la forma y de borrar la figuración en el magma viscoso de la abstracción- y de un pintor narrador como Vecino -que con cada rasgo cuenta una historia- ha surgido un nuevo pintor: el músico que sueña mundos que se diluyen.
Los títulos de las obras remiten a temas de varios autores: se citan desde Debussy hasta Händel, pasando por Carlos Santana o Roxy Music. Pero las creaciones de este monstruo de dos cabezas y un mismo amor al arte son una cita continua: cada cuadro no sólo se refiere a la música (a la que remite como sueño o imaginación) sino que dialoga con la historia del arte (de las pinturas etruscas al impresionismo) y también con las obras que Prior y Vecino hacen por separado. En cierto sentido, Cuadros de una exposición (así se titula la muestra) es un remixado de líneas esenciales en la historia de la cultura.
En los años 60 se proclamó que la pintura había muerto. Era un eslogan provocativo, rimbombante, pero también era cierto: la pintura, tal como se la había conocido desde el Renacimiento, no existía más. Había muerto la idea de que era el medio privilegiado para expresar la sensibilidad de una cultura. Hoy, la pintura es un soporte entre otros. Quizá por eso, pintar es una extraña búsqueda mística: es adentrarse en una atmósfera donde se mezclan el aire enrarecido de un pasado glorioso y el oxígeno vital de la búsqueda de nuevos territorios.
El monstruo que surge de Prior y Vecino es un pintor apasionado por el ritmo feroz actual. Simulando interpretar las notas graves de la música del pasado, revela la aguda vibración presente.
<b> adn*PRIOR </b>
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<b> FICHA. Cuadros de una exposición, de Alfredo Prior y Nahuel Vecino, en Vasari (Esmeralda 1357). Hasta el 19 de diciembre. </b>
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