
El testigo insobornable
En estos ensayos breves y contundentes, John Berger hace coincidir al cronista con el narrador de historias
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<b><i> Con la esperanza entre los dientes </i></b>
El extenso título que John Berger eligió para el original inglés de esta colección de textos escritos en su mayoría entre 2001 y 2006 - Hold Everything Dear: Dispatches on Survival and Resistance - ha encontrado su afortunada equivalencia en este Con la esperanza entre los dientes , que apunta tanto a los oscuros tiempos que vivimos, y que lo exasperan con su muestrario de injusticias, guerras, atropellos y hambre, como a la fe en la entereza inquebrantable de las víctimas de ese estado de cosas. "Cuida todo lo que amas" (así se tradujo el verso que da el título en inglés) procede de un poema que Gareth Evans le dedicó en 2005. Se incluye al comienzo del libro y vuelve a ser citado en uno de los textos en que el autor inglés habla de los emigrantes de toda clase. "El término clave del caos global actual es la dislocación, o la relocalización", escribe, y propone hallar un asidero en la poesía, una poesía que tiene hoy cierta urgencia política.
En estos trabajos que fueron publicados antes en castellano que en inglés -buena parte de los cuales había aparecido en el periódico mexicano La Jornada o en su suplemento Ojarasca-, el poeta convive con el narrador de historias, el crítico agudo, el ensayista meduloso, el testigo insobornable, el cronista perspicaz, el observador comprometido. Así como la situación del pueblo palestino le merece especial atención, también le preocupan otros dramas: la invasión de Irak justificada con argumentos falsos, la situación de los desplazados, la tiranía global y económica, las visiones de otros artistas, el escándalo del hambre que se cuenta en miles de millones. "Yo hablo del dolor de vivir en el mundo actual", resume. Y lo hace con su invariable espíritu crítico y contestatario, siempre presente en sus ficciones y sus ensayos, el mismo que lo llevó a apoyar la Primavera de Praga en 1968 (a pesar de que otros marxistas lo acusaran de traidor), y con el instrumento que mejor domina: la palabra. Sus reflexiones son producto de un notable poder de observación y de un sincero compromiso; sus juicios, casi siempre provocativos, cuando no generadores de controversia. En un texto de noviembre de 2001 entiende el terrorismo como producto de la desesperación: "Los actos de estos voluntarios anónimos son un modo de trascender esa forma de la desesperación y, mediante la ofrenda de la propia vida, darle sentido". A Bush y a quienes integraban su gobierno los define como una camarilla de fanáticos (deseosos de limitarlo todo excepto el poder del capital) y su condena a Israel es tajante: "Militarmente hablando, el Estado nacional de quienes sufrieran el peor genocidio en la historia se volvió fascista".
El testigo coincide con el narrador cuando hurga en el drama palestino y refiere su experiencia en Ramala, donde las fotografías pegadas en los muros le cuentan historias de los muertos de la segunda intifada, cuando recoge otras de primera mano en un campamento beduino y comparte tramos del camino con un par de laboriosos niños campesinos o con un profesor de carpintería que le muestra sus dibujos-testimonios y le habla de la conducta de las gallinas: cuando están enfermas, dejan de poner huevos, pero cuando sienten que llega el final, vuelven a ponerlos y nada sino la muerte podrá detenerlas. "Somos como esas gallinas", concluye Berger. En otro artículo posterior, nuevamente en territorio palestino y donde denuncia la inacción y el silencio de Occidente, "peor que sus balas", vuelve al tema de la resistencia y lo ilustra con una serie de ejemplos que rematan en el mismo ritornelo: "La postura moral de estar desesperados pero no rendirse funciona así".
El Muro es -según Berger- el signo de este período histórico en el que como nunca ha sido tan extensa "la devastación ocasionada por la búsqueda de la ganancia, según la define el capitalismo". Muros que separan a los pobres desesperados de los que confían en mantenerse relativamente ricos. "Elegir dar sentido al mundo hoy -afirma el escritor que se declara marxista, entre muchas otras cosas- es elegir entre ambos lados del Muro", elegir de qué lado estamos. A estas reflexiones puede llegar Berger desde un lúcido análisis de La rabia , de Pier Paolo Pasolini; del demorado reconocimiento de la grandeza de Bacon, un artista al que confiesa no haber entendido hasta una exposición de 2004, o de la penetrante observación de la obra de tres fotógrafas.
Párrafo aparte merece la entrañable evocación del gran poeta turco Nazim Hikmet, que contiene algunas de las páginas más bellas del volumen y de la que se extrajo el sugerente título para la versión española.

