
El universo de la escuela, en la mirada del arte
La muestra del Malba reúne obras de artistas de los 80 y 90, inspirados en la infancia
1 minuto de lectura'
Lo primero que el visitante piensa, no bien se asoma a la sala del segundo piso del Malba, es que acaba de entrar en un gran salón de juegos. Y, como uno es adulto, resiste el impulso de sentarse en el piso a jugar.
Ese universo que evoca la infancia se ha logrado reuniendo en el espacio 60 obras de más de 40 artistas de los años 80 y 90, que tienen en común el inspirarse en objetos, técnicas o temáticas vinculados con la escuela.
Los mapas, las figuritas, las reglas, los libros para pintar y los de texto; las manualidades, los collages hechos con brillantina y telas; el gusto por plegar, encastrar, recortar y pegar; un armado prolijo y pulcro: todas formas de apelar a la memoria de la escuela y sus modos de transmitir conocimientos que aparecen en las obras como trasfondo o como tema.
"Escuelismo" -una idea del curador jefe del Malba, Marcelo Pacheco, que abre hoy para el público hasta el 3 de agosto- reúne obras del patrimonio del museo, junto a algunos pocos préstamos.
Se inspira en un texto que a fines de la década del 70 escribió el poeta y profesor de estética Ricardo Martín-Crosa, que postuló que en el arte de entonces se podían rastrear las influencias de la escuela y de sus métodos de aprendizaje. Lo escribió a propósito de la obra de Liliana Porter, que está incluida en la muestra del Malba.
Una década en perspectiva
"La idea fue retomar ese concepto y ver cómo funciona en el arte de los 90", dijo Pacheco a LA NACION.
"Cada dos años, presentamos conjuntos de obras que el museo va adquiriendo y pensamos que ésta era una buena clave de lectura para una colección en proceso", contó.
"El arte de los 90 se caracteriza por rescatar lo doméstico y poner el proceso creativo a la vista", comentó Cintia Mezza, coordinadora del área de registro y documentación del Malba.
La muestra -en cuyo montaje participó Gustavo Vázquez Ocampo- está dividida en tres espacios diferenciados, aunque abiertos, con colores que remiten al papel araña para forrar cuadernos: rojo, verde y azul.
En "Materiales y signos" hay, entre otras, obras de Porter, Kuitca, Pablo Siquier y Eduardo Stupía.
En "Armado y acciones", de Marcelo Pombo, Sergio Avello, Feliciano Centurión, Gumier Maier y Catalina León. En "Imaginario infantil", de Matías Duville, Sebastián Gordín, Miguel Mitlag y Alfredo Prior.
Recorrer el espacio
Pero más allá del orden propuesto, es inevitable desplazarse en el espacio; hay pinturas, fotografías, videos, objetos e instalaciones, sin guión.
Aprovechar los sillones de colores o detenerse, por ejemplo, en el pulpo violeta bordado en una frazada de Centurión; la escultura de siete cabezas tejidas, de Marina de Caro; el video de Liliana Porter; los acrílicos en que Alberto Passolini recrea cuadros de Prilidiano Pueyrredón; el "pastito" de Nushi Muntaabski o los objetos cotidianos dispuestos en una mesa de Daniel Joglar.
Hay diferencias generacionales, como entre Kuitca y Duville, o entre Prior y Acevedo Velarde, pero, en todo caso, remiten a las escuelas en que se formaron y convocan a preguntarse cómo se integrarían hoy la imaginería de cartucheras y mochilas, la iconografía de la ciencia ficción o la cultura de Internet.
A la altura de los niños
Montada "a escala infantil", la muestra tendrá actividades pensadas especialmente para grupos de alumnos.
Sobre la pared, como vigilando las obras, todo un vocabulario recuerda los hábitos de la escuela: "calcar", "pegotear", "garabatos", "manualidades", "repetir", "armar". Como en la escuela, también en la muestra hay un tiempo para el orden y un tiempo para jugar.

